16 de octubre de 2011
Os contaré un poco como están las cosas por aquí. Hay partes buenas y partes malas dejando a un lado lo obvio. Las malas son que la continua lucha por la supervivencia desgasta mucho para aquellos que no saben entretenerse, y por supuesto que estamos rodeados de esos jodidos zombis que ansían hincarnos el diente. Las buenas son que hemos dejado atrás esa horrible época de consumismo, de pelear por estar en lo alto de una empresa, de tener que matarte estudiando para acabar matándote trabajando, y todo ese continuo sin vivir. Visto así esto de los zombis parece un mal menor. Lo único que hecho de menos es un poco de variedad entre las mujeres.
Hoy hemos tenido que ir a por comida y a por munición, nada fuera de lo normal ya que una vez que te acostumbras a ir pegando tiros en la cabeza a monstruos que desean matarte, se convierte en un juego competitivo por ver quien mata a más. De momento solo me gana Laura, que ha demostrado muy buen pulso y una sangre fría admirable. Me encanta verla cuando desde la puerta abierta de la caja del furgón* apunta con su arma a los zombis, y les revienta la cabeza literalmente, para después girar la cabeza, sonreírme, guiñar un ojo y decir en alto: “Ya van 102”.
Por hoy creo que nada más, hoy descanso hasta las 5 de la mañana que empieza mi turno.
Cuando Matt y yo acabamos de reforzar la puerta con todo lo que teníamos a mano, nos separamos de ella para ver que aspecto tenía. Parecía sólido, esperaba que aguantase en caso de que lo necesitásemos. En ese momento oímos en la calle un grito de una mujer que no auguraba nada bueno.
-Joder. - Oí que susurraba Matt.
-Bueno, tal vez se le haya caído el bolso en el pie. – Comento Laura. Comentario por el que nadie se rió, pero que hizo que consiguiese sonreír un poco.
Una vez acabé con eso, decidí que en el sitio en el que más útil podía ser era en la cocina, no soy un chef, pero llevo toda la vida cocinando junto con mi madre… Mis padres, otro tema importante en el que no me he permitido pensar por miedo a derrumbarme. Cuando llegué a la cocina vi que Alex estaba en serios apuros, porque queriendo ser útil se había ofrecido a cocinar, pero no parecía saber muy bien lo que hacer, por lo que opté por tomar el mando.
-¿Qué tiene pensado hacer para nosotros hoy “Chef Alex”? – Bromee yo.
-Pues la verdad es que mi especialidad es el pato a la naranja, pero carezco de pato y solo tengo limones.
-Anda, déjame a mí, a ver que hay por aquí. - Dije yo al tiempo que abría la nevera.
Vi que en la nevera había tres pizzas que por suerte caducaban en breve por lo que tendríamos que cenarlas hoy, lo que permitiría que el ánimo subiese un poco. También observé que había unos espaguetis en una Tupper, por lo que los saqué además de la pizza, y los metí en el congelador, así aguantarían más, al menos hasta que cortasen la electricidad.
-Enciende el horno al máximo anda, y cuando esté caliente mételas y estate atento a que no se quemen. – Le susurré yo mientras notaba como me empezaban a fallar un poco las fuerzas.
Opté por ir al baño, y cerrar la puerta tras de mí. Abrí en grifo, me mojé la cara, y me enjuagué la boca. Mucho mejor sin duda. Aunque solo habían pasado un par de horas desde que vi como un avión se estrellaba apenas a unos kilómetros de la casa de mis abuelos tenía un aspecto bastante horrible. Preferí no pensar mucho en ello, ahora poco importaba. Puse el tapón en el lavabo, y abrí el grifo. El lavabo se llenó rápido. Decidí que una ducha rápida ayudaría, y cuando acabé, se lo propuse a los demás.
-Chicos, no estaría mal que aprovechásemos para ducharnos hoy, aunque sea una ducha rápida, nos relajará y además no sabemos cuando podremos volver a ducharnos.
-Vale, pues voy yo. – Dijo Nuria.
Volví a la cocina, y le eché un ojo a las pizzas, que ya casi estaban, apagué el horno y las dejé dentro un rato más. Cogí una botella que había vacía, la llené de agua del grifo, y la metí en la nevera. Ese era uno de los caprichos que tendría que dejar atrás en breve.
