Me agobia... Me agobia perderme a mi mismo en un mundo de apariencias, me agobia decepcionarme y decepcionar a los que me quieren. Me agobia no corresponder y me agobia confiar en mucha gente, por eso los alejo.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Agobio (cómo se iba a llamar si no...)
Odio no poder racionalizar algunas cosas o tener demasiado miedo a hacerlo. Demasiado miedo porque la respuesta al por qué es demasiado egoísta. A veces siento asco de como soy y me deprimo agobiado por una irresponsabilidad a la que no encuentro cura, por una independencia emocional respecto a la gran mayoría de la gente y por el contrario por la total dependencia de otra persona. A veces me agobio por agobiarme y cada día me agobio por una cosa distinta. Hoy me agobio porque hace demasiado calor para ser noviembre, mañana porque el cielo no es verde y pasado mañana porque estoy loco. Me agobio por no verla, por el futuro y algunas veces por el pasado, pero sobretodo por lo que pudo ser y NO FUE. Me agobio porque algunas personas no me hagan caso y me agobio al darme cuenta de lo infantil que es eso. Me agobian los cambios bruscos y la falta de agua salada en mi piel. Me agobia estar engordando demasiado. Me agobio y como. Como y disfruto. Me agobian en cierta manera las alturas, cuando miro para abajo y pienso como sería saltar y notar esa sensación de ingravidez que se siente antes de destrozarte contra el suelo y, por supuesto, me agobio al darme cuenta de lo que estoy pensando.
Soy feliz y me agobio. Me agobio y aún así soy feliz.
Puede.
Y puede que alguna vez no tenga ningún sentido más allá de lo que solo yo parezco entender, o que quizá no parece lo más correcto o apropiado. Que soy cobarde, egoísta e inoportuno. Que no busco nada más que una sonrisa de sus ojos o una caricia de sus palabras. Que la muerte de un beso suyo en mi mejilla parece lo más preciado y una lágrima rodando por su cara el mayor de los pecados. Que el miedo llega a veces, pero que no le gusta quedarse. Que el amor todo lo puede, pero quien demonios sabe lo que es el amor.
Todo gira en torno a lo mismo, y aún así no alcanzo a ver el por qué, ni me importa. ¿Como va a importarme si no es relevante?
Además de verdad, ¿no Willy?
Todo gira en torno a lo mismo, y aún así no alcanzo a ver el por qué, ni me importa. ¿Como va a importarme si no es relevante?
Además de verdad, ¿no Willy?
lunes, 24 de octubre de 2011
Smile.
El "por qué" de un sentimiento que no sé definir y que por muchas veces que me lo pidas no sé justificar. El sabor de esos abrazos que tanto dicen y que tanto significado ocultan. Una cualidad muy peculiar de una sonrisa tímida que aparece con algunas palabras. La dulce adrenalina propulsada a través de mis venas con cada ritmo que marcan tus pasos sobre el firme camino polvoriento. la pasión que ruge y ronronea agazapada, esperando para saltar sobre nosotros cuando menos lo esperamos, destrozando rutinas precocinadas.
En fin, tiramos piedras tonteando con nuestro futuro y disfrutamos por el camino, haciendo fotos a las sonrisas, a las miradas y manchándolas de café por las mañanas y de sexo a todas horas. De libros, de conversaciones salpicadas de chispazos de risa, de miedos, de incertidumbres también, pero menos.
Porque solo cuando tu sonrisa sube hasta tus ojos es una sonrisa de verdad.
En fin, tiramos piedras tonteando con nuestro futuro y disfrutamos por el camino, haciendo fotos a las sonrisas, a las miradas y manchándolas de café por las mañanas y de sexo a todas horas. De libros, de conversaciones salpicadas de chispazos de risa, de miedos, de incertidumbres también, pero menos.
Porque solo cuando tu sonrisa sube hasta tus ojos es una sonrisa de verdad.
domingo, 2 de octubre de 2011
Matt.
No es realmente la primera vez que te escribo, ni que pongo sobre el papel lo que tu amistad significa para mí. Pero manda cojones que haya tenido que ver lo que mi "arrejuntá" ha escrito para sacar el valor que necesito para poner en palabras un hecho que tengo que empezar a aceptar. Te has ido.
Que sí, que me dirás que estás a un par de horas en tren y que vas a venir muchos fines de semana y que podemos hablar por teléfono o por el ordenador. Pero joder, que no es lo mismo. Que nadie va a completar mis frases inacabadas, ni se va a reír de esas tonterías que solo tú y yo entendemos. Esa telepatía que nadie consigue imitar y que nos lleva a situaciones tan cómicas.
No sé, se me hace raro levantarme y pensar que tengo lengua y no vas a estar para que sea más amena la clase, o con historia, o matemáticas... O tantas otras asignaturas en las que nos tocábamos los huevos a dos manos... Es duro, es muy duro. Pero bueno, es tan solo otra etapa de nuestra vida, en la que vamos a vernos unidos por otro motivo más, que tú y yo bien sabemos cual es (no sé como ponerlo para no dar pistas y sepas a que me refiero. xD).
Porque hay amistades y amistades. Y desde luego esta va más allá de todas las barreras.
lunes, 26 de septiembre de 2011
Come and lie.
Desestresarme y quitarme esta rara y estúpida sensación de una puta vez. Sentir el suave tacto de las letras fluyendo por mis manos sin siquiera yo llamarlas. Volver una y otra vez al mismo destino en distintos ojos. No poder evitar nombrar la fuente de todas tus mayores alegrías. Tratar de aferrarte a su recuerdo en las oscuras noche en las que te acuestas solo y te levantas mojado por las lágrimas de una decepción.
El sol calentándote a través de sus manos y los acordes de una guitarra hecha con su risa y las plumas de sus alas. El sentir de un lamento ya pasado que siempre te asombra al desaparecer sin más y regresar sin ser menos.
"Cada vez que paso la noche contigo me cuesta más despertarme acompañado de tu ausencia."
El sol calentándote a través de sus manos y los acordes de una guitarra hecha con su risa y las plumas de sus alas. El sentir de un lamento ya pasado que siempre te asombra al desaparecer sin más y regresar sin ser menos.
"Cada vez que paso la noche contigo me cuesta más despertarme acompañado de tu ausencia."
martes, 30 de agosto de 2011
Porque es así.
No se la puede tener más de una noche, porque no está hecha de la misma materia que el resto de las personas. Es más bien como el agua, puedes tenerla en las manos hasta que decides cerrarlas. Creo que está hecha del mismo material que las pesadillas, pero las más dulces, esas que a pesar de que sufres, no quieres que acaben. Parece que tiene alas, pero unas alas distintas, más trascendentales. No es como si pudiese volar moviéndose por el mundo, es más bien como si ella estuviese quieta y fuese el mundo el que se moviese como ella quiere. Tiene ojos de gato, de gato doméstico. Puede mirarte y conseguir camelarte con una sola mirada. Esa mirada. Hablabas de miradas bonitas, pues no la hay más bonita que la suya. Y lo peor es que solo puedes disfrutar bien de su compañía si aceptas que no será tuya. Y cuando te resignas a "ser solo su amigo" te das cuenta de que es la mejor elección que has podido tomar jamás. Y que al fin y al cabo, mujeres hay muchas. Y cierto, ninguna como ella.
Pero uno de los mayores placeres de la vida es poder mirarla a la luz de la luna desde lo alto de una ventana.
Pero uno de los mayores placeres de la vida es poder mirarla a la luz de la luna desde lo alto de una ventana.
domingo, 28 de agosto de 2011
Summertime.
Y es que mi verano acaba con los límites de tu piel. Nada más sentir tus manos recortándose contra los pliegues de mi sombra, todo mi ser se estremece, anhelando tu cercanía. Un beso perdido vuela altanero hasta posarse en tus párpados, gritando que estamos vivos. La negrura se apodera del miedo y lo expulsa después de masticarlo y llorarlo en un vaso de cristal. La esperanza penetra por los poros de un "tal vez" y se aferra al significado más profundo de dos palabras. Tus ojos me duelen cuando tristes se apartan de lo que los míos pretenden decirte. Que no, que no estás sola. Nunca.
Y que no pienso ir a ninguna parte.
Y que no pienso ir a ninguna parte.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Madness.
Un hombre al que la cordura abandonó años atrás yace apoyado en la fría piedra, guarecido de la furiosa lluvia que no parece tener intención de detenerse. Sus pocas pertenencias son una mochila andrajosa que guarda con celo y su perro que se encuentra tumbado a su lado. El miedo, el hambre y el frío le acompañan durante todo el largo invierno y junto a su conciencia, un mundo extraño le mira con desprecio y suficiencia, sin saber que están tan cubiertos de mierda como él. Quizás más.
Cuando cae la noche se acerca al perro, le rodea con los brazos y llora. Llora por todo lo que ha perdido, por todo lo que no recuerda y por todo lo que los fantasmas de su cabeza le impiden comprender. Todos le han rechazado. Nota un hocico húmedo en su mejilla y una lengua que le lame las lágrimas que resbalan limpiándole la cara. El quejido del animal se encuentra cargado de tristeza, pues no entiende porqué su amo llora. Para él no es un pobre loco solo y desgraciado, para él es simplemente un amigo, alguien a quien dar cariño.
El silencioso frío de los años se apoderan del corazón del perro que con un último latido se desvanece y muere. El hombre cierra los ojos y se deja llevar.
Una existencia de locura y libertad.
Cuando cae la noche se acerca al perro, le rodea con los brazos y llora. Llora por todo lo que ha perdido, por todo lo que no recuerda y por todo lo que los fantasmas de su cabeza le impiden comprender. Todos le han rechazado. Nota un hocico húmedo en su mejilla y una lengua que le lame las lágrimas que resbalan limpiándole la cara. El quejido del animal se encuentra cargado de tristeza, pues no entiende porqué su amo llora. Para él no es un pobre loco solo y desgraciado, para él es simplemente un amigo, alguien a quien dar cariño.
El silencioso frío de los años se apoderan del corazón del perro que con un último latido se desvanece y muere. El hombre cierra los ojos y se deja llevar.
Una existencia de locura y libertad.
jueves, 18 de agosto de 2011
So...
Y me pregunto por qué el silencio resbala por mis sienes como gotas de sudor caliente y espeso. Y dudo de si mis palabras tienen sentido fuera de mi cabeza. Si acaso revolotean como una bandada de alocados pájaros o quizá picoteen el suelo con calma como si fuesen gallinas. El temblor de la hoja se transmite a mi mano y tengo que agarrarla fuertemente para que cese, pues debo parecer fuerte y resuelto. Pero se acerca el momento. Lo sé, ella lo sabe, lo sabemos todos. ¿Debo sonreír y dar la mano o debo ignorarles? A la mierda. Yo soy yo y mis circunstancias ¿no?
Pues eso.
Pues eso.
domingo, 7 de agosto de 2011
Thought of you.
Me alejo cada día más de un pensamiento que se aferra con dientes y uñas a mi piel. Sube, trepa hasta mi garganta, me oprime el pecho y me embota el cerebro. Me impide pensar y me impide sentir. Es incorpóreo como el humo de un cigarrillo e impensable como una utopía entre tus sábanas. No sé qué hace aquí, ni por qué ha decidido quedarse conmigo, pero sé que no lo quiero.
Y que ni los más sinceros abrazos consiguen disolverlo.
Y que ni los más sinceros abrazos consiguen disolverlo.
martes, 19 de julio de 2011
Parada.
Siento informar que voy a parar de publicar capítulos de mi historia de zombis debido a que como no paso mucho tiempo en casa no tengo tiempo para escribir. Lamento mucho la interrupción para los poquitos que lo leéis.
Un saludo, Habitante de Alfa Centauro.
Un saludo, Habitante de Alfa Centauro.
martes, 12 de julio de 2011
Apocalipsis Zombi (Cap. 8)
25 de octubre de 2011
El hecho de estar siempre en tensión me deja hecho polvo. Cuando acaba el día tengo todos los músculos agarrotados y tardo por lo menos quince minutos en relajarme del todo. Al día siguiente te levantas y todo el cuerpo te grita. Duelen cada uno de los músculos del cuerpo. Quizá deba emplear de vez en cuando el tiempo libre que tengo a hacer algo como meditación o relajación, o algo que me ayude.
A parte de todo esto, me estoy dando cuenta de que cada vez hay un ambiente más tenso en cada uno de nosotros. Supongo que es normal dadas las circunstancias, pero eso no hace que me sienta mejor.
Hoy Andrés y Alex han discutido, y Alex se ha pasado un montón cuando le ha dicho literalmente: “soy una carga, coge una bala y métemela en el cerebro. Estoy mejor muerto.” Ya no sabemos que hacer. Esto empieza a desmoronarse.
Tuvimos que sacar a Nuria casi arrastrándola de aquel portal. Era una de las experiencias más horribles que habíamos tenido que presenciar. En una película es muy fácil pensar “no es para tanto, yo no sería como la tía rubia que se queda mirando perpleja y es la siguiente en morir”, pero no es tan sencillo en la realidad. Mi reacción había sido destrozarle el cráneo a un zombi y seguir masacrándole después de muerto. Mateo seguía moviéndose por inercia. Alex agarraba la chaqueta ensangrentada de Drita con fuerza entre las manos. Andrés parecía muy nervioso. Laura estaba terriblemente seria y Nuria lloraba.
-Tenemos que salir de aquí ya –dijo Andrés controlando el tono de su voz-. Antes de que se transforme.
Me acerqué al cadáver y le quité la mochila. Goteaba sangre, pero no tenía ningún desperfecto, así que se la di a Alex y le quité la chaqueta de las manos para que se concentrase en la mochila y en salir de allí con vida.
-Hay que seguir con el plan –dijo Laura de repente-. Esto no puede cambiar las cosas más. Salimos, rompemos ese jodido cristal, hacemos el puente y nos alejamos de aquí cuanto antes.
Mateo asintió con la cabeza y cogió a Nuria de la mano mientras el resto nos acercábamos a la puerta lentamente. Nos asomamos y vimos que solo había un par de zetas en el extremo más alejado a nosotros, en la zona que da a la calle Marqués de la Hermida. Tenía la vaga sensación de que se nos olvidaba algo importante, pero lo ignoré. Nos acercamos agachados al coche y nos pusimos alrededor rezando porque tuviese gasolina. Posé la mochila y envolví la palanca con la chaqueta de Drita para que no sonase tan fuerte cuando me cargase el cristal del maletero. La sensación de que no habíamos caído en algo no se me iba de la cabeza. La sacudí con fuerza intentando apartar esa idea. Nunca había roto un cristal de coche y no sabía como de fuerte había que darle, así que para asegurarme, le di con casi todas mis fuerzas.
