Necesitaba desahogarse, y como siempre recurrió a esa persona. Siempre estaba ahí, daba igual si llamabas con cinco minutos de antelación para tomar un café y charlar, o si pedías su consejo cien mil veces, siempre, y digo siempre estaba ahí. Un bálsamo reparador con sus llamémoslos sabios consejos, una amistad recíproca en tiempos de necesidad, como dijo una vez Galeano, "en tiempos de la amnesia obligatoria".
Nunca podré decirle que no a nada, no se vivir sin su presencia, no podré negarle nada, porque es muy importante en mi vida, y espero no la abandone nunca.
P.D: Perdonad mi brevedad de hoy, y sobretodo lo ñoño que ha quedado todo esto. Es simplemente mi forma de dar las gracias, aunque nunca vaya a leerlo.
sábado, 17 de abril de 2010
domingo, 11 de abril de 2010
Trajino y me imagino una puesta de sol...
Ella soñaba con la libertad, la rozaba con los dedos, y cuando estaba a punto de alcanzarla, él le daba en la mano para que se volviese a alejar de ella. Así durante el mucho tiempo que me empeñé en atarla a mi, en contra de lo que en realidad me dictaba la razón a la siempre sigo ferreamente. Cada vez que parecía que lo estaba consiguiendo, volvía a aparecer con una sonrisa por su piso bien amueblado para desordenarlo todo otra vez a mi gusto, y que tuviese que volver a empezar a recoger y ordenar.
Pero se acabó. Basta ya de hacerla sufrir. Basta ya de hacerla llorar. Basta ya de darle falsas esperanzas. Basta ya de anegarla con lágrimas. Basta ya de dejarla con el agua al cuello. Basta ya de darle a beber mi sangre cuando se le estaba olvidando su sabor.
Lo único de lo que me arrepiento y que me quema por dentro como si mis entrañas estuviesen siendo consumidas por el fuego, es que pienses que no fui realmente yo, y que soy distinto a como me mostré a ti.
Nadaré eternamente en el fuego de tu odio.
Pero se acabó. Basta ya de hacerla sufrir. Basta ya de hacerla llorar. Basta ya de darle falsas esperanzas. Basta ya de anegarla con lágrimas. Basta ya de dejarla con el agua al cuello. Basta ya de darle a beber mi sangre cuando se le estaba olvidando su sabor.
Lo único de lo que me arrepiento y que me quema por dentro como si mis entrañas estuviesen siendo consumidas por el fuego, es que pienses que no fui realmente yo, y que soy distinto a como me mostré a ti.
Nadaré eternamente en el fuego de tu odio.
viernes, 9 de abril de 2010
Change.
-¿Vas a morderme?
-¿Acaso lo dudas?
-Mm, sí...
-Te haré sangrar.
Te transformaré.
Te haré inalcanzable.
Te haré inmortal.
Te haré fría como el mármol.
Y peligrosa como el miedo.
Te haré mía.
-¿Acaso lo dudas?
-Mm, sí...
-Te haré sangrar.
Te transformaré.
Te haré inalcanzable.
Te haré inmortal.
Te haré fría como el mármol.
Y peligrosa como el miedo.
Te haré mía.
martes, 6 de abril de 2010
Fuego.
Humedad. Eso es lo que siento en estos momentos mientras tus labios se pegan a los míos y nuestras lenguas luchan por estar lo más juntas posible...
Una gota de agua recorre el cristal del coche, al mismo tiempo que una gota de sudor perlado baja por mi pecho desnudo.
Como vestigio de nuestra racionalidad solo queda nuestra ropa interior, el resto está repartida por el coche sin orden ni concierto...
Mi cadera se mueve con movimientos suaves haciendo que mi miembro roce con firmeza tu entrepierna mojada y caliente. Al ser por encima de nuestra ropa consigo con esto que nuestra líbido aumente.
