16 de octubre de 2011
Os contaré un poco como están las cosas por aquí. Hay partes buenas y partes malas dejando a un lado lo obvio. Las malas son que la continua lucha por la supervivencia desgasta mucho para aquellos que no saben entretenerse, y por supuesto que estamos rodeados de esos jodidos zombis que ansían hincarnos el diente. Las buenas son que hemos dejado atrás esa horrible época de consumismo, de pelear por estar en lo alto de una empresa, de tener que matarte estudiando para acabar matándote trabajando, y todo ese continuo sin vivir. Visto así esto de los zombis parece un mal menor. Lo único que hecho de menos es un poco de variedad entre las mujeres.
Hoy hemos tenido que ir a por comida y a por munición, nada fuera de lo normal ya que una vez que te acostumbras a ir pegando tiros en la cabeza a monstruos que desean matarte, se convierte en un juego competitivo por ver quien mata a más. De momento solo me gana Laura, que ha demostrado muy buen pulso y una sangre fría admirable. Me encanta verla cuando desde la puerta abierta de la caja del furgón* apunta con su arma a los zombis, y les revienta la cabeza literalmente, para después girar la cabeza, sonreírme, guiñar un ojo y decir en alto: “Ya van 102”.
Por hoy creo que nada más, hoy descanso hasta las 5 de la mañana que empieza mi turno.
Cuando Matt y yo acabamos de reforzar la puerta con todo lo que teníamos a mano, nos separamos de ella para ver que aspecto tenía. Parecía sólido, esperaba que aguantase en caso de que lo necesitásemos. En ese momento oímos en la calle un grito de una mujer que no auguraba nada bueno.
-Joder. - Oí que susurraba Matt.
-Bueno, tal vez se le haya caído el bolso en el pie. – Comento Laura. Comentario por el que nadie se rió, pero que hizo que consiguiese sonreír un poco.
Una vez acabé con eso, decidí que en el sitio en el que más útil podía ser era en la cocina, no soy un chef, pero llevo toda la vida cocinando junto con mi madre… Mis padres, otro tema importante en el que no me he permitido pensar por miedo a derrumbarme. Cuando llegué a la cocina vi que Alex estaba en serios apuros, porque queriendo ser útil se había ofrecido a cocinar, pero no parecía saber muy bien lo que hacer, por lo que opté por tomar el mando.
-¿Qué tiene pensado hacer para nosotros hoy “Chef Alex”? – Bromee yo.
-Pues la verdad es que mi especialidad es el pato a la naranja, pero carezco de pato y solo tengo limones.
-Anda, déjame a mí, a ver que hay por aquí. - Dije yo al tiempo que abría la nevera.
Vi que en la nevera había tres pizzas que por suerte caducaban en breve por lo que tendríamos que cenarlas hoy, lo que permitiría que el ánimo subiese un poco. También observé que había unos espaguetis en una Tupper, por lo que los saqué además de la pizza, y los metí en el congelador, así aguantarían más, al menos hasta que cortasen la electricidad.
-Enciende el horno al máximo anda, y cuando esté caliente mételas y estate atento a que no se quemen. – Le susurré yo mientras notaba como me empezaban a fallar un poco las fuerzas.
Opté por ir al baño, y cerrar la puerta tras de mí. Abrí en grifo, me mojé la cara, y me enjuagué la boca. Mucho mejor sin duda. Aunque solo habían pasado un par de horas desde que vi como un avión se estrellaba apenas a unos kilómetros de la casa de mis abuelos tenía un aspecto bastante horrible. Preferí no pensar mucho en ello, ahora poco importaba. Puse el tapón en el lavabo, y abrí el grifo. El lavabo se llenó rápido. Decidí que una ducha rápida ayudaría, y cuando acabé, se lo propuse a los demás.
-Chicos, no estaría mal que aprovechásemos para ducharnos hoy, aunque sea una ducha rápida, nos relajará y además no sabemos cuando podremos volver a ducharnos.
-Vale, pues voy yo. – Dijo Nuria.
Volví a la cocina, y le eché un ojo a las pizzas, que ya casi estaban, apagué el horno y las dejé dentro un rato más. Cogí una botella que había vacía, la llené de agua del grifo, y la metí en la nevera. Ese era uno de los caprichos que tendría que dejar atrás en breve.
No tardaron mucho en acabar de ducharse, y para entonces yo ya había sacado las pizzas y las había cortado. Andrés y Matt ya habían puesto la mesa. Las chicas habían cerrado todas las persianas, y habían corrido las cortinas. Me puse un trapo en el brazo en plan camarero, y tapé las pizzas con papel de plata.
-Bueno queridos comensales, - dije en tono jocoso – hoy tenemos de primero una deliciosa mezcla de crema de tomate, con ralladura de formaggio, champiñones de los montes alpinos, y carne de los mejores cerdos de toda la comarca, criados especialmente por Frodo y Sam, por supuesto todo ello sobre una cama de hojaldre hecho por nuestros mejores amasadores. De segundo y de tercero hay más o menos lo mismo, así que, amén y a comer.