En el momento en el que la palanca cubierta por la tela hacía impacto contra el cristal y este se hacía añicos, una pequeña señal eléctrica era enviada hasta un pequeño aparato que se encontraba alojado en el capó y como si esa misma electricidad me hubiese pasado a mi, pegué un bote al oír como la estruendosa alarma del coche comenzaba a sonar.
Todos me miraron con los ojos como platos y con la boca abierta. Andrés fue el primero en reaccionar. Se levantó y me quitó la palanca de las manos al tiempo que me gritaba que me diera prisa en quitar la alarma o moriríamos todos.
Eso si que es motivación.
Sin excesivo cuidado me metí por el cristal roto del maletero y dándome toda la prisa que podía conseguí llegar a los asientos traseros. Al tiempo que me abalanzaba sobre los asientos delanteros trataba de sacar la navaja multiusos de mi bolsillo. ¿Por qué demonios no la había sacado ya? Conseguí sacarla y llegar a la parte de delante de una pieza y les abrí las puertas.
No tenía ni idea de cómo estaba todo fuera, pero no podía entretenerme en comprobarlo. Por lo que sabía, los modelos nuevos de los coches tienen un sistema gracias al cual cuando arrancas el coche, se para la alarma en el caso de que haya saltado. Si teníamos suerte, en breve lo comprobaríamos.
Con el filo de la navaja hice palanca en la tapa de los cables que se encontraba debajo del volante. Saltó suavemente con un sonido de succión y quedaron a la vista más cables de los que yo había visto juntos en mi vida. “Azul, rojo y uno para dar chispa.” Que fácil sonaba cuando te lo imaginas, pero había no menos de veinte cables azules y otros tantos rojos. Busqué unos que fuesen hacia el contacto y los encontré, el azul y el rojo. Rápidamente los corté con la navaja y tiré un poco de ellos. Cogí uno al azar y esperando no cargarme nada importante lo corté también. Los pelé un poco intentando darme prisa pero me sudaban las manos. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿No les oía porque estaban muertos o porque la alarma sonaba tan alto que me hacía daño en los oídos?
Con las manos temblorosas retorcí los extremos de los cables azul y rojo y cogí el otro cable que ya estaba pelado. Los junté y el motor hizo un sonido ahogado y todo a mí alrededor sufrió una sacudida. No lo entendía, lo había hecho todo bien, y sin embargo no había funcionado. Lo volví a intentar y sucedió lo mismo. Me quedé paralizado un segundo y mi cerebro funcionaba a mil por hora. Tumbado como estaba sobre los dos asientos delanteros me estaba clavando la palanca de cambios en el estómago, y de repente lo comprendí. Me levanté y me senté en el asiento del conductor, y efectivamente vi que estaba puesta una marcha. La puse en punto muerto y volví a juntar los cables. Con un satisfactorio rugido el motor arrancó y un pitido ahogado sustituyó a la insistente alarma.
Por primera vez miré fuera y vi que estaban peleando contra media docena de zombis a la vez y que por lo menos el doble habían caído ya. Abrí la puerta y por el rabillo del ojo vislumbré algo que brillaba. Cuando localicé el brillo en la guantera, metí la mano y saqué un destornillador.
Oí un chillido.
Laura.
Corrí todo lo que pude para reducir a cero la distancia que me separaba del zombi que se abalanzaba sobre ella y le embestí con el costado oyendo un satisfactorio crujido al partirle el brazo. Cayó al suelo y yo recuperé parcialmente el equilibrio cuando Mateo le aplastó el cráneo con el bate. Me giré para mirar lo que pasaba y en ese momento Andrés hacía rodar la cabeza de uno de los zombis mientras que Alex estaba agachado al lado de Nuria, que permanecía en el suelo apoyada contra un coche mientras se sujetaba el brazo con una mano.
Quedaban dos zombis en pie y se dirigían ambos hacia ellos. Alex había dejado caer la palanca al suelo y estaba a unos metros de ella, pero no parecía haber reparado en que los monstruos iban hacia ellos. Así que Andrés y Mateo fueron corriendo a por ellos mientras yo ayudaba a Laura a levantarse. Andrés acabó con facilidad con el suyo hundiéndole el kukri dos veces consecutivas en la cabeza y Mateo todavía estaba peleando con él cuando Laura ya se había levantado. De improviso el zombi hizo un movimiento extraño y pareció que iba a coger a Mateo, pero se apartó en el último momento y de un golpe seco le aplastó la coronilla y el zombi cayó muerto, esta vez para siempre.
El hecho de estar siempre en tensión me deja hecho polvo. Cuando acaba el día tengo todos los músculos agarrotados y tardo por lo menos quince minutos en relajarme del todo. Al día siguiente te levantas y todo el cuerpo te grita. Duelen cada uno de los músculos del cuerpo. Quizá deba emplear de vez en cuando el tiempo libre que tengo a hacer algo como meditación o relajación, o algo que me ayude.
A parte de todo esto, me estoy dando cuenta de que cada vez hay un ambiente más tenso en cada uno de nosotros. Supongo que es normal dadas las circunstancias, pero eso no hace que me sienta mejor.
Hoy Andrés y Alex han discutido, y Alex se ha pasado un montón cuando le ha dicho literalmente: “soy una carga, coge una bala y métemela en el cerebro. Estoy mejor muerto.” Ya no sabemos que hacer. Esto empieza a desmoronarse.
Tuvimos que sacar a Nuria casi arrastrándola de aquel portal. Era una de las experiencias más horribles que habíamos tenido que presenciar. En una película es muy fácil pensar “no es para tanto, yo no sería como la tía rubia que se queda mirando perpleja y es la siguiente en morir”, pero no es tan sencillo en la realidad. Mi reacción había sido destrozarle el cráneo a un zombi y seguir masacrándole después de muerto. Mateo seguía moviéndose por inercia. Alex agarraba la chaqueta ensangrentada de Drita con fuerza entre las manos. Andrés parecía muy nervioso. Laura estaba terriblemente seria y Nuria lloraba.
-Tenemos que salir de aquí ya –dijo Andrés controlando el tono de su voz-. Antes de que se transforme.
Me acerqué al cadáver y le quité la mochila. Goteaba sangre, pero no tenía ningún desperfecto, así que se la di a Alex y le quité la chaqueta de las manos para que se concentrase en la mochila y en salir de allí con vida.
-Hay que seguir con el plan –dijo Laura de repente-. Esto no puede cambiar las cosas más. Salimos, rompemos ese jodido cristal, hacemos el puente y nos alejamos de aquí cuanto antes.
Mateo asintió con la cabeza y cogió a Nuria de la mano mientras el resto nos acercábamos a la puerta lentamente. Nos asomamos y vimos que solo había un par de zetas en el extremo más alejado a nosotros, en la zona que da a la calle Marqués de la Hermida. Tenía la vaga sensación de que se nos olvidaba algo importante, pero lo ignoré. Nos acercamos agachados al coche y nos pusimos alrededor rezando porque tuviese gasolina. Posé la mochila y envolví la palanca con la chaqueta de Drita para que no sonase tan fuerte cuando me cargase el cristal del maletero. La sensación de que no habíamos caído en algo no se me iba de la cabeza. La sacudí con fuerza intentando apartar esa idea. Nunca había roto un cristal de coche y no sabía como de fuerte había que darle, así que para asegurarme, le di con casi todas mis fuerzas.
En el momento en el que la palanca cubierta por la tela hacía impacto contra el cristal y este se hacía añicos, una pequeña señal eléctrica era enviada hasta un pequeño aparato que se encontraba alojado en el capó y como si esa misma electricidad me hubiese pasado a mi, pegué un bote al oír como la estruendosa alarma del coche comenzaba a sonar.
Todos me miraron con los ojos como platos y con la boca abierta. Andrés fue el primero en reaccionar. Se levantó y me quitó la palanca de las manos al tiempo que me gritaba que me diera prisa en quitar la alarma o moriríamos todos.
Eso si que es motivación.
Sin excesivo cuidado me metí por el cristal roto del maletero y dándome toda la prisa que podía conseguí llegar a los asientos traseros. Al tiempo que me abalanzaba sobre los asientos delanteros trataba de sacar la navaja multiusos de mi bolsillo. ¿Por qué demonios no la había sacado ya? Conseguí sacarla y llegar a la parte de delante de una pieza y les abrí las puertas.
No tenía ni idea de cómo estaba todo fuera, pero no podía entretenerme en comprobarlo. Por lo que sabía, los modelos nuevos de los coches tienen un sistema gracias al cual cuando arrancas el coche, se para la alarma en el caso de que haya saltado. Si teníamos suerte, en breve lo comprobaríamos.
Con el filo de la navaja hice palanca en la tapa de los cables que se encontraba debajo del volante. Saltó suavemente con un sonido de succión y quedaron a la vista más cables de los que yo había visto juntos en mi vida. “Azul, rojo y uno para dar chispa.” Que fácil sonaba cuando te lo imaginas, pero había no menos de veinte cables azules y otros tantos rojos. Busqué unos que fuesen hacia el contacto y los encontré, el azul y el rojo. Rápidamente los corté con la navaja y tiré un poco de ellos. Cogí uno al azar y esperando no cargarme nada importante lo corté también. Los pelé un poco intentando darme prisa pero me sudaban las manos. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿No les oía porque estaban muertos o porque la alarma sonaba tan alto que me hacía daño en los oídos?
Con las manos temblorosas retorcí los extremos de los cables azul y rojo y cogí el otro cable que ya estaba pelado. Los junté y el motor hizo un sonido ahogado y todo a mí alrededor sufrió una sacudida. No lo entendía, lo había hecho todo bien, y sin embargo no había funcionado. Lo volví a intentar y sucedió lo mismo. Me quedé paralizado un segundo y mi cerebro funcionaba a mil por hora. Tumbado como estaba sobre los dos asientos delanteros me estaba clavando la palanca de cambios en el estómago, y de repente lo comprendí. Me levanté y me senté en el asiento del conductor, y efectivamente vi que estaba puesta una marcha. La puse en punto muerto y volví a juntar los cables. Con un satisfactorio rugido el motor arrancó y un pitido ahogado sustituyó a la insistente alarma.
Por primera vez miré fuera y vi que estaban peleando contra media docena de zombis a la vez y que por lo menos el doble habían caído ya. Abrí la puerta y por el rabillo del ojo vislumbré algo que brillaba. Cuando localicé el brillo en la guantera, metí la mano y saqué un destornillador.
Oí un chillido.
Laura.
Corrí todo lo que pude para reducir a cero la distancia que me separaba del zombi que se abalanzaba sobre ella y le embestí con el costado oyendo un satisfactorio crujido al partirle el brazo. Cayó al suelo y yo recuperé parcialmente el equilibrio cuando Mateo le aplastó el cráneo con el bate. Me giré para mirar lo que pasaba y en ese momento Andrés hacía rodar la cabeza de uno de los zombis mientras que Alex estaba agachado al lado de Nuria, que permanecía en el suelo apoyada contra un coche mientras se sujetaba el brazo con una mano.
Quedaban dos zombis en pie y se dirigían ambos hacia ellos. Alex había dejado caer la palanca al suelo y estaba a unos metros de ella, pero no parecía haber reparado en que los monstruos iban hacia ellos. Así que Andrés y Mateo fueron corriendo a por ellos mientras yo ayudaba a Laura a levantarse. Andrés acabó con facilidad con el suyo hundiéndole el kukri dos veces consecutivas en la cabeza y Mateo todavía estaba peleando con él cuando Laura ya se había levantado. De improviso el zombi hizo un movimiento extraño y pareció que iba a coger a Mateo, pero se apartó en el último momento y de un golpe seco le aplastó la coronilla y el zombi cayó muerto, esta vez para siempre.
martes, 5 de julio de 2011
Why?
El manto de la lluvia parece cubrir mi cara con una venda para tapar la verdad. Trato de quitármela, y cada vez que estoy a punto de conseguirlo se me enredan los dedos. La respuesta se escapa entre mis manos haciéndome burla y riéndose de mis vanos intentos por alcanzarla mientras choco a ciegas contra las paredes. El quizá yace a un lado y al otro se encuentra un tal vez. Ambos me intentan guiar, pero yo, que soy desconfiado por naturaleza me aparto asustado.
Parece que todo el mundo se ha ido de vacaciones.
lunes, 4 de julio de 2011
Apocalipsis Zombi (Cap. 7)
23 de octubre de 2011
Hoy he pasado un día tranquilo dando un paseo con L. Últimamente todo está más tranquilo pese a que Alex está llegando a su límite. No sé lo que supondría la muerte de uno de nosotros para el grupo, y sé que no soy el más fuerte ni nada por el estilo, pero creo que quizá, y más viendo lo que está sufriendo, deberíamos… No, no sé ni como se me ha podido pasar por la cabeza… Son mi familia ahora y tengo que protegerlos siempre.
Me siento muy unido a todos.
Los nervios me comían por dentro mientras que nos preparábamos para salir de ahí. Un rato antes habíamos estado hablando de los riesgos que quizá correríamos. Habíamos llegado a la conclusión de que probablemente habría zombis dentro del edificio, pero esperamos que no sean muchos. El plan a seguir es el siguiente:
-Preparar todo lo que tengamos que llevarnos como comida y agua pero sin restarnos movilidad, ni lastrarnos demasiado.
-Las tres armas que tenemos las llevaran Andrés, Alex y Mateo.
-Yo tengo que estar preparado para hacer el puente al coche que hemos elegido, un monovolumen que parece bastante seguro y que está al otro lado de la calle.
-Romperemos la luna del maletero y entraré yo primero por ahí. Abriré las puertas y el resto entrará y cerraremos de nuevo.
-Hago el puente y Andrés nos saca de ahí.
Parece que no es tan difícil siempre y cuando no haya demasiadas complicaciones. Si no hay demasiados zombis estoy seguro de que podremos con ello. Solo espero que no les cueste cargárselos.
-¿Habéis terminado por ahí? –Pregunta Andrés-.
De repente me doy cuenta de que llevo un buen rato mirando una pequeña botella de agua mientras pienso en mis cosas y que apenas he metido la mitad de lo que tenía que guardar.
-Ehh, sí, ya casí está –contesto mientras me apresuro a meterlo todo lo más ordenadamente posible-.
Miro a Laura, que le cae todo el pelo en cascada por la cara. A Alex, que está hablando con Mateo de cómo imprimirle más fuerza a los golpes. A Andrés que está repasando por última vez las cosas de su mochila. A Nuria y a Drita que al final han decidido que les da más miedo tener que quedarse solas que venir con nosotros y me miro las manos que han comenzado a temblarme.