No tardaron mucho en acabar de ducharse, y para entonces yo ya había sacado las pizzas y las había cortado. Andrés y Matt ya habían puesto la mesa. Las chicas habían cerrado todas las persianas, y habían corrido las cortinas. Me puse un trapo en el brazo en plan camarero, y tapé las pizzas con papel de plata.
-Bueno queridos comensales, - dije en tono jocoso – hoy tenemos de primero una deliciosa mezcla de crema de tomate, con ralladura de formaggio, champiñones de los montes alpinos, y carne de los mejores cerdos de toda la comarca, criados especialmente por Frodo y Sam, por supuesto todo ello sobre una cama de hojaldre hecho por nuestros mejores amasadores. De segundo y de tercero hay más o menos lo mismo, así que, amén y a comer.
Al menos conseguí arrancar alguna sonrisa que era lo que quería. Me levanté de la mesa y fui corriendo a por mi agua de la nevera esperando que estuviese suficientemente fría.
-Agua del grifo en la nevera, todo un capricho. – Bajé el tono y lo puse como si les contase una confidencia. – Es nuestra mejor cosecha.
Cuando acabamos de cenar decidimos como iban a ser las guardias, y por ser la primera noche las haríamos de dos en dos.
-Bien, - dice Andrés – yo creo que Matt tu deberías hacer la primera, porque una vez que te despiertas no te vuelves a dormir. ¿A alguien más le pasa esto?
-No, pero yo haré la primera con él. – Dice entre bostezos Nuria – No creo que pueda despertarme después.
-Vale, pues la siguiente la podéis hacer tú y Drita. – Dice mirando a Alex.
-Por mí bien.
-Y por mi también.
-Pero somos impares, alguien se queda solo fijo. – Comento yo.
-Yo me quedaré sola, a mi no me importa. – Dice Laura.
Esta chica siempre intenta ser la más fuerte del grupo, y eso me llama la atención. ¿Lo será o solo lo parece? Quizá simplemente no le importe, y por eso lo dice.
-¿Estás segura? – Pregunta Andrés.
-¡Claro! ¿Acaso no puedo hacerlo o qué?
-N…
-Andrés, si quiere hacerlo sola, déjala ya es mayor para tomar sus decisiones ¿no? – Le interrumpo yo sonriendo.
-Vale, como quieras. Creo que no tenemos nada más que aclarar por hoy, simplemente sabemos que esto va a ser duro, que probablemente solo nos tengamos a nosotros, y tenemos que estar unidos, y por eso y aunque os parezca una ñoñería y una estupidez, creo que nos vendría bien un abrazo a todos, porque hoy ha sido un día duro y esto reconforta. – Dice Andrés.
-Excelente idea. – Digo yo a regañadientes.
Así que uno a uno, incluso Laura, muy renuente, y con cara de estar haciéndolo solo por no discutir más, nos vamos juntando. Después Andrés se va a su cuarto a dormir, pero deja la puerta abierta al igual que todos los demás. Drita y Laura se van al cuarto de sus padres y Alex y yo nos dirigimos al cuarto de Matt.
Pasada ya de largo la media noche me medio desperté en el cambio de turno, y vi como Alex se levantaba y Matt se metía en la cama.
Me volví a dormir.
-Edu, anda despierta, que te toca ya. – Oigo a lo lejos que me dice Drita desde la puerta.
Me levanto y voy al baño a mojarme la cara y a aliviarme, y una vez más despierto me siento en el sofá del salón junto a Andrés.
-Bueno, ahora que ya estamos solos dame tu valoración personal.
-Espera un poco a que se duerman, no creo que sea bueno asustar a los demás, ¿No crees? – Dice Andrés medio en serio medio bromeando.
-De acuerdo.
Al cabo de un rato se nos olvida todo, y simplemente disfrutamos de saber que de momento estamos a salvo, y de una aburrida partida de cartas entre dos. El tiempo pasa volando, y antes de que nos demos cuenta el turno se acaba.
-Vete a dormir anda, ya despierto yo a Laura. – Digo yo.
-Vale, buenas noches.
Me dirijo a la habitación donde está ella, y me acerco para despertarla. La verdad es que esto nunca ha sido lo mío, y menos con una chica, o bueno, una mujer, así que simplemente le poso una mano en el hombro y la agito un poco. Cuando veo que entreabre los ojos le digo:
-Te toca.