Al menos conseguí arrancar alguna sonrisa que era lo que quería. Me levanté de la mesa y fui corriendo a por mi agua de la nevera esperando que estuviese suficientemente fría.
-Agua del grifo en la nevera, todo un capricho. – Bajé el tono y lo puse como si les contase una confidencia. – Es nuestra mejor cosecha.
Cuando acabamos de cenar decidimos como iban a ser las guardias, y por ser la primera noche las haríamos de dos en dos.
-Bien, - dice Andrés – yo creo que Matt tu deberías hacer la primera, porque una vez que te despiertas no te vuelves a dormir. ¿A alguien más le pasa esto?
-No, pero yo haré la primera con él. – Dice entre bostezos Nuria – No creo que pueda despertarme después.
-Vale, pues la siguiente la podéis hacer tú y Drita. – Dice mirando a Alex.
-Por mí bien.
-Y por mi también.
-Pero somos impares, alguien se queda solo fijo. – Comento yo.
-Yo me quedaré sola, a mi no me importa. – Dice Laura.
Esta chica siempre intenta ser la más fuerte del grupo, y eso me llama la atención. ¿Lo será o solo lo parece? Quizá simplemente no le importe, y por eso lo dice.
-¿Estás segura? – Pregunta Andrés.
-¡Claro! ¿Acaso no puedo hacerlo o qué?
-N…
-Andrés, si quiere hacerlo sola, déjala ya es mayor para tomar sus decisiones ¿no? – Le interrumpo yo sonriendo.
-Vale, como quieras. Creo que no tenemos nada más que aclarar por hoy, simplemente sabemos que esto va a ser duro, que probablemente solo nos tengamos a nosotros, y tenemos que estar unidos, y por eso y aunque os parezca una ñoñería y una estupidez, creo que nos vendría bien un abrazo a todos, porque hoy ha sido un día duro y esto reconforta. – Dice Andrés.
-Excelente idea. – Digo yo a regañadientes.
Así que uno a uno, incluso Laura, muy renuente, y con cara de estar haciéndolo solo por no discutir más, nos vamos juntando. Después Andrés se va a su cuarto a dormir, pero deja la puerta abierta al igual que todos los demás. Drita y Laura se van al cuarto de sus padres y Alex y yo nos dirigimos al cuarto de Matt.
Pasada ya de largo la media noche me medio desperté en el cambio de turno, y vi como Alex se levantaba y Matt se metía en la cama.
Me volví a dormir.
-Edu, anda despierta, que te toca ya. – Oigo a lo lejos que me dice Drita desde la puerta.
Me levanto y voy al baño a mojarme la cara y a aliviarme, y una vez más despierto me siento en el sofá del salón junto a Andrés.
-Bueno, ahora que ya estamos solos dame tu valoración personal.
-Espera un poco a que se duerman, no creo que sea bueno asustar a los demás, ¿No crees? – Dice Andrés medio en serio medio bromeando.
-De acuerdo.
Al cabo de un rato se nos olvida todo, y simplemente disfrutamos de saber que de momento estamos a salvo, y de una aburrida partida de cartas entre dos. El tiempo pasa volando, y antes de que nos demos cuenta el turno se acaba.
-Vete a dormir anda, ya despierto yo a Laura. – Digo yo.
-Vale, buenas noches.
Me dirijo a la habitación donde está ella, y me acerco para despertarla. La verdad es que esto nunca ha sido lo mío, y menos con una chica, o bueno, una mujer, así que simplemente le poso una mano en el hombro y la agito un poco. Cuando veo que entreabre los ojos le digo:
-Te toca.
Se levanta, yo me meto en la cama, y rápidamente me duermo.
Me despierto apenas media hora después. Mierda, me he desvelado. Me levanto, y noto como ha descendido la temperatura. Cojo una manta y me dirijo al salón donde está Laura sentada. Se sorprende un poco al verme, pero no dice nada.
-Anda, toma que lo que nos faltaba era que cogieses un catarro.
-Estoy bien. – Contesta ella.
Ignoro su comentario y le echo la manta por encima y me meto yo también debajo procurando no meterme en su espacio personal, ya que no quiero molestarla.
-Aun queda una larga noche y puede ser muy aburrido pasarla sola. – Comento yo.
-Si, pero puede ser peor que te den el coñazo. – Dice ella medio sonriendo.
-Sin duda, así que calla ya. – Le digo mientras le saco la lengua en un mohín.
A las siete de la mañana me levanto del sofá y preparó un café sin derrochar mucho, y así el resto se van levantando al olor de las sardinas.
-Buenos días dormilones, he preparado pan tostado, por suerte quedaba más de media barra de ayer, y se iba a acabar perdiendo.
lunes, 30 de mayo de 2011
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