miércoles, 18 de mayo de 2011

Sígueme con tu sonrisa.

Los besos que te mando se acercan volando a traves de la ventana abierta hasta posarse sobre tu sonrisa. Y esa sonrisa eterna me recibe con los brazos abiertos como si en realidad se tratase de un viejo amigo al que la añoranza recuerda día tras día mientras el sol sale y la luna vela por nuestros sueños. El vuelo del pájaro que te envío para recordarte que el invierno ha pasado y que los cuerpos se entrelazan como uno solo se ha desviado del camino, entreteniéndose para recoger unas cuantas ramas con las que construir unos cuantos sueños que solo nos pertenecen a nosotros. Los niños comienzan a saborear esos días previos al verano. Esos que saben a libertad, a salitre y a heridas en las rodillas. Esos que tanto echarán de menos cuando tengan que decirle adiós a todo y yo tenga que decirle hasta luego a las miradas.

Y volver a nacer junto a un sonido palpitante que sordo a todo consejo me dice que continue caminando.

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