Crepitas. Lo abrasas todo. Me quemas desde dentro.
Ardes. Me haces desear(te). Me obligo a apartar la mirada de la vil provocación de tus labios para centrarme en la miel de tus ojos.
Lucho en vano contra la fuerza que me hace gravitar hacia tus caderas. Mis manos se funden con tu piel.
Enfermamos de pasión consumiendo nuestro fuego que se haya enterrado en los brazos del otro.
Mi alma enfurece cuando la distancia aumenta a más de unos centímetros.
Peleamos por unirnos en cuerpo, sangre y saliva.
martes, 17 de agosto de 2010
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