Se levanta, yo me meto en la cama, y rápidamente me duermo.
Me despierto apenas media hora después. Mierda, me he desvelado. Me levanto, y noto como ha descendido la temperatura. Cojo una manta y me dirijo al salón donde está Laura sentada. Se sorprende un poco al verme, pero no dice nada.
-Anda, toma que lo que nos faltaba era que cogieses un catarro.
-Estoy bien. – Contesta ella.
Ignoro su comentario y le echo la manta por encima y me meto yo también debajo procurando no meterme en su espacio personal, ya que no quiero molestarla.
-Aun queda una larga noche y puede ser muy aburrido pasarla sola. – Comento yo.
-Si, pero puede ser peor que te den el coñazo. – Dice ella medio sonriendo.
-Sin duda, así que calla ya. – Le digo mientras le saco la lengua en un mohín.
A las siete de la mañana me levanto del sofá y preparó un café sin derrochar mucho, y así el resto se van levantando al olor de las sardinas.
-Buenos días dormilones, he preparado pan tostado, por suerte quedaba más de media barra de ayer, y se iba a acabar perdiendo.
lunes, 30 de mayo de 2011
martes, 24 de mayo de 2011
Just one second.
Quiero abrazarte y cubrirte de besos hasta que el amanecer nos meta prisa y le esquivemos cerrando las persianas.
Quiero compartir segundos de un reloj de arena averiado, que se empeña en alargar el tiempo solo para concedernos algunas horas extra en las que dar rienda suelta al empeño de nuestros cuerpos de ser uno solo.
Quiero disfrutar del sonido de tu risa cada vez que alguna locura consigue escapar de las redes de mi conciencia para posarse suavemente en la locura que te acompaña.
Quiero poder volar hacia conciertos de plumas en lo alto de una montaña, donde el sabor del aire limpio nos llene los pulmones y refresque nuestras ganas de vivir.
Quiero ayudarte con tus deberes y sentirme viejo a tu lado.
Quiero sentarme a leerte la humilde prosa que sale de mi cabeza y verte sonreír con cada una de las "capulladas" que se me ocurren.
Quiero compartir segundos de un reloj de arena averiado, que se empeña en alargar el tiempo solo para concedernos algunas horas extra en las que dar rienda suelta al empeño de nuestros cuerpos de ser uno solo.
Quiero disfrutar del sonido de tu risa cada vez que alguna locura consigue escapar de las redes de mi conciencia para posarse suavemente en la locura que te acompaña.
Quiero poder volar hacia conciertos de plumas en lo alto de una montaña, donde el sabor del aire limpio nos llene los pulmones y refresque nuestras ganas de vivir.
Quiero ayudarte con tus deberes y sentirme viejo a tu lado.
Quiero sentarme a leerte la humilde prosa que sale de mi cabeza y verte sonreír con cada una de las "capulladas" que se me ocurren.
Capturar cada una de las sonrisas para guardarlas en un bote que solo abriré cuando el recuerdo de tus besos sea tan lejano que ni el más eterno de los encuentros sea capaz de saciarnos...
domingo, 22 de mayo de 2011
Apocalipsis Zombi (Cap. 1)
15 de octubre de 2011.
Cada vez se me hace más difícil comprender como conseguimos mantenernos cuerdos después de tanto tiempo; supongo que porque somos un grupo de amigos variopintos, y bastante bien preparados psicológicamente para este jodido drama.
Andrés nos ha sorprendido hoy a todos al entregarnos una libreta y un bolígrafo a cada uno, con la intención de que no nos volvamos locos. Además es una buena forma que aun destinados al olvido, una parte de nosotros quede guardada, al menos por unos años.
Por hoy creo que esto es todo, me toca turno de vigilancia, y tengo que estar atento. Al menos este turno me reiré un rato. Me toca con Matt.
-“Señoras, señores, una horda de personas ha ido atacando distintos puntos de la península. Los ataques se centran en los núcleos urbanos, son altamente violentos y de un carácter totalmente desconocido hasta ahora. Parece que están afectados por algún tipo de virus que les hace extremadamente peligrosos; no atienden a ningún tipo de razonamiento, y su objetivo es alimentarse de carne humana. Además, han demostrado no reaccionar al dolor, al cansancio o a gases lacrimógenos. La única forma de detenerlos es atacando al cerebro.
