Nunca había visto nada semejante. La lluvia se pegaba a nuestros cuerpos con las mismas ganas con las que yo me apretaba contra todos los poros de su piel.
La electricidad atravesaba nuestros cuerpos como si un rayo nos recorriese de parte a parte, o como si de un experimento con bobinas de Tesla se tratara y nosotros fuéramos las ratas de laboratorio en manos de algo mucho más grande.
Sí… Claro que había algo mucho más grande controlándonos.
Dirigiéndonos.
Manipulándonos.
Ja, yo te bendigo Deseo.
martes, 17 de agosto de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Pequeños aportes