Al parecer nunca había pensado que todo podría depender de mí. Aunque realmente no era así. Dependíamos todos de todos. Si un engranaje falla, estamos jodidos.
-Tranquilízate, seguro que va a ser más fácil y más tranquilo que tener que enseñar a Nilo a que salte entre las cuerdas del parque –dice Laura mientras me pone la mano sobre el antebrazo-.
-Eso seguro –le contesto sonriendo-.
Finalmente no podemos aplazar más lo inevitable y con sumo cuidado y procurando hacer el menor ruido posible desbloqueamos la puerta del todo y paramos para descansar unos segundos.
-Ahora, cuando salgamos, probablemente esté el zombi de la señora. Si está muy cerca de la puerta me lo cargo con el kukri. Pero si está un poco más lejos vamos a tener que intentar huir de él, no creo que esté en muy buenas condiciones.
Andrés abre la puerta en silencio después de cubrirse la cara con un grueso pasamontañas, precaución que también toman Alex y Mateo.
El espectáculo es macabro, hay bastante sangre en el suelo, cerca de la entrada a la casa. El rastro asciende hasta el siguiente descansillo de las escaleras que ascienden. Todos lo seguimos con la mirada hasta que con un sobresalto vemos al zombi de la chica arrastrándose hasta el siguiente piso. Gira la cabeza al vernos y gime.
-¡No os detengáis y no hagáis ruido! –Nos susurra apremiante Andrés-.
Todos seguimos avanzando mientras bajamos las escaleras. Mateo y Alex van delante, y Andrés cierra la marcha. Mientras descendemos lentamente tratando de hacer el menor ruido posible el corazón me late fuertemente bombeando adrenalina. Noto la presión de los latidos en los oídos. “Bum-bum, bum- bum, bum- bum, bum- bum,”.
Nos estábamos acercando al último piso cuando nos percatamos del sonido. El más jodidamente horrible tipo de sonido que con el tiempo llegaríamos a detestar con todas nuestras fuerzas. Nos asomamos despacio a la planta baja y vimos que había cinco de esas bestias andando sin rumbo por ahí.
Andrés nos indicó por señas que volviéramos atrás y lentamente ascendimos de nuevo.
-¿Qué vamos a hacer? –Pregunta Laura con un deje de pánico en la voz-.
-Tenemos que seguir –dice Andrés-, no podemos dar la vuelta ahora.
-Yo estoy con Andrés, van a seguir estando aquí aunque nos demos la vuelta ahora –añado yo-. Pero creo que debería llevar yo un arma en vez de Alex o Mateo, simplemente porque tengo más fuerza.
A pesar de que ha sonado a que quiero hacerme el héroe todos saben que tengo razón y que no hay razón para arriesgarse. Alex me da la palanca metálica y todos volvemos a reemprender el descenso.
Al llegar abajo nos damos cuenta de que tenemos una breve ventaja de la sorpresa que sin duda aprovecharemos, ya que los zombis están en la parte de abajo, pegados a la puerta de cristal mirando hacia la calle.
Andrés se desliza más que camina con un sigilo que soy incapaz de imitar “bum- bum, bum- bum, bum- bum.” Mi corazón late aún más fuerte y con un grito Andrés descarga el kukri dos veces sobre el cráneo del primer zombi que se rompe con un audible y terrorífico “crack”. Durante un segundo me quedo petrificado, incapaz de moverme o reaccionar. Mis oidos parecen taponados con el sonido de los latidos de mi corazón y no oigo nada más. Los otros zombis se han girado y uno de ellos me ha mirado directamente a los ojos. Tiene medio cuello arrancado y le falta un brazo. Ese mismo brazo trata de agarrarme por el cuello pero se encuentra con un bate de madera que le hunde la nariz y le hace tambalearse hacia atrás.
-¡¡¡Reacciona joder!!! –Me grita Mateo-.
De repente despierto y de nuevo vuelvo a oír. Y lo primero que oigo no es nada halagüeño. Un grito de chica a mis espaldas. Me giro y veo que un zombi estaba en la zona del ascensor donde no le habíamos visto y con el ruido de la pelea no le habían visto. Ahora tenía a Drita y la había agarrado por detrás. Subí las escaleras de tres en tres y le di con la palanca en la cabeza gritando como un poseso y con todas mis fuerzas hasta que se la reventé. Incluso después de eso seguí dándole varias veces incapaz de parar, pues había visto algo que el resto no, y es que había llegado tarde.
Drita se agarraba el cuello con ambas manos y trataba de taponar una herida por la que se escapaba la sangre a presión. Nuria se dio cuenta y se quedó atónita y Laura corrió para pararme y cuando por fin paré, siguió la dirección de mi mirada y vio ella también a Drita en el suelo sentada.
Para no pensar me di la vuelta y fui a ayudar a Andrés y Mateo que habían acabado sin problemas con todos menos con uno de los zombis. Con todas nuestras fuerzas le destrozamos hasta que quedó convertido en una masa de carne deformada. Todos sabíamos ya lo que había pasado y sabíamos también que no había solución. La habíamos perdido.
Hoy he pasado un día tranquilo dando un paseo con L. Últimamente todo está más tranquilo pese a que Alex está llegando a su límite. No sé lo que supondría la muerte de uno de nosotros para el grupo, y sé que no soy el más fuerte ni nada por el estilo, pero creo que quizá, y más viendo lo que está sufriendo, deberíamos… No, no sé ni como se me ha podido pasar por la cabeza… Son mi familia ahora y tengo que protegerlos siempre.
Me siento muy unido a todos.
Los nervios me comían por dentro mientras que nos preparábamos para salir de ahí. Un rato antes habíamos estado hablando de los riesgos que quizá correríamos. Habíamos llegado a la conclusión de que probablemente habría zombis dentro del edificio, pero esperamos que no sean muchos. El plan a seguir es el siguiente:
-Preparar todo lo que tengamos que llevarnos como comida y agua pero sin restarnos movilidad, ni lastrarnos demasiado.
-Las tres armas que tenemos las llevaran Andrés, Alex y Mateo.
-Yo tengo que estar preparado para hacer el puente al coche que hemos elegido, un monovolumen que parece bastante seguro y que está al otro lado de la calle.
-Romperemos la luna del maletero y entraré yo primero por ahí. Abriré las puertas y el resto entrará y cerraremos de nuevo.
-Hago el puente y Andrés nos saca de ahí.
Parece que no es tan difícil siempre y cuando no haya demasiadas complicaciones. Si no hay demasiados zombis estoy seguro de que podremos con ello. Solo espero que no les cueste cargárselos.
-¿Habéis terminado por ahí? –Pregunta Andrés-.
De repente me doy cuenta de que llevo un buen rato mirando una pequeña botella de agua mientras pienso en mis cosas y que apenas he metido la mitad de lo que tenía que guardar.
-Ehh, sí, ya casí está –contesto mientras me apresuro a meterlo todo lo más ordenadamente posible-.
Miro a Laura, que le cae todo el pelo en cascada por la cara. A Alex, que está hablando con Mateo de cómo imprimirle más fuerza a los golpes. A Andrés que está repasando por última vez las cosas de su mochila. A Nuria y a Drita que al final han decidido que les da más miedo tener que quedarse solas que venir con nosotros y me miro las manos que han comenzado a temblarme.
Al parecer nunca había pensado que todo podría depender de mí. Aunque realmente no era así. Dependíamos todos de todos. Si un engranaje falla, estamos jodidos.
-Tranquilízate, seguro que va a ser más fácil y más tranquilo que tener que enseñar a Nilo a que salte entre las cuerdas del parque –dice Laura mientras me pone la mano sobre el antebrazo-.
-Eso seguro –le contesto sonriendo-.
Finalmente no podemos aplazar más lo inevitable y con sumo cuidado y procurando hacer el menor ruido posible desbloqueamos la puerta del todo y paramos para descansar unos segundos.
-Ahora, cuando salgamos, probablemente esté el zombi de la señora. Si está muy cerca de la puerta me lo cargo con el kukri. Pero si está un poco más lejos vamos a tener que intentar huir de él, no creo que esté en muy buenas condiciones.
Andrés abre la puerta en silencio después de cubrirse la cara con un grueso pasamontañas, precaución que también toman Alex y Mateo.
El espectáculo es macabro, hay bastante sangre en el suelo, cerca de la entrada a la casa. El rastro asciende hasta el siguiente descansillo de las escaleras que ascienden. Todos lo seguimos con la mirada hasta que con un sobresalto vemos al zombi de la chica arrastrándose hasta el siguiente piso. Gira la cabeza al vernos y gime.
-¡No os detengáis y no hagáis ruido! –Nos susurra apremiante Andrés-.
Todos seguimos avanzando mientras bajamos las escaleras. Mateo y Alex van delante, y Andrés cierra la marcha. Mientras descendemos lentamente tratando de hacer el menor ruido posible el corazón me late fuertemente bombeando adrenalina. Noto la presión de los latidos en los oídos. “Bum-bum, bum- bum, bum- bum, bum- bum,”.
Nos estábamos acercando al último piso cuando nos percatamos del sonido. El más jodidamente horrible tipo de sonido que con el tiempo llegaríamos a detestar con todas nuestras fuerzas. Nos asomamos despacio a la planta baja y vimos que había cinco de esas bestias andando sin rumbo por ahí.
Andrés nos indicó por señas que volviéramos atrás y lentamente ascendimos de nuevo.
-¿Qué vamos a hacer? –Pregunta Laura con un deje de pánico en la voz-.
-Tenemos que seguir –dice Andrés-, no podemos dar la vuelta ahora.
-Yo estoy con Andrés, van a seguir estando aquí aunque nos demos la vuelta ahora –añado yo-. Pero creo que debería llevar yo un arma en vez de Alex o Mateo, simplemente porque tengo más fuerza.
A pesar de que ha sonado a que quiero hacerme el héroe todos saben que tengo razón y que no hay razón para arriesgarse. Alex me da la palanca metálica y todos volvemos a reemprender el descenso.
Al llegar abajo nos damos cuenta de que tenemos una breve ventaja de la sorpresa que sin duda aprovecharemos, ya que los zombis están en la parte de abajo, pegados a la puerta de cristal mirando hacia la calle.
Andrés se desliza más que camina con un sigilo que soy incapaz de imitar “bum- bum, bum- bum, bum- bum.” Mi corazón late aún más fuerte y con un grito Andrés descarga el kukri dos veces sobre el cráneo del primer zombi que se rompe con un audible y terrorífico “crack”. Durante un segundo me quedo petrificado, incapaz de moverme o reaccionar. Mis oidos parecen taponados con el sonido de los latidos de mi corazón y no oigo nada más. Los otros zombis se han girado y uno de ellos me ha mirado directamente a los ojos. Tiene medio cuello arrancado y le falta un brazo. Ese mismo brazo trata de agarrarme por el cuello pero se encuentra con un bate de madera que le hunde la nariz y le hace tambalearse hacia atrás.
-¡¡¡Reacciona joder!!! –Me grita Mateo-.
De repente despierto y de nuevo vuelvo a oír. Y lo primero que oigo no es nada halagüeño. Un grito de chica a mis espaldas. Me giro y veo que un zombi estaba en la zona del ascensor donde no le habíamos visto y con el ruido de la pelea no le habían visto. Ahora tenía a Drita y la había agarrado por detrás. Subí las escaleras de tres en tres y le di con la palanca en la cabeza gritando como un poseso y con todas mis fuerzas hasta que se la reventé. Incluso después de eso seguí dándole varias veces incapaz de parar, pues había visto algo que el resto no, y es que había llegado tarde.
Drita se agarraba el cuello con ambas manos y trataba de taponar una herida por la que se escapaba la sangre a presión. Nuria se dio cuenta y se quedó atónita y Laura corrió para pararme y cuando por fin paré, siguió la dirección de mi mirada y vio ella también a Drita en el suelo sentada.
Para no pensar me di la vuelta y fui a ayudar a Andrés y Mateo que habían acabado sin problemas con todos menos con uno de los zombis. Con todas nuestras fuerzas le destrozamos hasta que quedó convertido en una masa de carne deformada. Todos sabíamos ya lo que había pasado y sabíamos también que no había solución. La habíamos perdido.
lunes, 27 de junio de 2011
Apocalipsis Zombi (Cap. 6)
21 de octubre de 2011
Echo de menos a Nilo.
-¡Dejadme entrar! –Grita una voz-. ¡Por favor!
Los gritos de una mujer al otro lado de la puerta me despiertan y veo que Laura está en de pie en el umbral de la puerta. Debo de ser el único que no se ha despertado hasta ese momento.
-¿Qué hacemos? –Pregunta Nuria-.
-¡¿Pero en serio os lo estáis planteando?! –Dice Laura incrédula-.
-Si no la dejamos pasar y sigue gritando va a acabar atrayendo a los zombis.
-Pero Mateo, no podemos meter a cualquiera en el grupo.
-¡¡Por favor!!
-Joder, parece estar sufriendo.
-No podemos dejarla pasar. Es demasiado arriesgado. Incluso aunque siga gritando –dice Andrés-. Vamos a tener que dejarla ahí.
-¿Y si le pedimos que se vaya? –Propongo yo medio dormido-. Igual cuela. O podemos amenazarla.
-¡Mire señora, o se va y se arriesga a morir en otro sitio, o salgo y la mato yo mismo! –Le grita Andrés de manera convincente-.
Los gritos y golpes cesan de repente y oímos unos pasos que resuenan en la escalera.
-¡Por favor! ¡Están subiendo! ¡Dejadme entrar por favor! –Grita desesperada la mujer- ¡Me van a matar!
Tras esto un golpe hace temblar la puerta y la mujer chilla mientras se escucha un forcejeo, el característico gemido de un zombi y un horrible desgarro de ropa. Oímos a la mujer chillar mientras el zombi la devora y durante unos minutos no somos capaces de movernos ni de decir nada. Finalmente los gritos cesan. Y Alex va al baño a vomitar.
-Al menos sabemos que no era mayor, ¿no? –Comento yo despreocupadamente-.
-¿Cómo puedes saber eso? –Pregunta Andrés-.
-Porque si no te habría dejado mal antes de morir, como todos los ancianos desconocidos que hablan contigo –Respondo riéndome-.
Echo de menos a Nilo.
-¡Dejadme entrar! –Grita una voz-. ¡Por favor!
Los gritos de una mujer al otro lado de la puerta me despiertan y veo que Laura está en de pie en el umbral de la puerta. Debo de ser el único que no se ha despertado hasta ese momento.
-¿Qué hacemos? –Pregunta Nuria-.
