Es increíble la facilidad con la que las palabras parecen huir de mí en cuanto el viento arrastra unas cuantas sonrisas. Sonrisas de esas que asombran cuando las ves pintadas en la cara de una persona mayor con su nieto, o en la de dos personas que se quieren, o incluso en la de un grupo de amigos que disfrutan de sentirse invencibles. Pero hay sonrisas falsas, y parece que a base de verlas en todas partes, uno aprende a detectarlas a kilómetros. En realidad es fácil darse cuenta de si una sonrisa es de verdad o no, solo tienes que ver si permanece en la boca, o si por el contrario llama al ascensor y sube hasta los ojos. Pero sin duda, mis sonrisas favoritas son esas que se hacen disimuladamente y que solo se ven si te fijas. Esas sonrisas se hacen exclusivamente con los ojos, a hurtadillas, porque son sonrisas cómplices y solo se comparten entre el emisor y el receptor. Son únicas, inmejorables.
Y generalmente, tristes.

Y las sonrisas robadas...esa que intentas retener hasta que alguien que te conoce bien (no importa cuánto tiempo hace que os visteis por vez primera) consigue arrancártela.
ResponderEliminarPor qué tristes si nacen del afecto entre esas personas? Las sonrisas tristes son como las lágrimas alegres, hay que poner mucho contexto para que cambien su naturaleza.
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