lunes, 30 de agosto de 2010

Estrella fortuita

-¿Ves esa estrella de allí?
-Sí papá.
-Yo le puse nombre.
-¿Tú? ¿Por qué tú?
-Porque yo se la regalé a tu madre.
-¿Le regalaste una estrella a mamá?
-Sí. Éramos todavía unos niños y yo estaba algo borracho, la verdad, generalmente utilizo mejores tretas. –Dijo él mientras se pasaba la mano por su pelo entrecano con una sonrisa.
-Jajajaja… Jo papá, eres un romántico empedernido.
-Oye jovencita, trátame con más respeto o tendré que llamar al monstruo de las cosquillas…
-Papá, que ya tengo ocho años.
-Aún sigo pudiendo contigo… -Dijo sacándole la lengua.
-Me estabas contando la historia de esa estrella… ¿Vas a seguir o entramos en casa?
-Vale, vale, qué impaciente eres. Bueno, como tu madre, ahora que no nos oye.
-Papá…
-Vaaale… Bueno, la cuestión es que le dije que mirase al cielo, y que buscase la estrella que más brillase. Y era esa.
-¿Y cómo la llamaste?
-¿No lo sabes aún? Se llama como tú…

sábado, 28 de agosto de 2010

Ejército negro.

No lo hagas. No le busques sentido a esto. Está claro que tú eres la Reina Blanca.

A tus flancos, ambas torres te protegen. En tus diagonales delanteras se encuentran ensillados tus dos mejores caballos, y en las traseras, dos alfiles, pica en mano cubren tu retaguardia. Delante y detrás de ti se encuentran dos de tus leales peones, menospreciados siempre, dispuestos a morir por defenderte.

El resto de tu ejército descansa ya en paz a un lado del tablero. El enemigo no se da cuenta de que me da igual que mi muerte signifique el final de la partida.

Me da igual morir, me da igual el juego, mi preciosa Reina Blanca.

martes, 24 de agosto de 2010

Búscame en las estrellas, pues nunca me iré de ellas.

El lucero mayor me acuna con sus rayos diciéndome que no pasa nada, que otras vendrán y me ayudaran a aprender a ser feliz con lo que tengo, y no con lo que no puedo tener.

La Osa Mayor me apunta con la estrella que guía al indefinido destino que se abrirá ante mí, señalándome el camino a recorrer saltando de punto a punto hasta que pueda volver a bañarme en sus ojos.

El Carro remolca los pedazos de mi historia que se va recomponiendo en orden aleatorio y va siendo cosida con “los restos de un tal vez que no ha cicatrizado”.

En el ajado cinturón de Orión he puesto uno de mis ojos para tenerte vigilada aún en la distancia, para que me avise si algo malo te pasa.

Casiopea, la reina del cielo espera encima de Andrómeda. Ellas son tus guardianas. Recuérdalo, ya que si alguna vez te pierdes, en ellas hallarás las respuestas a tus dudas.

Espérame en el corazón de la constelación del Fénix.

Allí, resurgiremos de nuestras cenizas.

martes, 17 de agosto de 2010

Wet me

Nunca había visto nada semejante. La lluvia se pegaba a nuestros cuerpos con las mismas ganas con las que yo me apretaba contra todos los poros de su piel.

La electricidad atravesaba nuestros cuerpos como si un rayo nos recorriese de parte a parte, o como si de un experimento con bobinas de Tesla se tratara y nosotros fuéramos las ratas de laboratorio en manos de algo mucho más grande.

Sí… Claro que había algo mucho más grande controlándonos.

Dirigiéndonos.

Manipulándonos.

Ja, yo te bendigo Deseo.

Lights on

Crepitas. Lo abrasas todo. Me quemas desde dentro.

Ardes. Me haces desear(te). Me obligo a apartar la mirada de la vil provocación de tus labios para centrarme en la miel de tus ojos.

Lucho en vano contra la fuerza que me hace gravitar hacia tus caderas. Mis manos se funden con tu piel.

Enfermamos de pasión consumiendo nuestro fuego que se haya enterrado en los brazos del otro.

Mi alma enfurece cuando la distancia aumenta a más de unos centímetros.

Peleamos por unirnos en cuerpo, sangre y saliva.

Realidad de confesionario

Es increíblemente estúpido y al mismo tiempo irremediablemente lógico pensar que los mismos ojos que te tienen sumido en la más profundas desesperación sean los únicos capaces de lanzar la soga que te ayuda a salir de las mismísimas aguas del río Estigia.

También es imposible evitar la tentación de echarle un vistazo al futuro. El asqueroso futuro. Pero me niego a dejar que eso me afecte.

Porque adoro esos ojos. Porque me encanta la forma en que me miran.

Porque sus labios me vuelven loco.

Porque siempre consigue desconcentrarme.

Porque lo que tenga que ser será.

martes, 10 de agosto de 2010

Polvo de estrellas

¿Alguna vez habéis mirado las estrellas?

Repetiré la pregunta.

¿Alguna vez os habéis parado a observar las estrellas por más de veinte minutos?

Yo hasta hace un rato no. Y me arrepiento de no haberlo hecho antes, tanto que ahora siempre que el tiempo lo permita, saldré a mi jardín a mirar las estrellas acompañado de Debussy.

He podido observar un par de aviones con sus luces parpadeantes, algo que no me han parecido aviones puesto que nada parpadeaba, pero a saber... Y he visto una estrella fugaz. Os lo prometo, no me lo invento para ponerlo aquí. Ha sido casualidad, no la estaba buscando, simplemente ha aparecido como llamada por mis pensamientos al acordarme de sus ojos.

Me he relajado tanto que las letras se han reordenado solas en mi cabeza hasta encontrar algo sobre lo que escribir...


Igual es verdad, que donde duele, inspira.

lunes, 9 de agosto de 2010

Tambores acompañan a los violines en mi interior. La violencia es liberada. Los tengo a mi lado peleando por mi. Pero ¿contra quién pelean? ¿Acaso lo saben? No pelean contra ella, eso sería una estupidez. Yo no peleo contra ella.

¿Contra quién peleo yo? Yo peleo porque esto no vaya a más. Por no acabar estúpidamente sufriendo para nada. Al menos no más de lo que ya toca. Pelearé porque yo puedo con esto. Yo soy más fuerte que este dolor. Es infinitamente menor que otros dolores con los que he lidiado. Y si pude con ellos, esto no es más que un combate contra un peso ligero.

Que venga, que venga, yo ya tengo los guantes puestos.