Te quiero a mi lado. Toda la noche junto a mi. Pasan las horas y mis manos ansían fundirse con tu piel. Nuestras respiraciones se acompasan y se unen cuando el reloj de pie da las mil y una horas de esta sinfonía de placeres. Mi mente concibe otros lugares mejores, pero los descarta, pues no está tu cuerpo desnudo para adornar un amanecer.
El señuelo del sol apareciendo en la ventana me hace apartar la mirada de ti y centrarme en el calor que deposita en mi piel, perlada del sudor de una noche muy larga. No me dejo engañar, sé que el sol trae siempre las despedidas y que me tengo que conformar con haberte tenido eternamente una noche. No saber tu nombre me desconcierta, pero me visto y con un último beso robado de tus labios salgo de la habitación dejando un tenue olor a desvelo y el recuerdo de un sol brillando entre mis sábanas.
lunes, 24 de enero de 2011
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Alumbraron el amanecer muertos de frío
ResponderEliminarSe arroparon con la sensatez del desvarío
tuyo y mío de vuelta al hogar
qué vacío deja la ansiedad
qué vergüenza tendrán sus papás.