21 de octubre de 2011
Echo de menos a Nilo.
-¡Dejadme entrar! –Grita una voz-. ¡Por favor!
Los gritos de una mujer al otro lado de la puerta me despiertan y veo que Laura está en de pie en el umbral de la puerta. Debo de ser el único que no se ha despertado hasta ese momento.
-¿Qué hacemos? –Pregunta Nuria-.
-¡¿Pero en serio os lo estáis planteando?! –Dice Laura incrédula-.
-Si no la dejamos pasar y sigue gritando va a acabar atrayendo a los zombis.
-Pero Mateo, no podemos meter a cualquiera en el grupo.
-¡¡Por favor!!
-Joder, parece estar sufriendo.
-No podemos dejarla pasar. Es demasiado arriesgado. Incluso aunque siga gritando –dice Andrés-. Vamos a tener que dejarla ahí.
-¿Y si le pedimos que se vaya? –Propongo yo medio dormido-. Igual cuela. O podemos amenazarla.
-¡Mire señora, o se va y se arriesga a morir en otro sitio, o salgo y la mato yo mismo! –Le grita Andrés de manera convincente-.
Los gritos y golpes cesan de repente y oímos unos pasos que resuenan en la escalera.
-¡Por favor! ¡Están subiendo! ¡Dejadme entrar por favor! –Grita desesperada la mujer- ¡Me van a matar!
Tras esto un golpe hace temblar la puerta y la mujer chilla mientras se escucha un forcejeo, el característico gemido de un zombi y un horrible desgarro de ropa. Oímos a la mujer chillar mientras el zombi la devora y durante unos minutos no somos capaces de movernos ni de decir nada. Finalmente los gritos cesan. Y Alex va al baño a vomitar.
-Al menos sabemos que no era mayor, ¿no? –Comento yo despreocupadamente-.
-¿Cómo puedes saber eso? –Pregunta Andrés-.
-Porque si no te habría dejado mal antes de morir, como todos los ancianos desconocidos que hablan contigo –Respondo riéndome-.
lunes, 27 de junio de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Pequeños aportes