-¡¿Pero en serio os lo estáis planteando?! –Dice Laura incrédula-.
-Si no la dejamos pasar y sigue gritando va a acabar atrayendo a los zombis.
-Pero Mateo, no podemos meter a cualquiera en el grupo.
-¡¡Por favor!!
-Joder, parece estar sufriendo.
-No podemos dejarla pasar. Es demasiado arriesgado. Incluso aunque siga gritando –dice Andrés-. Vamos a tener que dejarla ahí.
-¿Y si le pedimos que se vaya? –Propongo yo medio dormido-. Igual cuela. O podemos amenazarla.
-¡Mire señora, o se va y se arriesga a morir en otro sitio, o salgo y la mato yo mismo! –Le grita Andrés de manera convincente-.
Los gritos y golpes cesan de repente y oímos unos pasos que resuenan en la escalera.
-¡Por favor! ¡Están subiendo! ¡Dejadme entrar por favor! –Grita desesperada la mujer- ¡Me van a matar!
Tras esto un golpe hace temblar la puerta y la mujer chilla mientras se escucha un forcejeo, el característico gemido de un zombi y un horrible desgarro de ropa. Oímos a la mujer chillar mientras el zombi la devora y durante unos minutos no somos capaces de movernos ni de decir nada. Finalmente los gritos cesan. Y Alex va al baño a vomitar.
-Al menos sabemos que no era mayor, ¿no? –Comento yo despreocupadamente-.
-¿Cómo puedes saber eso? –Pregunta Andrés-.
-Porque si no te habría dejado mal antes de morir, como todos los ancianos desconocidos que hablan contigo –Respondo riéndome-.
lunes, 20 de junio de 2011
Apocalipsis Zombi (Cap. 5)
19 de octubre de 2011
Parece que se ha abierto el cielo y que tiran el agua a jarros. Por una parte es asqueroso, porque ya no podemos ni salir, pero por otra es buena, puesto que es una buena fuente de agua. Hoy no ha habido problemas, pero cada vez nos aburrimos más. Ya nos sabemos más de la mitad de las respuestas del trivial y he tenido que esconder el Monopoli porque no lo aguanto más. Y se han acabado los calmantes, así que probablemente tengamos que ir a buscar otra farmacia o estaremos jodidos. Nada más por hoy.
En el salón todo son voces enfadadas y una discusión interminable. Al parecer nadie se esperaba tener que partir ya, y Drita y Nuria prefieren quedarse en la casa solas, a tener que salir a la calle donde ahora mismo hay media docena de zombis tan solo en esta bocacalle.
-¿¡Pero no os dais cuenta de que no podéis quedaros aquí solas?! –Dice Andrés-.
-¿Por qué? ¿Qué más os da?
-Drita, por favor, no digas tonterías. Nadie quiere dejaros aquí.
-Edu tiene razón, no os vamos a dejar aquí –dice Matt-. Mira, sé que fuera está todo jodido, pero es fácil. Bajamos con las mochilas y las armas, Edu arranca el coche y nos largamos de aquí.
-Que no, que no pienso ir a ningún lado. No quiero arriesgarme a que me coman los hijos de puta esos.
-Mira, tú sabrás. Tienes la noche para pensarlo, pero nosotros mañana nos vamos y pensad que la comida se os acabará en muy poco tiempo y tendréis que ir solas a buscar más, sin armas de ningún tipo ni ayuda. Haced lo que queráis.
Dicho esto Andrés se marcha a su habitación y Alex y Drita a la de sus padres. Mateo sin ganas de más jaleo dice un escueto buenas noches y se sienta en el sofá con Nuria preparándose para hacer la primera guardia. Laura bosteza y se marcha al cuarto de Mateo. Por mi parte muevo la cabeza de un lado a otro con gesto negativo y mascullo “que estupidez”. No quiero saber nada más del tema, nos iremos mañana vengan con nosotros o no. En el fondo sabía que solo iban a ser un lastre, ya que no están hechas de la pasta que se requiere para sobrevivir, porque están demasiado acostumbradas a la comodidad de un hogar calentito y sobretodo sin que quieran comérselas, lo que por otra parte es bastante normal. Pero ya se sabe, "el organismo que se adapta es el que sobrevive".
Me marcho a la cocina y bebo un vaso de agua antes de acercarme al cuarto de Andrés y llamar suavemente a la puerta.
-¿Podemos hablar?
-Claro, pasa –dice él desde la cama-.
Tras cerrar la puerta y sentarme a los pies de su cama le miró con preocupación y le digo:
-¿Crees que saldrá bien?
-Mira Edu, no sé que va a pasar, pero lo que sí sé es que no nos podemos quedar aquí más tiempo. Confío en ti y sé que podrás hacerle el puente. Y luego, simplemente improvisaremos.
-Vale –asiento yo un poco más tranquilo-. Oye, ¿recuerdas aquella vez que me pillé aquella tajada con el Ballantines y te dedicaste a contarme historias de miedo?
-Si joder, que acojone nos pillamos –dice riéndose en voz baja-. Si sobrevivimos a esto, seguro que podremos crear unas cuantas nosotros mismos.
-Bueno, me voy a dormir que luego tocan las guardias… -Digo yo sonriendo-.
-Buenas noches.
Con un cabeceo le doy las buenas noches y me dirijo a la habitación de Mateo donde Laura ya está tumbada de medio lado hacia la pared y aparentemente dormida. Tratando de hacer el menor ruido posible me meto en la cama yo también y me quedo mirando al techo hasta que finalmente me quedo dormido.
Parece que se ha abierto el cielo y que tiran el agua a jarros. Por una parte es asqueroso, porque ya no podemos ni salir, pero por otra es buena, puesto que es una buena fuente de agua. Hoy no ha habido problemas, pero cada vez nos aburrimos más. Ya nos sabemos más de la mitad de las respuestas del trivial y he tenido que esconder el Monopoli porque no lo aguanto más. Y se han acabado los calmantes, así que probablemente tengamos que ir a buscar otra farmacia o estaremos jodidos. Nada más por hoy.
En el salón todo son voces enfadadas y una discusión interminable. Al parecer nadie se esperaba tener que partir ya, y Drita y Nuria prefieren quedarse en la casa solas, a tener que salir a la calle donde ahora mismo hay media docena de zombis tan solo en esta bocacalle.
-¿¡Pero no os dais cuenta de que no podéis quedaros aquí solas?! –Dice Andrés-.
-¿Por qué? ¿Qué más os da?
-Drita, por favor, no digas tonterías. Nadie quiere dejaros aquí.
-Edu tiene razón, no os vamos a dejar aquí –dice Matt-. Mira, sé que fuera está todo jodido, pero es fácil. Bajamos con las mochilas y las armas, Edu arranca el coche y nos largamos de aquí.
-Que no, que no pienso ir a ningún lado. No quiero arriesgarme a que me coman los hijos de puta esos.
-Mira, tú sabrás. Tienes la noche para pensarlo, pero nosotros mañana nos vamos y pensad que la comida se os acabará en muy poco tiempo y tendréis que ir solas a buscar más, sin armas de ningún tipo ni ayuda. Haced lo que queráis.
Dicho esto Andrés se marcha a su habitación y Alex y Drita a la de sus padres. Mateo sin ganas de más jaleo dice un escueto buenas noches y se sienta en el sofá con Nuria preparándose para hacer la primera guardia. Laura bosteza y se marcha al cuarto de Mateo. Por mi parte muevo la cabeza de un lado a otro con gesto negativo y mascullo “que estupidez”. No quiero saber nada más del tema, nos iremos mañana vengan con nosotros o no. En el fondo sabía que solo iban a ser un lastre, ya que no están hechas de la pasta que se requiere para sobrevivir, porque están demasiado acostumbradas a la comodidad de un hogar calentito y sobretodo sin que quieran comérselas, lo que por otra parte es bastante normal. Pero ya se sabe, "el organismo que se adapta es el que sobrevive".
Me marcho a la cocina y bebo un vaso de agua antes de acercarme al cuarto de Andrés y llamar suavemente a la puerta.
-¿Podemos hablar?
-Claro, pasa –dice él desde la cama-.
Tras cerrar la puerta y sentarme a los pies de su cama le miró con preocupación y le digo:
-¿Crees que saldrá bien?
-Mira Edu, no sé que va a pasar, pero lo que sí sé es que no nos podemos quedar aquí más tiempo. Confío en ti y sé que podrás hacerle el puente. Y luego, simplemente improvisaremos.
-Vale –asiento yo un poco más tranquilo-. Oye, ¿recuerdas aquella vez que me pillé aquella tajada con el Ballantines y te dedicaste a contarme historias de miedo?
-Si joder, que acojone nos pillamos –dice riéndose en voz baja-. Si sobrevivimos a esto, seguro que podremos crear unas cuantas nosotros mismos.
-Bueno, me voy a dormir que luego tocan las guardias… -Digo yo sonriendo-.
-Buenas noches.
Con un cabeceo le doy las buenas noches y me dirijo a la habitación de Mateo donde Laura ya está tumbada de medio lado hacia la pared y aparentemente dormida. Tratando de hacer el menor ruido posible me meto en la cama yo también y me quedo mirando al techo hasta que finalmente me quedo dormido.
martes, 14 de junio de 2011
Apocalipsis Zombi (Cap. 4)
18 de octubre de 2011
Hoy el día ha sido sobretodo traumático. Creo que aún no me he acostumbrado a esta mierda. Cuando hemos salido a dar una vuelta Matt y yo para que a Alex le diese un poco el sol nos hemos dado cuenta de lo mal que está. No parece haber aceptado el hecho de que nunca podrá volver a ser como antes y cada día come menos, habla menos y sobretodo lo peor es que cada vez tiene menos interés por vivir. Aquel accidente le hizo perder todo el interés, y eso que hoy le he dado un libro que encontré, uno sobre aviones… Con lo que a él le gustaban.
-Despierta anda, que vamos a comer.
Una voz me hace descender de nuevo al mundo real donde todo es peor de lo que parece. Veo que alguien me ha tapado con una manta y tras dudar unos segundos si darme la vuelta y tratar de volver a dormir, decido que es mejor levantarme y ayudar a poner la mesa.
La rutina no tiene cabida en estos días y de nuevo vuelvo a notar como la tensión y los nervios me superan. Antes de que nadie me vea voy, con quizá demasiada velocidad, hacia el baño para pasar desapercibido. Cierro la puerta y me dejo caer al suelo donde comienzo a llorar silenciosamente. Mi cuerpo se sacude ligeramente mientras me abrazo a mis rodillas y libero todo lo que he estado conteniendo hasta ahora. “¿Estarán bien mis padres?” “Mi hermana en Aranjuez seguro que ya está muerta.” “¿Cómo demonios vamos a salir de esta?” Pero sobretodo el pensamiento que más abundó en ese momento fue “No quiero morir.”
“Toc, toc, toc.”
-¿Edu? –dice una voz que no soy capaz de identificar-. ¿Va todo bien? ¿Pasa algo?
-No, no. No pasa nada, ahora salgo –contesto con la voz rota-. Dadme unos minutos.
Me levanto como puedo del suelo y me agarro al lavabo. Aún temblándome las piernas, abro el grifo y me mojo la cara con abundante agua. Me miro al espejo y lo que me encuentro es mi cara pero con los ojos jodidamente hinchados. Bueno, al menos espero que no me digan nada.
Tras abrir la puerta y mirarlos a todos veo que parecen preocupados así que bromeo.
-Es que me he dado con el canto de la puerta en el dedo meñique y joder si duele…
Nadie dice nada, pero veo como Andrés me mira preocupado. Todos nos sentamos a comer lo que hay, y al acabar, Alex propone jugar a algún juego de mesa para distraernos un poco. Pero no me encuentro con ánimos para jugar una partida al Monopoli, así que tras una breve excusa me voy del salón al cuarto de los padres de Mateo y me tumbo en la cama de medio lado dando la espalda a la puerta.
Paso un buen rato en esa postura hasta que alguien llama a la puerta y decido hacerme el dormido.
-¿Estás despierto? –Pregunta Laura-. No quiero molestar.
-Sí, estoy dormido -contesto yo-. Pero no molestas.
-¿Qué te pasa? –Pregunta mientras se tumba a mi lado-.
-Pues supongo que lo que a todos, que aún estoy digiriendo todo esto y a ratos no es tan fácil.
Tras esto nos sumimos en un silencio que ninguno parece dispuesto a romper.
-¿Crees que saldremos de esta? –Pregunto finalmente yo-.
-No lo sé.
Hoy el día ha sido sobretodo traumático. Creo que aún no me he acostumbrado a esta mierda. Cuando hemos salido a dar una vuelta Matt y yo para que a Alex le diese un poco el sol nos hemos dado cuenta de lo mal que está. No parece haber aceptado el hecho de que nunca podrá volver a ser como antes y cada día come menos, habla menos y sobretodo lo peor es que cada vez tiene menos interés por vivir. Aquel accidente le hizo perder todo el interés, y eso que hoy le he dado un libro que encontré, uno sobre aviones… Con lo que a él le gustaban.
-Despierta anda, que vamos a comer.
Una voz me hace descender de nuevo al mundo real donde todo es peor de lo que parece. Veo que alguien me ha tapado con una manta y tras dudar unos segundos si darme la vuelta y tratar de volver a dormir, decido que es mejor levantarme y ayudar a poner la mesa.
La rutina no tiene cabida en estos días y de nuevo vuelvo a notar como la tensión y los nervios me superan. Antes de que nadie me vea voy, con quizá demasiada velocidad, hacia el baño para pasar desapercibido. Cierro la puerta y me dejo caer al suelo donde comienzo a llorar silenciosamente. Mi cuerpo se sacude ligeramente mientras me abrazo a mis rodillas y libero todo lo que he estado conteniendo hasta ahora. “¿Estarán bien mis padres?” “Mi hermana en Aranjuez seguro que ya está muerta.” “¿Cómo demonios vamos a salir de esta?” Pero sobretodo el pensamiento que más abundó en ese momento fue “No quiero morir.”
“Toc, toc, toc.”
-¿Edu? –dice una voz que no soy capaz de identificar-. ¿Va todo bien? ¿Pasa algo?
-No, no. No pasa nada, ahora salgo –contesto con la voz rota-. Dadme unos minutos.
Me levanto como puedo del suelo y me agarro al lavabo. Aún temblándome las piernas, abro el grifo y me mojo la cara con abundante agua. Me miro al espejo y lo que me encuentro es mi cara pero con los ojos jodidamente hinchados. Bueno, al menos espero que no me digan nada.
Tras abrir la puerta y mirarlos a todos veo que parecen preocupados así que bromeo.
