El sabor de las lágrimas capturadas por mis dedos antes de que abandonen su cálido recipiente. Al compás de la imaginación que acaricia tu barbilla alzando tu cabeza hasta que nuestras miradas se encuentran y el color de tus mejillas se torna carmesí, haciendo compañía al rojo latir de tus labios.
Tu ombligo, que es también el de mi mundo, llamándome para que le haga compañía en las noches frías en las que los lamentos de mí corazón resuenan por encima de los muros de piedra que lo rodean, protegiéndolo, pero ahogándolo.
La muerte acompañado de la dulzura de tu lengua.
Mi muerte, mi cálida muerte en tus brazos...

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Pequeños aportes