Les recomendamos que permanezcan en sus casas, y no intenten enfrentarse a esas personas, así mismo les recomendamos que no intenten huir en coche ya que todas las carreteras están cortadas o colapsadas por el alto número de personas que han cogido sus vehículos para escapar. Las noticias no son buenas esta noche, pero son las que hay. Buenas noches, y recuerden, no existen los héroes, solo personas que creen serlo.”
Mierda, pienso yo tras apagar la televisión, esto es lo que sabíamos que podía pasar. Rápidamente cojo una silla y me subo a ella. Alcanzo a coger la mochila que está en lo alto de mi armario. De ella saco un walkie-talkie, le pongo pilas y lo enciendo. Ahora me alegro de haber tomado tiempo atrás esta precaución, espero que Andrés no se la tomase en broma, pero no me preocupa, no es su estilo.
-¿Andrés? ¿Me recibes? ¿Andrés?- Digo yo mientras me quedo mirando el aparato en busca de respuestas.
-¿Edu? ¿Estás ahí? Cambio.- Responde una voz desde el aparato
-Sí, estoy aquí. Lo que temíamos ha llegado, ¿qué hago? Cambio.
-¿Dónde estás? Cambio.
-Por suerte en casa de mis abuelos. ¿Voy para allá? Tengo aquí todo. Cambio
-Estamos aquí todos, menos mis padres, que están en Valladolid. Ven, pero por favor ten mucho cuidado. Si tienes algún problema dejo el walkie encendido. Cambio.
Eso me deja más tranquilo, aunque el corazón me va mil por hora. Está empezando a anochecer y tengo que darme prisa si no quiero que me pille algo peor que la noche, pienso mientras cierro bien la mochila, y la ajusto a mi espalda. Bajo por las escaleras, no me gustaría encontrarme con que salgo del ascensor y al otro lado hay un comité de bienvenida. Por suerte o por desgracia, se notan los efectos, pequeños fuegos, gente corriendo con miedo, y no circulan coches por esta carretera. Es la de entrada y no la de salida, colapsada por cientos de coches. Tengo la adrenalina a mil, y la aprovecho para esprintar hasta que llego al portal donde al menos estaré más seguro y acompañado. Llamo al portal y entro. Subo por las escaleras y llego a la puerta.
-¿Estás bien?- Dice Andrés dándome un nervioso abrazo.
-Sí, tranquilo, solo estoy acojonado.
En el interior todo el mundo parece estar igual. Apenas hablan entre ellos, y están todos muy atareados asegurando la casa, pero cuando llego, todos se acercan a recibirme.
-Ahí fuera está todo muy jodido. Tal y como esperábamos a cundido el pánico, y la gente está tratando de escapar, no parece que haya muchos zombis pero nunca se sabe, a lo mejor solo es que no están por esta zona. Hay algún que otro fuego, y pequeños disturbios y saqueos. Nada especialmente alarmante.
-Bueno, eso es lo de menos, lo importante es que estamos todos. -Dice Matt.
-Si, -comento yo- pero necesitamos un plan. Yo creo que estaremos mejor en mi casa, es más grande, está más alejada de la ciudad, es más segura, tiene mayor capacidad de almacenamiento, y quizá un buen posible abastecimiento.
-Vale, no es mala idea, pero primero necesitamos armas, un vehículo, y esperar a que se calme todo un poco, porque tal y como están las cosas es imposible escapar por carretera a ningún sitio. -Dice Laura desde su sitio en el sofá.
-Lo primordial ahora es aclimatar esta casa para poder pasar aquí un tiempo. Comida, agua, un sitio donde dormir, reforzar la puerta, asegurar las escaleras, preparar los turnos de vigilancia, hacer el menor ruido posible, apagar las luces, y cerrar las persianas. -Propone Andrés.
-Vale, yo me encargo de hacer un inventario de las cosas de las que disponemos.
-Yo de preparar sitios donde dormir.
-Yo voy a hacer una pequeña barricada en la puerta.
-Vale, dejo la mochila y te ayudo.- Digo yo.
