miércoles, 18 de septiembre de 2013

Arte y locura de un viaje

Mi arte son las palabras y mi lienzo es el papel, o la arena o tu espalda. Me rompo en la playa como si una ola y yo fuesemos lo mismo, como si diese igual el disfraz porque el lobo es siempre el malo y la virginal Caperucita en realidad quiere que se la follen duro. Con tiempo y sin espacio me muevo como mermelada viscosa o como una gota de miel. Me deslizo y muero en tus labios que me suplican entreabiertos y sin palabras que no deje de empujar, que no pare, que seamos eternos, que nos congelen en ámbar y mil años después nos encuentren y se pregunten como dos personas pueden estar tan jodidamente juntas.

Junto con la esquizofrenia de un sueño viajo a mundos que te prometo y que se crean solos a mi paso. Cada zancada provoca el nacimiento de ideas que brotan lentamente como plantas. Enredaderas que se enzarzan en peleas que no pueden ganar, que no necesitan para sobrevivir, que solo generan violencia y placer.

Algo se rompe de pronto como la quietud que emana de una guitarra que no ha sido nunca tocada. Nadie sabe si algún día sonará y por eso mismo es especial, por su insólito silencio.

Muero, y entonces despierto.

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