-Es que me he dado con el canto de la puerta en el dedo meñique y joder si duele…
Nadie dice nada, pero veo como Andrés me mira preocupado. Todos nos sentamos a comer lo que hay, y al acabar, Alex propone jugar a algún juego de mesa para distraernos un poco. Pero no me encuentro con ánimos para jugar una partida al Monopoli, así que tras una breve excusa me voy del salón al cuarto de los padres de Mateo y me tumbo en la cama de medio lado dando la espalda a la puerta.
Paso un buen rato en esa postura hasta que alguien llama a la puerta y decido hacerme el dormido.
-¿Estás despierto? –Pregunta Laura-. No quiero molestar.
-Sí, estoy dormido -contesto yo-. Pero no molestas.
-¿Qué te pasa? –Pregunta mientras se tumba a mi lado-.
-Pues supongo que lo que a todos, que aún estoy digiriendo todo esto y a ratos no es tan fácil.
Tras esto nos sumimos en un silencio que ninguno parece dispuesto a romper.
-¿Crees que saldremos de esta? –Pregunto finalmente yo-.
-No lo sé.
lunes, 6 de junio de 2011
Apocalipsis Zombi (Cap. 3)
17 de octubre de 2011
Veamos como va la competición:
Laura: 106
Edu: 99
Andrés:97
Matt: 90
Alex : --
Ni tan mal, me dio mucha rabia haberme puesto malo la semana pasada. Un solo día y ya se aleja en el marcador. Bueno, espero poder alcanzarla, pero es difícil, parece haber nacido para esto, aunque al menos sigo por delante de Andrés y Mateo.
En fin, el día de hoy ha sido bastante movidito; por la mañana estuvimos limpiando, que hoy tocaba. Después nos hemos metido con el garaje, que había un montón de muebles abajo que estaban pidiendo a gritos ser convertidos en madera. Así que ahí nos tienes a todos riendo, y pasándonoslo como críos mientras destrozábamos con el hacha esos pobres muebles. Por la tarde nos hemos ido de cacería. Ha sido divertido, ya que hemos ido a una casa que queda cerca de una gran concentración de zombies. Nosotros tenemos la ventaja de la altura, y ellos la desventaja de que no nos ven. He cogido un fusil y Matt otro, igualdad de condiciones, y he ganado yo. Era a ver quien llegaba antes a diez. Y aunque esto no cuenta para la clasificación general, ha estado bien.
Buenas noches.
-Creo que deberíamos pensar como salir de aquí. Tenemos víveres como para una semana como mucho y una vez que se acaben va a ser más difícil –comenta Matt con la lista del inventario en las manos-. Pero no sé a dónde podríamos ir.
-Lo difícil no creo que sea salir de aquí –dice Andrés mirando por la ventana-, si no encontrar un sitio a dónde ir, y una manera de llegar.
-Mi casa es grande, tengo la despensa llena y tengo llaves –sugiero yo-. Pero no sé como de defendible será. Aunque tampoco sé como de extendido estará todo por ahí, ni sé como podemos llegar.
Estamos todos bastante nerviosos, porque al haber pasado la primera noche empezamos a ser más conscientes de que todo esto es real y no un mal sueño del que vamos a acabar despertando. Drita ya se ha derrumbado dos veces esta mañana y más por imitación que por otra cosa, Nuria también. No las culpo de nada, yo también estoy nervioso, pero creo que dentro de lo que cabe lo voy aceptando.
-Si al menos tuviésemos las llaves de un coche –piensa en voz alta Laura-.
-¿Y si se las robamos a alguien?
-Sí, y vamos probando a ver que coche abren. ¡No te jode! –Le espeta Alex-.
Mi mente escucha la conversación a medias mientras trato de recordar aquella productiva tarde en el taller de mi tío cuando me enseñó a hacer puentes en los coches.
-Pues yo se hacer puentes en los coches –digo distraídamente más para mí que para el resto-.
De repente noté como todas las miradas se dirigían a mí y se clavaban en mi cara.
-Bueno, sé la teoría y de ver como lo hacía mi tío que es mecánico, pero yo no lo he intentado nunca, y menos si tengo la presión de que intentan comerme.
-¿Pero crees que sabrías hacerlo? –Pregunta Andrés-. Es decir, ¿da igual el modelo y la marca?
-Creo que sí –contesto yo-.
Comienza una discusión sobre las posibilidades de evacuación y de los riesgos. Pero lo que más preocupa es como defendernos de los zetas. No tenemos a penas armas. El kukri de Andrés, una palanca de hierro y un bate de béisbol. No está mal, pero no es gran cosa. Las voces se van atenuando cuando cierro los ojos y apoyo mi cabeza en el respaldo del sofá, hasta que finalmente acaban por desaparecer.
Veamos como va la competición:
Laura: 106
Edu: 99
Andrés:97
Matt: 90
Alex : --
Ni tan mal, me dio mucha rabia haberme puesto malo la semana pasada. Un solo día y ya se aleja en el marcador. Bueno, espero poder alcanzarla, pero es difícil, parece haber nacido para esto, aunque al menos sigo por delante de Andrés y Mateo.
En fin, el día de hoy ha sido bastante movidito; por la mañana estuvimos limpiando, que hoy tocaba. Después nos hemos metido con el garaje, que había un montón de muebles abajo que estaban pidiendo a gritos ser convertidos en madera. Así que ahí nos tienes a todos riendo, y pasándonoslo como críos mientras destrozábamos con el hacha esos pobres muebles. Por la tarde nos hemos ido de cacería. Ha sido divertido, ya que hemos ido a una casa que queda cerca de una gran concentración de zombies. Nosotros tenemos la ventaja de la altura, y ellos la desventaja de que no nos ven. He cogido un fusil y Matt otro, igualdad de condiciones, y he ganado yo. Era a ver quien llegaba antes a diez. Y aunque esto no cuenta para la clasificación general, ha estado bien.
Buenas noches.
-Creo que deberíamos pensar como salir de aquí. Tenemos víveres como para una semana como mucho y una vez que se acaben va a ser más difícil –comenta Matt con la lista del inventario en las manos-. Pero no sé a dónde podríamos ir.
-Lo difícil no creo que sea salir de aquí –dice Andrés mirando por la ventana-, si no encontrar un sitio a dónde ir, y una manera de llegar.
-Mi casa es grande, tengo la despensa llena y tengo llaves –sugiero yo-. Pero no sé como de defendible será. Aunque tampoco sé como de extendido estará todo por ahí, ni sé como podemos llegar.
Estamos todos bastante nerviosos, porque al haber pasado la primera noche empezamos a ser más conscientes de que todo esto es real y no un mal sueño del que vamos a acabar despertando. Drita ya se ha derrumbado dos veces esta mañana y más por imitación que por otra cosa, Nuria también. No las culpo de nada, yo también estoy nervioso, pero creo que dentro de lo que cabe lo voy aceptando.
-Si al menos tuviésemos las llaves de un coche –piensa en voz alta Laura-.
-¿Y si se las robamos a alguien?
-Sí, y vamos probando a ver que coche abren. ¡No te jode! –Le espeta Alex-.
Mi mente escucha la conversación a medias mientras trato de recordar aquella productiva tarde en el taller de mi tío cuando me enseñó a hacer puentes en los coches.
-Pues yo se hacer puentes en los coches –digo distraídamente más para mí que para el resto-.
De repente noté como todas las miradas se dirigían a mí y se clavaban en mi cara.
-Bueno, sé la teoría y de ver como lo hacía mi tío que es mecánico, pero yo no lo he intentado nunca, y menos si tengo la presión de que intentan comerme.
-¿Pero crees que sabrías hacerlo? –Pregunta Andrés-. Es decir, ¿da igual el modelo y la marca?
-Creo que sí –contesto yo-.
Comienza una discusión sobre las posibilidades de evacuación y de los riesgos. Pero lo que más preocupa es como defendernos de los zetas. No tenemos a penas armas. El kukri de Andrés, una palanca de hierro y un bate de béisbol. No está mal, pero no es gran cosa. Las voces se van atenuando cuando cierro los ojos y apoyo mi cabeza en el respaldo del sofá, hasta que finalmente acaban por desaparecer.
sábado, 4 de junio de 2011
Puede ser.
A veces la apatía se hace patente en mis huesos, y se empeña en agarrarse con fuerza, sin ganas de partir a su mundo, o donde coño quiera que se alojen los sentimientos cuando no están dentro de alguien. A veces me canso de todo el mundo y me dan ganas de mandarlo todo a la mierda, pero me aguanto, pongo buena cara y sigo sonriendo.
¿Que por qué lo hago? ¿Y yo que sé? Supongo que porque ellos no se merecen algo así. Porque todavía debe quedar gente a la que le importo, y seguro que más cerca de lo que yo pienso, pero me cuesta una barbaridad verlo.
Dicen que se puede estar rodeado de gente y a la vez eternamente solo.
¿Que por qué lo hago? ¿Y yo que sé? Supongo que porque ellos no se merecen algo así. Porque todavía debe quedar gente a la que le importo, y seguro que más cerca de lo que yo pienso, pero me cuesta una barbaridad verlo.
Dicen que se puede estar rodeado de gente y a la vez eternamente solo.
miércoles, 1 de junio de 2011
Storm.
La tormenta se acerca más a nuestra cama y las caricias descargan la electricidad en forma de tornados sobre nuestra piel. Al parecer el gusto por la sal del mar se ha quedado en tu espalda mientras me empeño en conocerla palmo a palmo. Tus manos se enredan en mi pelo mientras muerdes tu labio cuando me miras a los ojos, y tu respiración se siente agitada en mi cuello. Tu oreja se encuentra avasallada por la atención que mi boca le dedica cuando mi lengua te susurra con saliva el camino hacia el placer. Marco por la linea de puntos que me conduce hacia abajo, a zonas prohibidas y deliciosamente vedadas al placer de los mortales. Coinciden durante unas milésimas de segundo los latidos de nuestros corazones, que desbocados se dan la mano para cabalgar juntos. Te miro. Me miras. La tormenta vuelve y sigo sin poder retenerla ni un segundo.
Me avalanzo sobre tus labios para hacerles compañía mientras me ahogo en el placer.
Me avalanzo sobre tus labios para hacerles compañía mientras me ahogo en el placer.
lunes, 30 de mayo de 2011
Apocalipsis Zombi (Cap. 2)
16 de octubre de 2011
Os contaré un poco como están las cosas por aquí. Hay partes buenas y partes malas dejando a un lado lo obvio. Las malas son que la continua lucha por la supervivencia desgasta mucho para aquellos que no saben entretenerse, y por supuesto que estamos rodeados de esos jodidos zombis que ansían hincarnos el diente. Las buenas son que hemos dejado atrás esa horrible época de consumismo, de pelear por estar en lo alto de una empresa, de tener que matarte estudiando para acabar matándote trabajando, y todo ese continuo sin vivir. Visto así esto de los zombis parece un mal menor. Lo único que hecho de menos es un poco de variedad entre las mujeres.
Hoy hemos tenido que ir a por comida y a por munición, nada fuera de lo normal ya que una vez que te acostumbras a ir pegando tiros en la cabeza a monstruos que desean matarte, se convierte en un juego competitivo por ver quien mata a más. De momento solo me gana Laura, que ha demostrado muy buen pulso y una sangre fría admirable. Me encanta verla cuando desde la puerta abierta de la caja del furgón* apunta con su arma a los zombis, y les revienta la cabeza literalmente, para después girar la cabeza, sonreírme, guiñar un ojo y decir en alto: “Ya van 102”.
Por hoy creo que nada más, hoy descanso hasta las 5 de la mañana que empieza mi turno.
Cuando Matt y yo acabamos de reforzar la puerta con todo lo que teníamos a mano, nos separamos de ella para ver que aspecto tenía. Parecía sólido, esperaba que aguantase en caso de que lo necesitásemos. En ese momento oímos en la calle un grito de una mujer que no auguraba nada bueno.
-Joder. - Oí que susurraba Matt.
-Bueno, tal vez se le haya caído el bolso en el pie. – Comento Laura. Comentario por el que nadie se rió, pero que hizo que consiguiese sonreír un poco.
Una vez acabé con eso, decidí que en el sitio en el que más útil podía ser era en la cocina, no soy un chef, pero llevo toda la vida cocinando junto con mi madre… Mis padres, otro tema importante en el que no me he permitido pensar por miedo a derrumbarme. Cuando llegué a la cocina vi que Alex estaba en serios apuros, porque queriendo ser útil se había ofrecido a cocinar, pero no parecía saber muy bien lo que hacer, por lo que opté por tomar el mando.
-¿Qué tiene pensado hacer para nosotros hoy “Chef Alex”? – Bromee yo.
-Pues la verdad es que mi especialidad es el pato a la naranja, pero carezco de pato y solo tengo limones.
-Anda, déjame a mí, a ver que hay por aquí. - Dije yo al tiempo que abría la nevera.
Vi que en la nevera había tres pizzas que por suerte caducaban en breve por lo que tendríamos que cenarlas hoy, lo que permitiría que el ánimo subiese un poco. También observé que había unos espaguetis en una Tupper, por lo que los saqué además de la pizza, y los metí en el congelador, así aguantarían más, al menos hasta que cortasen la electricidad.
-Enciende el horno al máximo anda, y cuando esté caliente mételas y estate atento a que no se quemen. – Le susurré yo mientras notaba como me empezaban a fallar un poco las fuerzas.
Opté por ir al baño, y cerrar la puerta tras de mí. Abrí en grifo, me mojé la cara, y me enjuagué la boca. Mucho mejor sin duda. Aunque solo habían pasado un par de horas desde que vi como un avión se estrellaba apenas a unos kilómetros de la casa de mis abuelos tenía un aspecto bastante horrible. Preferí no pensar mucho en ello, ahora poco importaba. Puse el tapón en el lavabo, y abrí el grifo. El lavabo se llenó rápido. Decidí que una ducha rápida ayudaría, y cuando acabé, se lo propuse a los demás.
-Chicos, no estaría mal que aprovechásemos para ducharnos hoy, aunque sea una ducha rápida, nos relajará y además no sabemos cuando podremos volver a ducharnos.
-Vale, pues voy yo. – Dijo Nuria.
Volví a la cocina, y le eché un ojo a las pizzas, que ya casi estaban, apagué el horno y las dejé dentro un rato más. Cogí una botella que había vacía, la llené de agua del grifo, y la metí en la nevera. Ese era uno de los caprichos que tendría que dejar atrás en breve.