Te suelto el sujetador sin dejar de besarte, y bajo con suaves mordiscos por el costado de tu cuello hasta llegar a tu pezón izquierdo.
Lo introduzco dentro de mi boca con una succión excesivamente fuerte que te arranca un gemido de éxtasis.
Mis manos te arañan la espalda, y tus uñas se clavan en mi culo.
Carne, pasión, fuego...
Ardemos como animales.
Mis besos se dirigen a tu ombligo y vuelven a subir.
Tus labios arrancan trozos de mi alma incandescente, y me vuelven loco y frenético...
Mis manos inconscientemente bajan buscando humedad y calor, y cuando la encuentran retiran el resto de tu ropa para tener mejor acceso...
Al encontrar el punto de tu máximo placer tu espalda se arquea, y tus ojos se ponen en blanco..
Uno de mis dedos tientan la entrada a tu interior y cuando estoy dentro suspiras con impaciencia, así que atiendo a tu petición y sin dejar de mover ese dedo dentro de tu interior bajo mi cabeza hasta probar tu delicioso sabor.
Gimes, me agarras del pelo, te agitas, te miro a los ojos y te corres en mi cara.
No pienso parar de lamerte, y al cabo de otros breves instantes te vuelves a correr entre convulsiones y gemidos.
Eso desata mi locura, y retirando mi poca ropa tiento tu interior con mi miembro duro y palpitante.
Y de un breve e intenso empujón me encuentro dentro de ti.
No puedo parar, he entrado en una espiral de placer y fuego.
Embisto, y vuelvo a embestir. Me arañas hasta hacerme sangrar. te muerdo hasta hacerte gritar. Te corres hasta quedar exhausta
y yo me vacio con un último empujón, que me deja sin fuerzas, jadeante y tendido sobre tu cuerpo desnudo.
Una gota de agua recorre el cristal del coche, al mismo tiempo que una gota de sudor perlado baja por mi pecho desnudo.
Como vestigio de nuestra racionalidad solo queda nuestra ropa interior, el resto está repartida por el coche sin orden ni concierto...
Mi cadera se mueve con movimientos suaves haciendo que mi miembro roce con firmeza tu entrepierna mojada y caliente. Al ser por encima de nuestra ropa consigo con esto que nuestra líbido aumente.
Te suelto el sujetador sin dejar de besarte, y bajo con suaves mordiscos por el costado de tu cuello hasta llegar a tu pezón izquierdo.
Lo introduzco dentro de mi boca con una succión excesivamente fuerte que te arranca un gemido de éxtasis.
Mis manos te arañan la espalda, y tus uñas se clavan en mi culo.
Carne, pasión, fuego...
Ardemos como animales.
Mis besos se dirigen a tu ombligo y vuelven a subir.
Tus labios arrancan trozos de mi alma incandescente, y me vuelven loco y frenético...
Mis manos inconscientemente bajan buscando humedad y calor, y cuando la encuentran retiran el resto de tu ropa para tener mejor acceso...
Al encontrar el punto de tu máximo placer tu espalda se arquea, y tus ojos se ponen en blanco..
Uno de mis dedos tientan la entrada a tu interior y cuando estoy dentro suspiras con impaciencia, así que atiendo a tu petición y sin dejar de mover ese dedo dentro de tu interior bajo mi cabeza hasta probar tu delicioso sabor.
Gimes, me agarras del pelo, te agitas, te miro a los ojos y te corres en mi cara.
No pienso parar de lamerte, y al cabo de otros breves instantes te vuelves a correr entre convulsiones y gemidos.
Eso desata mi locura, y retirando mi poca ropa tiento tu interior con mi miembro duro y palpitante.
Y de un breve e intenso empujón me encuentro dentro de ti.
No puedo parar, he entrado en una espiral de placer y fuego.
