jueves, 1 de abril de 2010

Mátame de placer.

Mi mirada se centraba en recorrer las formas que se adivinaban debajo de la ligera sábana. El rubor que se dibujaba en sus mejillas, lejos de hacerme pensar si debía bajar la intensidad de mi mirada, lo que conseguía es despertar un instinto primario y animal que estaba arraigado en lo más profundo de mi ser.

Mi cuerpo reaccionó solo y se agachó hasta quedarme ligeramente agazapado y trazando un semicirculo a su alrededor.

Aun no tenía miedo, veía en sus ojos que no me tomaba en serio y había que arreglar eso. De un salto imprevisto me situé sobre ella agarrando sus muñecas por encima de su cabeza y dejé escapar un gruñido gutural del fondo de mi garganta.

Acerqué mi boca a su oreja y susurré con un tono peligrosamente feroz:

-"No podrías escapar de mí ni aunque quisieras."

Mordí su cuello con suavidad y la noté estremecerse entre mis brazos, y cuando con lentitud fui aflojando la presa que ejercían mis manos sobre sus muñecas deslizó sus manos hasta fundirlas con mi ser.

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