No tardaron mucho en acabar de ducharse, y para entonces yo ya había sacado las pizzas y las había cortado. Andrés y Matt ya habían puesto la mesa. Las chicas habían cerrado todas las persianas, y habían corrido las cortinas. Me puse un trapo en el brazo en plan camarero, y tapé las pizzas con papel de plata.
-Bueno queridos comensales, - dije en tono jocoso – hoy tenemos de primero una deliciosa mezcla de crema de tomate, con ralladura de formaggio, champiñones de los montes alpinos, y carne de los mejores cerdos de toda la comarca, criados especialmente por Frodo y Sam, por supuesto todo ello sobre una cama de hojaldre hecho por nuestros mejores amasadores. De segundo y de tercero hay más o menos lo mismo, así que, amén y a comer.
Al menos conseguí arrancar alguna sonrisa que era lo que quería. Me levanté de la mesa y fui corriendo a por mi agua de la nevera esperando que estuviese suficientemente fría.
-Agua del grifo en la nevera, todo un capricho. – Bajé el tono y lo puse como si les contase una confidencia. – Es nuestra mejor cosecha.
Cuando acabamos de cenar decidimos como iban a ser las guardias, y por ser la primera noche las haríamos de dos en dos.
-Bien, - dice Andrés – yo creo que Matt tu deberías hacer la primera, porque una vez que te despiertas no te vuelves a dormir. ¿A alguien más le pasa esto?
-No, pero yo haré la primera con él. – Dice entre bostezos Nuria – No creo que pueda despertarme después.
-Vale, pues la siguiente la podéis hacer tú y Drita. – Dice mirando a Alex.
-Por mí bien.
-Y por mi también.
-Pero somos impares, alguien se queda solo fijo. – Comento yo.
-Yo me quedaré sola, a mi no me importa. – Dice Laura.
Esta chica siempre intenta ser la más fuerte del grupo, y eso me llama la atención. ¿Lo será o solo lo parece? Quizá simplemente no le importe, y por eso lo dice.
-¿Estás segura? – Pregunta Andrés.
-¡Claro! ¿Acaso no puedo hacerlo o qué?
-N…
-Andrés, si quiere hacerlo sola, déjala ya es mayor para tomar sus decisiones ¿no? – Le interrumpo yo sonriendo.
-Vale, como quieras. Creo que no tenemos nada más que aclarar por hoy, simplemente sabemos que esto va a ser duro, que probablemente solo nos tengamos a nosotros, y tenemos que estar unidos, y por eso y aunque os parezca una ñoñería y una estupidez, creo que nos vendría bien un abrazo a todos, porque hoy ha sido un día duro y esto reconforta. – Dice Andrés.
-Excelente idea. – Digo yo a regañadientes.
Así que uno a uno, incluso Laura, muy renuente, y con cara de estar haciéndolo solo por no discutir más, nos vamos juntando. Después Andrés se va a su cuarto a dormir, pero deja la puerta abierta al igual que todos los demás. Drita y Laura se van al cuarto de sus padres y Alex y yo nos dirigimos al cuarto de Matt.
Pasada ya de largo la media noche me medio desperté en el cambio de turno, y vi como Alex se levantaba y Matt se metía en la cama.
Me volví a dormir.
-Edu, anda despierta, que te toca ya. – Oigo a lo lejos que me dice Drita desde la puerta.
Me levanto y voy al baño a mojarme la cara y a aliviarme, y una vez más despierto me siento en el sofá del salón junto a Andrés.
-Bueno, ahora que ya estamos solos dame tu valoración personal.
-Espera un poco a que se duerman, no creo que sea bueno asustar a los demás, ¿No crees? – Dice Andrés medio en serio medio bromeando.
-De acuerdo.
Al cabo de un rato se nos olvida todo, y simplemente disfrutamos de saber que de momento estamos a salvo, y de una aburrida partida de cartas entre dos. El tiempo pasa volando, y antes de que nos demos cuenta el turno se acaba.
-Vete a dormir anda, ya despierto yo a Laura. – Digo yo.
-Vale, buenas noches.
Me dirijo a la habitación donde está ella, y me acerco para despertarla. La verdad es que esto nunca ha sido lo mío, y menos con una chica, o bueno, una mujer, así que simplemente le poso una mano en el hombro y la agito un poco. Cuando veo que entreabre los ojos le digo:
-Te toca.
Se levanta, yo me meto en la cama, y rápidamente me duermo.
Me despierto apenas media hora después. Mierda, me he desvelado. Me levanto, y noto como ha descendido la temperatura. Cojo una manta y me dirijo al salón donde está Laura sentada. Se sorprende un poco al verme, pero no dice nada.
-Anda, toma que lo que nos faltaba era que cogieses un catarro.
-Estoy bien. – Contesta ella.
Ignoro su comentario y le echo la manta por encima y me meto yo también debajo procurando no meterme en su espacio personal, ya que no quiero molestarla.
-Aun queda una larga noche y puede ser muy aburrido pasarla sola. – Comento yo.
-Si, pero puede ser peor que te den el coñazo. – Dice ella medio sonriendo.
-Sin duda, así que calla ya. – Le digo mientras le saco la lengua en un mohín.
A las siete de la mañana me levanto del sofá y preparó un café sin derrochar mucho, y así el resto se van levantando al olor de las sardinas.
-Buenos días dormilones, he preparado pan tostado, por suerte quedaba más de media barra de ayer, y se iba a acabar perdiendo.
Os contaré un poco como están las cosas por aquí. Hay partes buenas y partes malas dejando a un lado lo obvio. Las malas son que la continua lucha por la supervivencia desgasta mucho para aquellos que no saben entretenerse, y por supuesto que estamos rodeados de esos jodidos zombis que ansían hincarnos el diente. Las buenas son que hemos dejado atrás esa horrible época de consumismo, de pelear por estar en lo alto de una empresa, de tener que matarte estudiando para acabar matándote trabajando, y todo ese continuo sin vivir. Visto así esto de los zombis parece un mal menor. Lo único que hecho de menos es un poco de variedad entre las mujeres.
Hoy hemos tenido que ir a por comida y a por munición, nada fuera de lo normal ya que una vez que te acostumbras a ir pegando tiros en la cabeza a monstruos que desean matarte, se convierte en un juego competitivo por ver quien mata a más. De momento solo me gana Laura, que ha demostrado muy buen pulso y una sangre fría admirable. Me encanta verla cuando desde la puerta abierta de la caja del furgón* apunta con su arma a los zombis, y les revienta la cabeza literalmente, para después girar la cabeza, sonreírme, guiñar un ojo y decir en alto: “Ya van 102”.
Por hoy creo que nada más, hoy descanso hasta las 5 de la mañana que empieza mi turno.
Cuando Matt y yo acabamos de reforzar la puerta con todo lo que teníamos a mano, nos separamos de ella para ver que aspecto tenía. Parecía sólido, esperaba que aguantase en caso de que lo necesitásemos. En ese momento oímos en la calle un grito de una mujer que no auguraba nada bueno.
-Joder. - Oí que susurraba Matt.
-Bueno, tal vez se le haya caído el bolso en el pie. – Comento Laura. Comentario por el que nadie se rió, pero que hizo que consiguiese sonreír un poco.
Una vez acabé con eso, decidí que en el sitio en el que más útil podía ser era en la cocina, no soy un chef, pero llevo toda la vida cocinando junto con mi madre… Mis padres, otro tema importante en el que no me he permitido pensar por miedo a derrumbarme. Cuando llegué a la cocina vi que Alex estaba en serios apuros, porque queriendo ser útil se había ofrecido a cocinar, pero no parecía saber muy bien lo que hacer, por lo que opté por tomar el mando.
-¿Qué tiene pensado hacer para nosotros hoy “Chef Alex”? – Bromee yo.
-Pues la verdad es que mi especialidad es el pato a la naranja, pero carezco de pato y solo tengo limones.
-Anda, déjame a mí, a ver que hay por aquí. - Dije yo al tiempo que abría la nevera.
Vi que en la nevera había tres pizzas que por suerte caducaban en breve por lo que tendríamos que cenarlas hoy, lo que permitiría que el ánimo subiese un poco. También observé que había unos espaguetis en una Tupper, por lo que los saqué además de la pizza, y los metí en el congelador, así aguantarían más, al menos hasta que cortasen la electricidad.
-Enciende el horno al máximo anda, y cuando esté caliente mételas y estate atento a que no se quemen. – Le susurré yo mientras notaba como me empezaban a fallar un poco las fuerzas.
Opté por ir al baño, y cerrar la puerta tras de mí. Abrí en grifo, me mojé la cara, y me enjuagué la boca. Mucho mejor sin duda. Aunque solo habían pasado un par de horas desde que vi como un avión se estrellaba apenas a unos kilómetros de la casa de mis abuelos tenía un aspecto bastante horrible. Preferí no pensar mucho en ello, ahora poco importaba. Puse el tapón en el lavabo, y abrí el grifo. El lavabo se llenó rápido. Decidí que una ducha rápida ayudaría, y cuando acabé, se lo propuse a los demás.
-Chicos, no estaría mal que aprovechásemos para ducharnos hoy, aunque sea una ducha rápida, nos relajará y además no sabemos cuando podremos volver a ducharnos.
-Vale, pues voy yo. – Dijo Nuria.
Volví a la cocina, y le eché un ojo a las pizzas, que ya casi estaban, apagué el horno y las dejé dentro un rato más. Cogí una botella que había vacía, la llené de agua del grifo, y la metí en la nevera. Ese era uno de los caprichos que tendría que dejar atrás en breve.
No tardaron mucho en acabar de ducharse, y para entonces yo ya había sacado las pizzas y las había cortado. Andrés y Matt ya habían puesto la mesa. Las chicas habían cerrado todas las persianas, y habían corrido las cortinas. Me puse un trapo en el brazo en plan camarero, y tapé las pizzas con papel de plata.
-Bueno queridos comensales, - dije en tono jocoso – hoy tenemos de primero una deliciosa mezcla de crema de tomate, con ralladura de formaggio, champiñones de los montes alpinos, y carne de los mejores cerdos de toda la comarca, criados especialmente por Frodo y Sam, por supuesto todo ello sobre una cama de hojaldre hecho por nuestros mejores amasadores. De segundo y de tercero hay más o menos lo mismo, así que, amén y a comer.
Al menos conseguí arrancar alguna sonrisa que era lo que quería. Me levanté de la mesa y fui corriendo a por mi agua de la nevera esperando que estuviese suficientemente fría.
-Agua del grifo en la nevera, todo un capricho. – Bajé el tono y lo puse como si les contase una confidencia. – Es nuestra mejor cosecha.
Cuando acabamos de cenar decidimos como iban a ser las guardias, y por ser la primera noche las haríamos de dos en dos.
-Bien, - dice Andrés – yo creo que Matt tu deberías hacer la primera, porque una vez que te despiertas no te vuelves a dormir. ¿A alguien más le pasa esto?
-No, pero yo haré la primera con él. – Dice entre bostezos Nuria – No creo que pueda despertarme después.
-Vale, pues la siguiente la podéis hacer tú y Drita. – Dice mirando a Alex.
-Por mí bien.
-Y por mi también.
-Pero somos impares, alguien se queda solo fijo. – Comento yo.
-Yo me quedaré sola, a mi no me importa. – Dice Laura.
Esta chica siempre intenta ser la más fuerte del grupo, y eso me llama la atención. ¿Lo será o solo lo parece? Quizá simplemente no le importe, y por eso lo dice.
-¿Estás segura? – Pregunta Andrés.
-¡Claro! ¿Acaso no puedo hacerlo o qué?
-N…
-Andrés, si quiere hacerlo sola, déjala ya es mayor para tomar sus decisiones ¿no? – Le interrumpo yo sonriendo.
-Vale, como quieras. Creo que no tenemos nada más que aclarar por hoy, simplemente sabemos que esto va a ser duro, que probablemente solo nos tengamos a nosotros, y tenemos que estar unidos, y por eso y aunque os parezca una ñoñería y una estupidez, creo que nos vendría bien un abrazo a todos, porque hoy ha sido un día duro y esto reconforta. – Dice Andrés.
-Excelente idea. – Digo yo a regañadientes.
Así que uno a uno, incluso Laura, muy renuente, y con cara de estar haciéndolo solo por no discutir más, nos vamos juntando. Después Andrés se va a su cuarto a dormir, pero deja la puerta abierta al igual que todos los demás. Drita y Laura se van al cuarto de sus padres y Alex y yo nos dirigimos al cuarto de Matt.
Pasada ya de largo la media noche me medio desperté en el cambio de turno, y vi como Alex se levantaba y Matt se metía en la cama.
Me volví a dormir.
-Edu, anda despierta, que te toca ya. – Oigo a lo lejos que me dice Drita desde la puerta.
Me levanto y voy al baño a mojarme la cara y a aliviarme, y una vez más despierto me siento en el sofá del salón junto a Andrés.
-Bueno, ahora que ya estamos solos dame tu valoración personal.
-Espera un poco a que se duerman, no creo que sea bueno asustar a los demás, ¿No crees? – Dice Andrés medio en serio medio bromeando.
-De acuerdo.
Al cabo de un rato se nos olvida todo, y simplemente disfrutamos de saber que de momento estamos a salvo, y de una aburrida partida de cartas entre dos. El tiempo pasa volando, y antes de que nos demos cuenta el turno se acaba.
-Vete a dormir anda, ya despierto yo a Laura. – Digo yo.
-Vale, buenas noches.
Me dirijo a la habitación donde está ella, y me acerco para despertarla. La verdad es que esto nunca ha sido lo mío, y menos con una chica, o bueno, una mujer, así que simplemente le poso una mano en el hombro y la agito un poco. Cuando veo que entreabre los ojos le digo:
-Te toca.
Se levanta, yo me meto en la cama, y rápidamente me duermo.
Me despierto apenas media hora después. Mierda, me he desvelado. Me levanto, y noto como ha descendido la temperatura. Cojo una manta y me dirijo al salón donde está Laura sentada. Se sorprende un poco al verme, pero no dice nada.
-Anda, toma que lo que nos faltaba era que cogieses un catarro.
-Estoy bien. – Contesta ella.
Ignoro su comentario y le echo la manta por encima y me meto yo también debajo procurando no meterme en su espacio personal, ya que no quiero molestarla.
-Aun queda una larga noche y puede ser muy aburrido pasarla sola. – Comento yo.
-Si, pero puede ser peor que te den el coñazo. – Dice ella medio sonriendo.
-Sin duda, así que calla ya. – Le digo mientras le saco la lengua en un mohín.
A las siete de la mañana me levanto del sofá y preparó un café sin derrochar mucho, y así el resto se van levantando al olor de las sardinas.