Cada vez se me hace más difícil comprender como conseguimos mantenernos cuerdos después de tanto tiempo; supongo que porque somos un grupo de amigos variopintos, y bastante bien preparados psicológicamente para este jodido drama.
Andrés nos ha sorprendido hoy a todos al entregarnos una libreta y un bolígrafo a cada uno, con la intención de que no nos volvamos locos. Además es una buena forma que aun destinados al olvido, una parte de nosotros quede guardada, al menos por unos años.
Por hoy creo que esto es todo, me toca turno de vigilancia, y tengo que estar atento. Al menos este turno me reiré un rato. Me toca con Matt.
-“Señoras, señores, una horda de personas ha ido atacando distintos puntos de la península. Los ataques se centran en los núcleos urbanos, son altamente violentos y de un carácter totalmente desconocido hasta ahora. Parece que están afectados por algún tipo de virus que les hace extremadamente peligrosos; no atienden a ningún tipo de razonamiento, y su objetivo es alimentarse de carne humana. Además, han demostrado no reaccionar al dolor, al cansancio o a gases lacrimógenos. La única forma de detenerlos es atacando al cerebro.
Les recomendamos que permanezcan en sus casas, y no intenten enfrentarse a esas personas, así mismo les recomendamos que no intenten huir en coche ya que todas las carreteras están cortadas o colapsadas por el alto número de personas que han cogido sus vehículos para escapar. Las noticias no son buenas esta noche, pero son las que hay. Buenas noches, y recuerden, no existen los héroes, solo personas que creen serlo.”
Mierda, pienso yo tras apagar la televisión, esto es lo que sabíamos que podía pasar. Rápidamente cojo una silla y me subo a ella. Alcanzo a coger la mochila que está en lo alto de mi armario. De ella saco un walkie-talkie, le pongo pilas y lo enciendo. Ahora me alegro de haber tomado tiempo atrás esta precaución, espero que Andrés no se la tomase en broma, pero no me preocupa, no es su estilo.
-¿Andrés? ¿Me recibes? ¿Andrés?- Digo yo mientras me quedo mirando el aparato en busca de respuestas.
-¿Edu? ¿Estás ahí? Cambio.- Responde una voz desde el aparato
-Sí, estoy aquí. Lo que temíamos ha llegado, ¿qué hago? Cambio.
-¿Dónde estás? Cambio.
-Por suerte en casa de mis abuelos. ¿Voy para allá? Tengo aquí todo. Cambio
-Estamos aquí todos, menos mis padres, que están en Valladolid. Ven, pero por favor ten mucho cuidado. Si tienes algún problema dejo el walkie encendido. Cambio.
Eso me deja más tranquilo, aunque el corazón me va mil por hora. Está empezando a anochecer y tengo que darme prisa si no quiero que me pille algo peor que la noche, pienso mientras cierro bien la mochila, y la ajusto a mi espalda. Bajo por las escaleras, no me gustaría encontrarme con que salgo del ascensor y al otro lado hay un comité de bienvenida. Por suerte o por desgracia, se notan los efectos, pequeños fuegos, gente corriendo con miedo, y no circulan coches por esta carretera. Es la de entrada y no la de salida, colapsada por cientos de coches. Tengo la adrenalina a mil, y la aprovecho para esprintar hasta que llego al portal donde al menos estaré más seguro y acompañado. Llamo al portal y entro. Subo por las escaleras y llego a la puerta.
-¿Estás bien?- Dice Andrés dándome un nervioso abrazo.
-Sí, tranquilo, solo estoy acojonado.
En el interior todo el mundo parece estar igual. Apenas hablan entre ellos, y están todos muy atareados asegurando la casa, pero cuando llego, todos se acercan a recibirme.
-Ahí fuera está todo muy jodido. Tal y como esperábamos a cundido el pánico, y la gente está tratando de escapar, no parece que haya muchos zombis pero nunca se sabe, a lo mejor solo es que no están por esta zona. Hay algún que otro fuego, y pequeños disturbios y saqueos. Nada especialmente alarmante.
-Bueno, eso es lo de menos, lo importante es que estamos todos. -Dice Matt.
-Si, -comento yo- pero necesitamos un plan. Yo creo que estaremos mejor en mi casa, es más grande, está más alejada de la ciudad, es más segura, tiene mayor capacidad de almacenamiento, y quizá un buen posible abastecimiento.
