Y me pregunto por qué el silencio resbala por mis sienes como gotas de sudor caliente y espeso. Y dudo de si mis palabras tienen sentido fuera de mi cabeza. Si acaso revolotean como una bandada de alocados pájaros o quizá picoteen el suelo con calma como si fuesen gallinas. El temblor de la hoja se transmite a mi mano y tengo que agarrarla fuertemente para que cese, pues debo parecer fuerte y resuelto. Pero se acerca el momento. Lo sé, ella lo sabe, lo sabemos todos. ¿Debo sonreír y dar la mano o debo ignorarles? A la mierda. Yo soy yo y mis circunstancias ¿no?
Pues eso.
jueves, 18 de agosto de 2011
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