Me alejo cada día más de un pensamiento que se aferra con dientes y uñas a mi piel. Sube, trepa hasta mi garganta, me oprime el pecho y me embota el cerebro. Me impide pensar y me impide sentir. Es incorpóreo como el humo de un cigarrillo e impensable como una utopía entre tus sábanas. No sé qué hace aquí, ni por qué ha decidido quedarse conmigo, pero sé que no lo quiero.
Y que ni los más sinceros abrazos consiguen disolverlo.
domingo, 7 de agosto de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No te aferres a lo evidente. Haz lo que quieras hacer. Sé tú y nadie más.
ResponderEliminarY así es como se siente ella, ¿por qué no la preguntas?
ResponderEliminar