-Buenos días dormilones, he preparado pan tostado, por suerte quedaba más de media barra de ayer, y se iba a acabar perdiendo.
martes, 24 de mayo de 2011
Just one second.
Quiero abrazarte y cubrirte de besos hasta que el amanecer nos meta prisa y le esquivemos cerrando las persianas.
Quiero compartir segundos de un reloj de arena averiado, que se empeña en alargar el tiempo solo para concedernos algunas horas extra en las que dar rienda suelta al empeño de nuestros cuerpos de ser uno solo.
Quiero disfrutar del sonido de tu risa cada vez que alguna locura consigue escapar de las redes de mi conciencia para posarse suavemente en la locura que te acompaña.
Quiero poder volar hacia conciertos de plumas en lo alto de una montaña, donde el sabor del aire limpio nos llene los pulmones y refresque nuestras ganas de vivir.
Quiero ayudarte con tus deberes y sentirme viejo a tu lado.
Quiero sentarme a leerte la humilde prosa que sale de mi cabeza y verte sonreír con cada una de las "capulladas" que se me ocurren.
Quiero compartir segundos de un reloj de arena averiado, que se empeña en alargar el tiempo solo para concedernos algunas horas extra en las que dar rienda suelta al empeño de nuestros cuerpos de ser uno solo.
Quiero disfrutar del sonido de tu risa cada vez que alguna locura consigue escapar de las redes de mi conciencia para posarse suavemente en la locura que te acompaña.
Quiero poder volar hacia conciertos de plumas en lo alto de una montaña, donde el sabor del aire limpio nos llene los pulmones y refresque nuestras ganas de vivir.
Quiero ayudarte con tus deberes y sentirme viejo a tu lado.
Quiero sentarme a leerte la humilde prosa que sale de mi cabeza y verte sonreír con cada una de las "capulladas" que se me ocurren.
Capturar cada una de las sonrisas para guardarlas en un bote que solo abriré cuando el recuerdo de tus besos sea tan lejano que ni el más eterno de los encuentros sea capaz de saciarnos...
domingo, 22 de mayo de 2011
Apocalipsis Zombi (Cap. 1)
15 de octubre de 2011.
Cada vez se me hace más difícil comprender como conseguimos mantenernos cuerdos después de tanto tiempo; supongo que porque somos un grupo de amigos variopintos, y bastante bien preparados psicológicamente para este jodido drama.
Andrés nos ha sorprendido hoy a todos al entregarnos una libreta y un bolígrafo a cada uno, con la intención de que no nos volvamos locos. Además es una buena forma que aun destinados al olvido, una parte de nosotros quede guardada, al menos por unos años.
Por hoy creo que esto es todo, me toca turno de vigilancia, y tengo que estar atento. Al menos este turno me reiré un rato. Me toca con Matt.
-“Señoras, señores, una horda de personas ha ido atacando distintos puntos de la península. Los ataques se centran en los núcleos urbanos, son altamente violentos y de un carácter totalmente desconocido hasta ahora. Parece que están afectados por algún tipo de virus que les hace extremadamente peligrosos; no atienden a ningún tipo de razonamiento, y su objetivo es alimentarse de carne humana. Además, han demostrado no reaccionar al dolor, al cansancio o a gases lacrimógenos. La única forma de detenerlos es atacando al cerebro.
Les recomendamos que permanezcan en sus casas, y no intenten enfrentarse a esas personas, así mismo les recomendamos que no intenten huir en coche ya que todas las carreteras están cortadas o colapsadas por el alto número de personas que han cogido sus vehículos para escapar. Las noticias no son buenas esta noche, pero son las que hay. Buenas noches, y recuerden, no existen los héroes, solo personas que creen serlo.”
Mierda, pienso yo tras apagar la televisión, esto es lo que sabíamos que podía pasar. Rápidamente cojo una silla y me subo a ella. Alcanzo a coger la mochila que está en lo alto de mi armario. De ella saco un walkie-talkie, le pongo pilas y lo enciendo. Ahora me alegro de haber tomado tiempo atrás esta precaución, espero que Andrés no se la tomase en broma, pero no me preocupa, no es su estilo.
-¿Andrés? ¿Me recibes? ¿Andrés?- Digo yo mientras me quedo mirando el aparato en busca de respuestas.
-¿Edu? ¿Estás ahí? Cambio.- Responde una voz desde el aparato
-Sí, estoy aquí. Lo que temíamos ha llegado, ¿qué hago? Cambio.
-¿Dónde estás? Cambio.
-Por suerte en casa de mis abuelos. ¿Voy para allá? Tengo aquí todo. Cambio
-Estamos aquí todos, menos mis padres, que están en Valladolid. Ven, pero por favor ten mucho cuidado. Si tienes algún problema dejo el walkie encendido. Cambio.
Eso me deja más tranquilo, aunque el corazón me va mil por hora. Está empezando a anochecer y tengo que darme prisa si no quiero que me pille algo peor que la noche, pienso mientras cierro bien la mochila, y la ajusto a mi espalda. Bajo por las escaleras, no me gustaría encontrarme con que salgo del ascensor y al otro lado hay un comité de bienvenida. Por suerte o por desgracia, se notan los efectos, pequeños fuegos, gente corriendo con miedo, y no circulan coches por esta carretera. Es la de entrada y no la de salida, colapsada por cientos de coches. Tengo la adrenalina a mil, y la aprovecho para esprintar hasta que llego al portal donde al menos estaré más seguro y acompañado. Llamo al portal y entro. Subo por las escaleras y llego a la puerta.
-¿Estás bien?- Dice Andrés dándome un nervioso abrazo.
-Sí, tranquilo, solo estoy acojonado.
En el interior todo el mundo parece estar igual. Apenas hablan entre ellos, y están todos muy atareados asegurando la casa, pero cuando llego, todos se acercan a recibirme.
-Ahí fuera está todo muy jodido. Tal y como esperábamos a cundido el pánico, y la gente está tratando de escapar, no parece que haya muchos zombis pero nunca se sabe, a lo mejor solo es que no están por esta zona. Hay algún que otro fuego, y pequeños disturbios y saqueos. Nada especialmente alarmante.
-Bueno, eso es lo de menos, lo importante es que estamos todos. -Dice Matt.
-Si, -comento yo- pero necesitamos un plan. Yo creo que estaremos mejor en mi casa, es más grande, está más alejada de la ciudad, es más segura, tiene mayor capacidad de almacenamiento, y quizá un buen posible abastecimiento.
-Vale, no es mala idea, pero primero necesitamos armas, un vehículo, y esperar a que se calme todo un poco, porque tal y como están las cosas es imposible escapar por carretera a ningún sitio. -Dice Laura desde su sitio en el sofá.
-Lo primordial ahora es aclimatar esta casa para poder pasar aquí un tiempo. Comida, agua, un sitio donde dormir, reforzar la puerta, asegurar las escaleras, preparar los turnos de vigilancia, hacer el menor ruido posible, apagar las luces, y cerrar las persianas. -Propone Andrés.
-Vale, yo me encargo de hacer un inventario de las cosas de las que disponemos.
-Yo de preparar sitios donde dormir.
-Yo voy a hacer una pequeña barricada en la puerta.
-Vale, dejo la mochila y te ayudo.- Digo yo.
Cada vez se me hace más difícil comprender como conseguimos mantenernos cuerdos después de tanto tiempo; supongo que porque somos un grupo de amigos variopintos, y bastante bien preparados psicológicamente para este jodido drama.
Andrés nos ha sorprendido hoy a todos al entregarnos una libreta y un bolígrafo a cada uno, con la intención de que no nos volvamos locos. Además es una buena forma que aun destinados al olvido, una parte de nosotros quede guardada, al menos por unos años.
Por hoy creo que esto es todo, me toca turno de vigilancia, y tengo que estar atento. Al menos este turno me reiré un rato. Me toca con Matt.
-“Señoras, señores, una horda de personas ha ido atacando distintos puntos de la península. Los ataques se centran en los núcleos urbanos, son altamente violentos y de un carácter totalmente desconocido hasta ahora. Parece que están afectados por algún tipo de virus que les hace extremadamente peligrosos; no atienden a ningún tipo de razonamiento, y su objetivo es alimentarse de carne humana. Además, han demostrado no reaccionar al dolor, al cansancio o a gases lacrimógenos. La única forma de detenerlos es atacando al cerebro.
Les recomendamos que permanezcan en sus casas, y no intenten enfrentarse a esas personas, así mismo les recomendamos que no intenten huir en coche ya que todas las carreteras están cortadas o colapsadas por el alto número de personas que han cogido sus vehículos para escapar. Las noticias no son buenas esta noche, pero son las que hay. Buenas noches, y recuerden, no existen los héroes, solo personas que creen serlo.”
Mierda, pienso yo tras apagar la televisión, esto es lo que sabíamos que podía pasar. Rápidamente cojo una silla y me subo a ella. Alcanzo a coger la mochila que está en lo alto de mi armario. De ella saco un walkie-talkie, le pongo pilas y lo enciendo. Ahora me alegro de haber tomado tiempo atrás esta precaución, espero que Andrés no se la tomase en broma, pero no me preocupa, no es su estilo.
-¿Andrés? ¿Me recibes? ¿Andrés?- Digo yo mientras me quedo mirando el aparato en busca de respuestas.
-¿Edu? ¿Estás ahí? Cambio.- Responde una voz desde el aparato
-Sí, estoy aquí. Lo que temíamos ha llegado, ¿qué hago? Cambio.
-¿Dónde estás? Cambio.
-Por suerte en casa de mis abuelos. ¿Voy para allá? Tengo aquí todo. Cambio
-Estamos aquí todos, menos mis padres, que están en Valladolid. Ven, pero por favor ten mucho cuidado. Si tienes algún problema dejo el walkie encendido. Cambio.
Eso me deja más tranquilo, aunque el corazón me va mil por hora. Está empezando a anochecer y tengo que darme prisa si no quiero que me pille algo peor que la noche, pienso mientras cierro bien la mochila, y la ajusto a mi espalda. Bajo por las escaleras, no me gustaría encontrarme con que salgo del ascensor y al otro lado hay un comité de bienvenida. Por suerte o por desgracia, se notan los efectos, pequeños fuegos, gente corriendo con miedo, y no circulan coches por esta carretera. Es la de entrada y no la de salida, colapsada por cientos de coches. Tengo la adrenalina a mil, y la aprovecho para esprintar hasta que llego al portal donde al menos estaré más seguro y acompañado. Llamo al portal y entro. Subo por las escaleras y llego a la puerta.
-¿Estás bien?- Dice Andrés dándome un nervioso abrazo.
-Sí, tranquilo, solo estoy acojonado.
En el interior todo el mundo parece estar igual. Apenas hablan entre ellos, y están todos muy atareados asegurando la casa, pero cuando llego, todos se acercan a recibirme.
-Ahí fuera está todo muy jodido. Tal y como esperábamos a cundido el pánico, y la gente está tratando de escapar, no parece que haya muchos zombis pero nunca se sabe, a lo mejor solo es que no están por esta zona. Hay algún que otro fuego, y pequeños disturbios y saqueos. Nada especialmente alarmante.
-Bueno, eso es lo de menos, lo importante es que estamos todos. -Dice Matt.
-Si, -comento yo- pero necesitamos un plan. Yo creo que estaremos mejor en mi casa, es más grande, está más alejada de la ciudad, es más segura, tiene mayor capacidad de almacenamiento, y quizá un buen posible abastecimiento.
-Vale, no es mala idea, pero primero necesitamos armas, un vehículo, y esperar a que se calme todo un poco, porque tal y como están las cosas es imposible escapar por carretera a ningún sitio. -Dice Laura desde su sitio en el sofá.
-Lo primordial ahora es aclimatar esta casa para poder pasar aquí un tiempo. Comida, agua, un sitio donde dormir, reforzar la puerta, asegurar las escaleras, preparar los turnos de vigilancia, hacer el menor ruido posible, apagar las luces, y cerrar las persianas. -Propone Andrés.
-Vale, yo me encargo de hacer un inventario de las cosas de las que disponemos.
-Yo de preparar sitios donde dormir.
-Yo voy a hacer una pequeña barricada en la puerta.
-Vale, dejo la mochila y te ayudo.- Digo yo.
Una nueva historia, a ver que os parece.
Quizá inspirado por la historia de la querida pádawan de mi antiguo Maestro, he decidido que voy a comenzar a publicar algo que empecé a escribir hace un tiempo y que es la historia de un grupo de amigos (entre ellos yo), que tratan de sobrevivir a un Apocalipsis Zombi (A.Z)
Ya sé lo que diréis, "que original". Y sí, tenéis razón. Soy la hostia de original.
En fin, os explico un poco, para aquellos que os apetezca leerlo, que no seréis muchos. Hay dos tipos dentro del texto. Los que narran lo que está pasando en la actualidad, que es unos meses en el futuro, cuando el A.Z ya está avanzado y que será en formato diario y estará en cursiva. Y la otra serán una especie de flashbacks que narrarán lo que pasó cuando estalló todo y comenzó la locura.
Si hay alguna duda, preguntad, que no es pecado.
Ya sé lo que diréis, "que original". Y sí, tenéis razón. Soy la hostia de original.
En fin, os explico un poco, para aquellos que os apetezca leerlo, que no seréis muchos. Hay dos tipos dentro del texto. Los que narran lo que está pasando en la actualidad, que es unos meses en el futuro, cuando el A.Z ya está avanzado y que será en formato diario y estará en cursiva. Y la otra serán una especie de flashbacks que narrarán lo que pasó cuando estalló todo y comenzó la locura.
Si hay alguna duda, preguntad, que no es pecado.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Sígueme con tu sonrisa.
Los besos que te mando se acercan volando a traves de la ventana abierta hasta posarse sobre tu sonrisa. Y esa sonrisa eterna me recibe con los brazos abiertos como si en realidad se tratase de un viejo amigo al que la añoranza recuerda día tras día mientras el sol sale y la luna vela por nuestros sueños. El vuelo del pájaro que te envío para recordarte que el invierno ha pasado y que los cuerpos se entrelazan como uno solo se ha desviado del camino, entreteniéndose para recoger unas cuantas ramas con las que construir unos cuantos sueños que solo nos pertenecen a nosotros. Los niños comienzan a saborear esos días previos al verano. Esos que saben a libertad, a salitre y a heridas en las rodillas. Esos que tanto echarán de menos cuando tengan que decirle adiós a todo y yo tenga que decirle hasta luego a las miradas.
Y volver a nacer junto a un sonido palpitante que sordo a todo consejo me dice que continue caminando.
Y volver a nacer junto a un sonido palpitante que sordo a todo consejo me dice que continue caminando.
lunes, 16 de mayo de 2011
Tímida.