Embisto, y vuelvo a embestir. Me arañas hasta hacerme sangrar. te muerdo hasta hacerte gritar. Te corres hasta quedar exhausta
y yo me vacio con un último empujón, que me deja sin fuerzas, jadeante y tendido sobre tu cuerpo desnudo.
viernes, 2 de abril de 2010
Tú.
Y me encanta cuando te quedas sonriendo como una boba a la pantalla.
Y cuando con desesperación te dicen que te vayas a la cama, cuando lo que realmente deseas es caminar hasta la mía y dormirte sobre mi pecho.
Y cuando lanzo una puya especialmente audaz que hace que la sangre acuda a tus mejillas.
Y cuando sin poder aguantarlo más me lanzas un te quiero de improvisto.
Y las saladas lágrimas que acuden a tus ojos, porque, boba de ti, te has emocionado.
Y cuando suspiras colmada de paciencia para aguantar mis payasadas.
O cuando coges aire para intentar no sonreír, aunque lo estés deseando.
O cuando te estiras y desperezas, porque te has echado una siesta de dos horas y media
O cuando te alborotas el pelo solo porque yo te lo pido.
O cuando sonríes con esa sonrisa que solo te he visto cuando disfrutas de unas vistas especialmente notables.
Y cuando con desesperación te dicen que te vayas a la cama, cuando lo que realmente deseas es caminar hasta la mía y dormirte sobre mi pecho.
Y cuando lanzo una puya especialmente audaz que hace que la sangre acuda a tus mejillas.
Y cuando sin poder aguantarlo más me lanzas un te quiero de improvisto.
Y las saladas lágrimas que acuden a tus ojos, porque, boba de ti, te has emocionado.
Y cuando suspiras colmada de paciencia para aguantar mis payasadas.
O cuando coges aire para intentar no sonreír, aunque lo estés deseando.
O cuando te estiras y desperezas, porque te has echado una siesta de dos horas y media
O cuando te alborotas el pelo solo porque yo te lo pido.
O cuando sonríes con esa sonrisa que solo te he visto cuando disfrutas de unas vistas especialmente notables.
jueves, 1 de abril de 2010
Mátame de placer.
Mi mirada se centraba en recorrer las formas que se adivinaban debajo de la ligera sábana. El rubor que se dibujaba en sus mejillas, lejos de hacerme pensar si debía bajar la intensidad de mi mirada, lo que conseguía es despertar un instinto primario y animal que estaba arraigado en lo más profundo de mi ser.
Mi cuerpo reaccionó solo y se agachó hasta quedarme ligeramente agazapado y trazando un semicirculo a su alrededor.
Aun no tenía miedo, veía en sus ojos que no me tomaba en serio y había que arreglar eso. De un salto imprevisto me situé sobre ella agarrando sus muñecas por encima de su cabeza y dejé escapar un gruñido gutural del fondo de mi garganta.
Acerqué mi boca a su oreja y susurré con un tono peligrosamente feroz:
-"No podrías escapar de mí ni aunque quisieras."
Mordí su cuello con suavidad y la noté estremecerse entre mis brazos, y cuando con lentitud fui aflojando la presa que ejercían mis manos sobre sus muñecas deslizó sus manos hasta fundirlas con mi ser.
Mi cuerpo reaccionó solo y se agachó hasta quedarme ligeramente agazapado y trazando un semicirculo a su alrededor.
Aun no tenía miedo, veía en sus ojos que no me tomaba en serio y había que arreglar eso. De un salto imprevisto me situé sobre ella agarrando sus muñecas por encima de su cabeza y dejé escapar un gruñido gutural del fondo de mi garganta.
Acerqué mi boca a su oreja y susurré con un tono peligrosamente feroz:
-"No podrías escapar de mí ni aunque quisieras."
Mordí su cuello con suavidad y la noté estremecerse entre mis brazos, y cuando con lentitud fui aflojando la presa que ejercían mis manos sobre sus muñecas deslizó sus manos hasta fundirlas con mi ser.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
