23 de octubre de 2011
Hoy he pasado un día tranquilo dando un paseo con L. Últimamente todo está más tranquilo pese a que Alex está llegando a su límite. No sé lo que supondría la muerte de uno de nosotros para el grupo, y sé que no soy el más fuerte ni nada por el estilo, pero creo que quizá, y más viendo lo que está sufriendo, deberíamos… No, no sé ni como se me ha podido pasar por la cabeza… Son mi familia ahora y tengo que protegerlos siempre.
Me siento muy unido a todos.
Los nervios me comían por dentro mientras que nos preparábamos para salir de ahí. Un rato antes habíamos estado hablando de los riesgos que quizá correríamos. Habíamos llegado a la conclusión de que probablemente habría zombis dentro del edificio, pero esperamos que no sean muchos. El plan a seguir es el siguiente:
-Preparar todo lo que tengamos que llevarnos como comida y agua pero sin restarnos movilidad, ni lastrarnos demasiado.
-Las tres armas que tenemos las llevaran Andrés, Alex y Mateo.
-Yo tengo que estar preparado para hacer el puente al coche que hemos elegido, un monovolumen que parece bastante seguro y que está al otro lado de la calle.
-Romperemos la luna del maletero y entraré yo primero por ahí. Abriré las puertas y el resto entrará y cerraremos de nuevo.
-Hago el puente y Andrés nos saca de ahí.
Parece que no es tan difícil siempre y cuando no haya demasiadas complicaciones. Si no hay demasiados zombis estoy seguro de que podremos con ello. Solo espero que no les cueste cargárselos.
-¿Habéis terminado por ahí? –Pregunta Andrés-.
De repente me doy cuenta de que llevo un buen rato mirando una pequeña botella de agua mientras pienso en mis cosas y que apenas he metido la mitad de lo que tenía que guardar.
-Ehh, sí, ya casí está –contesto mientras me apresuro a meterlo todo lo más ordenadamente posible-.
Miro a Laura, que le cae todo el pelo en cascada por la cara. A Alex, que está hablando con Mateo de cómo imprimirle más fuerza a los golpes. A Andrés que está repasando por última vez las cosas de su mochila. A Nuria y a Drita que al final han decidido que les da más miedo tener que quedarse solas que venir con nosotros y me miro las manos que han comenzado a temblarme.
Al parecer nunca había pensado que todo podría depender de mí. Aunque realmente no era así. Dependíamos todos de todos. Si un engranaje falla, estamos jodidos.
-Tranquilízate, seguro que va a ser más fácil y más tranquilo que tener que enseñar a Nilo a que salte entre las cuerdas del parque –dice Laura mientras me pone la mano sobre el antebrazo-.
-Eso seguro –le contesto sonriendo-.
Finalmente no podemos aplazar más lo inevitable y con sumo cuidado y procurando hacer el menor ruido posible desbloqueamos la puerta del todo y paramos para descansar unos segundos.
-Ahora, cuando salgamos, probablemente esté el zombi de la señora. Si está muy cerca de la puerta me lo cargo con el kukri. Pero si está un poco más lejos vamos a tener que intentar huir de él, no creo que esté en muy buenas condiciones.
Andrés abre la puerta en silencio después de cubrirse la cara con un grueso pasamontañas, precaución que también toman Alex y Mateo.
El espectáculo es macabro, hay bastante sangre en el suelo, cerca de la entrada a la casa. El rastro asciende hasta el siguiente descansillo de las escaleras que ascienden. Todos lo seguimos con la mirada hasta que con un sobresalto vemos al zombi de la chica arrastrándose hasta el siguiente piso. Gira la cabeza al vernos y gime.
-¡No os detengáis y no hagáis ruido! –Nos susurra apremiante Andrés-.
Todos seguimos avanzando mientras bajamos las escaleras. Mateo y Alex van delante, y Andrés cierra la marcha. Mientras descendemos lentamente tratando de hacer el menor ruido posible el corazón me late fuertemente bombeando adrenalina. Noto la presión de los latidos en los oídos. “Bum-bum, bum- bum, bum- bum, bum- bum,”.
Nos estábamos acercando al último piso cuando nos percatamos del sonido. El más jodidamente horrible tipo de sonido que con el tiempo llegaríamos a detestar con todas nuestras fuerzas. Nos asomamos despacio a la planta baja y vimos que había cinco de esas bestias andando sin rumbo por ahí.
Andrés nos indicó por señas que volviéramos atrás y lentamente ascendimos de nuevo.
-¿Qué vamos a hacer? –Pregunta Laura con un deje de pánico en la voz-.
-Tenemos que seguir –dice Andrés-, no podemos dar la vuelta ahora.
-Yo estoy con Andrés, van a seguir estando aquí aunque nos demos la vuelta ahora –añado yo-. Pero creo que debería llevar yo un arma en vez de Alex o Mateo, simplemente porque tengo más fuerza.
A pesar de que ha sonado a que quiero hacerme el héroe todos saben que tengo razón y que no hay razón para arriesgarse. Alex me da la palanca metálica y todos volvemos a reemprender el descenso.
Al llegar abajo nos damos cuenta de que tenemos una breve ventaja de la sorpresa que sin duda aprovecharemos, ya que los zombis están en la parte de abajo, pegados a la puerta de cristal mirando hacia la calle.
Andrés se desliza más que camina con un sigilo que soy incapaz de imitar “bum- bum, bum- bum, bum- bum.” Mi corazón late aún más fuerte y con un grito Andrés descarga el kukri dos veces sobre el cráneo del primer zombi que se rompe con un audible y terrorífico “crack”. Durante un segundo me quedo petrificado, incapaz de moverme o reaccionar. Mis oidos parecen taponados con el sonido de los latidos de mi corazón y no oigo nada más. Los otros zombis se han girado y uno de ellos me ha mirado directamente a los ojos. Tiene medio cuello arrancado y le falta un brazo. Ese mismo brazo trata de agarrarme por el cuello pero se encuentra con un bate de madera que le hunde la nariz y le hace tambalearse hacia atrás.
-¡¡¡Reacciona joder!!! –Me grita Mateo-.
De repente despierto y de nuevo vuelvo a oír. Y lo primero que oigo no es nada halagüeño. Un grito de chica a mis espaldas. Me giro y veo que un zombi estaba en la zona del ascensor donde no le habíamos visto y con el ruido de la pelea no le habían visto. Ahora tenía a Drita y la había agarrado por detrás. Subí las escaleras de tres en tres y le di con la palanca en la cabeza gritando como un poseso y con todas mis fuerzas hasta que se la reventé. Incluso después de eso seguí dándole varias veces incapaz de parar, pues había visto algo que el resto no, y es que había llegado tarde.
Drita se agarraba el cuello con ambas manos y trataba de taponar una herida por la que se escapaba la sangre a presión. Nuria se dio cuenta y se quedó atónita y Laura corrió para pararme y cuando por fin paré, siguió la dirección de mi mirada y vio ella también a Drita en el suelo sentada.
Para no pensar me di la vuelta y fui a ayudar a Andrés y Mateo que habían acabado sin problemas con todos menos con uno de los zombis. Con todas nuestras fuerzas le destrozamos hasta que quedó convertido en una masa de carne deformada. Todos sabíamos ya lo que había pasado y sabíamos también que no había solución. La habíamos perdido.
lunes, 4 de julio de 2011
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Mucho habías tardado en cargarte a alguien :P
ResponderEliminarSin duda el mejor capítulo de los que tienes publicado ^^ ya puedes ir subiendo el resto ¬¬
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