Los besos que rozan la piel mientras cerramos los ojos, acompañados por el lamento de un violín y un cliché en forma de mirada.
El sabor de las lágrimas capturadas por mis dedos antes de que abandonen su cálido recipiente. Al compás de la imaginación que acaricia tu barbilla alzando tu cabeza hasta que nuestras miradas se encuentran y el color de tus mejillas se torna carmesí, haciendo compañía al rojo latir de tus labios.
Tu ombligo, que es también el de mi mundo, llamándome para que le haga compañía en las noches frías en las que los lamentos de mí corazón resuenan por encima de los muros de piedra que lo rodean, protegiéndolo, pero ahogándolo.
La muerte acompañado de la dulzura de tu lengua.
El sabor de las lágrimas capturadas por mis dedos antes de que abandonen su cálido recipiente. Al compás de la imaginación que acaricia tu barbilla alzando tu cabeza hasta que nuestras miradas se encuentran y el color de tus mejillas se torna carmesí, haciendo compañía al rojo latir de tus labios.
Tu ombligo, que es también el de mi mundo, llamándome para que le haga compañía en las noches frías en las que los lamentos de mí corazón resuenan por encima de los muros de piedra que lo rodean, protegiéndolo, pero ahogándolo.
La muerte acompañado de la dulzura de tu lengua.
Mi muerte, mi cálida muerte en tus brazos...
domingo, 15 de mayo de 2011
Mírame con la boca y sonríeme con los ojos.
Es increíble la facilidad con la que las palabras parecen huir de mí en cuanto el viento arrastra unas cuantas sonrisas. Sonrisas de esas que asombran cuando las ves pintadas en la cara de una persona mayor con su nieto, o en la de dos personas que se quieren, o incluso en la de un grupo de amigos que disfrutan de sentirse invencibles. Pero hay sonrisas falsas, y parece que a base de verlas en todas partes, uno aprende a detectarlas a kilómetros. En realidad es fácil darse cuenta de si una sonrisa es de verdad o no, solo tienes que ver si permanece en la boca, o si por el contrario llama al ascensor y sube hasta los ojos. Pero sin duda, mis sonrisas favoritas son esas que se hacen disimuladamente y que solo se ven si te fijas. Esas sonrisas se hacen exclusivamente con los ojos, a hurtadillas, porque son sonrisas cómplices y solo se comparten entre el emisor y el receptor. Son únicas, inmejorables.
Y generalmente, tristes.
lunes, 18 de abril de 2011
She.
El calor de dos cuerpos en la oscuridad se refleja en el contorno de tus caderas, que como si de un imán se tratasen, atraen continuamente a mis manos que se posan perezosas sobre ellas. Solo distingo tus labios y tus ojos con claridad, y es que de tanto observarlos, los tengo grabados en lo más profundo de mi mente. Son mi punto de referencia junto con la estrella polar que se une a tu ombligo y la cola de la osa mayor que asciende hasta tu pecho.
Tus ojos están cerrados y tu cuerpo descansando después de una noche como esta, que no deja coger aliento más que para gemir y romper el silencio con súplicas de pasión. Sonrío mientras te tapo y me levanto sin desgastar el sonido para no despertarte aún, pero tu oído acostumbrado a los sonidos que produce mi cuerpo al roce con la tela me delata y tu mano se aferra a mi muñeca.
Me miras y tus ojos me atrapan otra vez. Y de nuevo mis labios rozan los tuyos apenas unos segundos antes de entrelazar mi cuerpo con el tuyo y de pedirle al amanecer que nos conceda una tregua.
Tus ojos están cerrados y tu cuerpo descansando después de una noche como esta, que no deja coger aliento más que para gemir y romper el silencio con súplicas de pasión. Sonrío mientras te tapo y me levanto sin desgastar el sonido para no despertarte aún, pero tu oído acostumbrado a los sonidos que produce mi cuerpo al roce con la tela me delata y tu mano se aferra a mi muñeca.
Me miras y tus ojos me atrapan otra vez. Y de nuevo mis labios rozan los tuyos apenas unos segundos antes de entrelazar mi cuerpo con el tuyo y de pedirle al amanecer que nos conceda una tregua.
sábado, 2 de abril de 2011
Now.
Me da miedo que de tanto dejar estancadas en mis labios esas dos palabras que por prudencia callo, desaparezcan en el olvido del pasado. Me da miedo que por no decirlas un día te adelantes en el camino y decidas ir en otra dirección, quizá opuesta a la mía, sin antes haber ido siquiera de mi mano. Me da miedo también que mi propia cobardía me ate las manos a la espalda y no me deje acariciarte la cara, el cuello, las manos, la espalda.
Y puede que sea el momento de dejar atrás el miedo y empezar a desnudar mis alas.
martes, 29 de marzo de 2011
Carry on.
Todo el calor se escapa de mi alejándose a media carrera con la lluvia que empapa de sonido las aceras. El sabor agridulce del tiempo encaja perfectamente con la música que se funde en mis oídos. Y es que camino bajo las lágrimas que resbalan desde el cielo para buscar la pregunta a una respuesta que ya tengo a mi lado. En forma de sombra se desliza por mi piel el olor aún fresco de un adiós, ese que aún conserva la esencia de su pelo y de su piel, el mismo que a veces queda sobre mi almohada tras haber soñado con ella y que es la única prueba sensorial que somos capaces de conjurar cuando despertamos y no podemos recordar.
Me detengo cuando me doy cuenta de que no es más que un sueño y que tan solo he vuelto a quedarme dormido sobre tu recuerdo.
Me detengo cuando me doy cuenta de que no es más que un sueño y que tan solo he vuelto a quedarme dormido sobre tu recuerdo.
martes, 22 de marzo de 2011
¿Qué ves?
Busco la manera de evadirme de la realidad cuando me hundo en tus pupilas. Lo que ves reflejado en ellos es una verdad muy distinta a la que hay fuera. Tengo miedo de apartar la mirada y que todo sea más oscuro y triste que dentro de tus ojos. Pero también tengo miedo de engancharme demasiado y luego no ser capaz de ver nada más allá.
Si tan solo pudiésemos vivir como lo narran las palabras de un cuento olvidado bajo una cama de una princesa que ya abandonó el reino, si tan solo hubiese una posibilidad de librarnos de las cadenas que impiden que los labios se nos llenen de besos y la piel de caricias...
Ojalá fuese todo más fácil. Ojalá tu no fueses tú y yo no fuese un idiota que no sabe lo que quiere. Ojalá vivir fuera fácil lejos de tu risa.
Pero ni este es un cuento de hadas, ni yo soy un sapo en una charca.
sábado, 12 de marzo de 2011
Dos cafés con tonos verdes.
-¿Vienes?
-Los muertos ni hablan, ni entienden -contesté yo-. Y mucho menos caminan.
-Tú no pareces demasiado muerto.
-Pero tampoco estoy vivo.
-¿Cómo no vas a estar vivo? -preguntaron sus ojos extrañados-.
-¿Cómo puedo estarlo si en cuanto te marchas ya te echo de menos?
-Los muertos ni hablan, ni entienden -contesté yo-. Y mucho menos caminan.
-Tú no pareces demasiado muerto.
-Pero tampoco estoy vivo.
-¿Cómo no vas a estar vivo? -preguntaron sus ojos extrañados-.
-¿Cómo puedo estarlo si en cuanto te marchas ya te echo de menos?
martes, 1 de marzo de 2011
Dreams.
Cuando la quietud de la noche es rasgada por el melancólico sonido de un violín, él abre su ojo. El aroma de la tierra mojada lo impregna todo y la humedad en sus manos hacen que su carne se abra con facilidad.
Un continuo pasillo con una luz a lo lejos. Una luz morada. Un astro morado entre las estrellas. Unas estrellas blancas que explotan gritando. Gritos que perforan los oídos de un guerrero enterrado en vida. Una vida que se escapa entre la arena que levanta el viento entre las rocas. Rocas afiladas como cuchillos que arañan las paredes de un pasillo con un chirriante sonido metálico.
Un continuo pasillo con una luz a lo lejos...
Un continuo pasillo con una luz a lo lejos. Una luz morada. Un astro morado entre las estrellas. Unas estrellas blancas que explotan gritando. Gritos que perforan los oídos de un guerrero enterrado en vida. Una vida que se escapa entre la arena que levanta el viento entre las rocas. Rocas afiladas como cuchillos que arañan las paredes de un pasillo con un chirriante sonido metálico.
Un continuo pasillo con una luz a lo lejos...
martes, 22 de febrero de 2011
¿Qué podría dibujar este poeta?
¿Qué podría dibujar este poeta?
Palabras encadenadas sobre un futuro incierto, con nubes negras como copiloto, pero con un sol en el bolsillo, el chico camina hacia... donde los ojos no ven y el corazón no grita falto de esperanza. Ay, cuantos pasos dará hasta encontrarse con la razón. Se guía por el viento que arrecia contra su alma, alma sin destino, que busca a alguien con quien compartir sus pecados. Que ansía la soledad de dos cuerpos tendidos sobre la cama, la de la piel en contacto con el fuego, y la del fuego sobre el cielo. Que desea morir porque siente su cuerpo como flor en el desierto. Camina, camina... Tararea una canción que no termina, alzando las manos en pro de encontrar una nueva brisa entre sus dedos. ¿Quién le espera al otro lado del horizonte? La sal del mar le niega el derecho a saciar su sed, y con los labios agrietados por el amor usado, encuentra una sombra alargada por la luz de un sol que se niega a permanecer a su lado. El viento cambia y el olor a salitre desaparece sustituido por su olor. El Olor. Siente como si el corazón se oxigenara. Poco a poco, se va embriagando de aquel aroma que recorre cada esquina de su cuerpo. Como atado a las manos de Morfeo, arrastra su mente por aquel edén de fantasía que le concede el viento. Ella, ese fuego y esa pasión adobadas en una urna de cristal. Suavidad en danza, el amor ante los ojos de cualquiera. Y él, ingenuo, estira la mano para atrapar la suya, pero sólo aferra su reflejo como si de la Luna se tratase, en un charco formado por sus propias lágrimas. Lágrimas amargas que resbalan por el abismo del terror que le produce su ausencia. La ausencia de alguien que nunca le ha pertenecido, puesto que no hay alma que pueda atarse a las cadenas de otra. Pobre ingenuo, pobre romántico, pobre eterno soñador. Ninguna mujer... ninguna, tiene dueño.
Algo se apaga en él. Se sienta en el suelo poblado de espejismos. Le habla a sus recuerdos perdiendo la noción de dónde habita la cordura y dónde abrazar la locura de unos besos que se le negaron. Quizá no pensó lo suficiente, o quizá pensó demasiado. Suspira, intenta calmar los gritos de su interior. ¿Quiere acaso seguir su camino hasta caer en la línea del horizonte? Los atisbos de esperanza que le quedaban se difuminan poco a poco mientras el sol se esconde. "No", se dice a si mismo, "Una lagrima no cura la sed de un rostro seco". Busca entre sus bolsillos, y encuentra lo único que necesita, una bola brillante que palpita en sus manos como con vida propia. La esencia de las almas de antaño resuenan en su interior. Con un movimiento resuelto la posa en la palma de su mano y mira al cielo. La apoya en su pecho y deja que su esencia se expanda, convirtiendo sus ideales en alas que le elevan muy alto.
Y desde allí, desde el altar de los dioses, donde los astros se pelean por tener una silla donde contemplar el mundo, escribe la siguiente carta: "Carta a la libertad. El papel con líneas de agua. Ningún donde, cualquier fecha... Así comienza la carta de un loco, un soñador, y un poeta:"
Texto escrito entre dos entes pensantes. Uno soy yo, y otro es un gran amigo.
lunes, 24 de enero de 2011
You and me(?)
Te quiero a mi lado. Toda la noche junto a mi. Pasan las horas y mis manos ansían fundirse con tu piel. Nuestras respiraciones se acompasan y se unen cuando el reloj de pie da las mil y una horas de esta sinfonía de placeres. Mi mente concibe otros lugares mejores, pero los descarta, pues no está tu cuerpo desnudo para adornar un amanecer.
El señuelo del sol apareciendo en la ventana me hace apartar la mirada de ti y centrarme en el calor que deposita en mi piel, perlada del sudor de una noche muy larga. No me dejo engañar, sé que el sol trae siempre las despedidas y que me tengo que conformar con haberte tenido eternamente una noche. No saber tu nombre me desconcierta, pero me visto y con un último beso robado de tus labios salgo de la habitación dejando un tenue olor a desvelo y el recuerdo de un sol brillando entre mis sábanas.
El señuelo del sol apareciendo en la ventana me hace apartar la mirada de ti y centrarme en el calor que deposita en mi piel, perlada del sudor de una noche muy larga. No me dejo engañar, sé que el sol trae siempre las despedidas y que me tengo que conformar con haberte tenido eternamente una noche. No saber tu nombre me desconcierta, pero me visto y con un último beso robado de tus labios salgo de la habitación dejando un tenue olor a desvelo y el recuerdo de un sol brillando entre mis sábanas.
domingo, 16 de enero de 2011
Supongo que el condicionamiento hacia el bienestar del resto y no del mío propio sea el principal problema de esta situación. Quizá el problema radique en que me he cansado de eso, porque no pienso renunciar a vivir, sólo porque alguien no esté de acuerdo con lo que hago. Llover nunca llueve a gusto de todos.
Aun así, a mí siempre me parecerá que el cielo está más triste cuando las lágrimas se derraman por tu cara.
Aun así, a mí siempre me parecerá que el cielo está más triste cuando las lágrimas se derraman por tu cara.
viernes, 14 de enero de 2011
Live.
Quién sabe si el tiempo volverá a detenerse o no cuando alguien se quede mirando las estrellas. O quizá un perro detenga su ladrido a la mitad porque ella pasa a su lado. No es posible vivir otro tiempo que no sea el presente, así que deja de sentirte mal por el pasado y de agobiarte por el futuro.
Y limítate a vivir.
Y limítate a vivir.
domingo, 2 de enero de 2011
What can I do?
Lo más jodido de todo es la impotencia. El saber que nada de lo que puedo hacer sirve para nada, salvo quizá simplemente estar. Soy una persona activa a la que le gusta estar en continuo movimiento, y no puedo si no retorcerme por dentro cuando veo como tu mirada se pierde más allá de donde yo puedo alcanzarte, o más lejos de mi alcance donde no puedo darte la mano.
Y decirte que por muchos monstruos que vengan, yo siempre te llevo luz.
Y decirte que por muchos monstruos que vengan, yo siempre te llevo luz.
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