-Vale, no es mala idea, pero primero necesitamos armas, un vehículo, y esperar a que se calme todo un poco, porque tal y como están las cosas es imposible escapar por carretera a ningún sitio. -Dice Laura desde su sitio en el sofá.
-Lo primordial ahora es aclimatar esta casa para poder pasar aquí un tiempo. Comida, agua, un sitio donde dormir, reforzar la puerta, asegurar las escaleras, preparar los turnos de vigilancia, hacer el menor ruido posible, apagar las luces, y cerrar las persianas. -Propone Andrés.
-Vale, yo me encargo de hacer un inventario de las cosas de las que disponemos.
-Yo de preparar sitios donde dormir.
-Yo voy a hacer una pequeña barricada en la puerta.
-Vale, dejo la mochila y te ayudo.- Digo yo.
Una nueva historia, a ver que os parece.
Quizá inspirado por la historia de la querida pádawan de mi antiguo Maestro, he decidido que voy a comenzar a publicar algo que empecé a escribir hace un tiempo y que es la historia de un grupo de amigos (entre ellos yo), que tratan de sobrevivir a un Apocalipsis Zombi (A.Z)
Ya sé lo que diréis, "que original". Y sí, tenéis razón. Soy la hostia de original.
En fin, os explico un poco, para aquellos que os apetezca leerlo, que no seréis muchos. Hay dos tipos dentro del texto. Los que narran lo que está pasando en la actualidad, que es unos meses en el futuro, cuando el A.Z ya está avanzado y que será en formato diario y estará en cursiva. Y la otra serán una especie de flashbacks que narrarán lo que pasó cuando estalló todo y comenzó la locura.
Si hay alguna duda, preguntad, que no es pecado.
Ya sé lo que diréis, "que original". Y sí, tenéis razón. Soy la hostia de original.
En fin, os explico un poco, para aquellos que os apetezca leerlo, que no seréis muchos. Hay dos tipos dentro del texto. Los que narran lo que está pasando en la actualidad, que es unos meses en el futuro, cuando el A.Z ya está avanzado y que será en formato diario y estará en cursiva. Y la otra serán una especie de flashbacks que narrarán lo que pasó cuando estalló todo y comenzó la locura.
Si hay alguna duda, preguntad, que no es pecado.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Sígueme con tu sonrisa.
Los besos que te mando se acercan volando a traves de la ventana abierta hasta posarse sobre tu sonrisa. Y esa sonrisa eterna me recibe con los brazos abiertos como si en realidad se tratase de un viejo amigo al que la añoranza recuerda día tras día mientras el sol sale y la luna vela por nuestros sueños. El vuelo del pájaro que te envío para recordarte que el invierno ha pasado y que los cuerpos se entrelazan como uno solo se ha desviado del camino, entreteniéndose para recoger unas cuantas ramas con las que construir unos cuantos sueños que solo nos pertenecen a nosotros. Los niños comienzan a saborear esos días previos al verano. Esos que saben a libertad, a salitre y a heridas en las rodillas. Esos que tanto echarán de menos cuando tengan que decirle adiós a todo y yo tenga que decirle hasta luego a las miradas.
Y volver a nacer junto a un sonido palpitante que sordo a todo consejo me dice que continue caminando.
Y volver a nacer junto a un sonido palpitante que sordo a todo consejo me dice que continue caminando.
lunes, 16 de mayo de 2011
Tímida.
Los besos que rozan la piel mientras cerramos los ojos, acompañados por el lamento de un violín y un cliché en forma de mirada.
El sabor de las lágrimas capturadas por mis dedos antes de que abandonen su cálido recipiente. Al compás de la imaginación que acaricia tu barbilla alzando tu cabeza hasta que nuestras miradas se encuentran y el color de tus mejillas se torna carmesí, haciendo compañía al rojo latir de tus labios.
Tu ombligo, que es también el de mi mundo, llamándome para que le haga compañía en las noches frías en las que los lamentos de mí corazón resuenan por encima de los muros de piedra que lo rodean, protegiéndolo, pero ahogándolo.
La muerte acompañado de la dulzura de tu lengua.
El sabor de las lágrimas capturadas por mis dedos antes de que abandonen su cálido recipiente. Al compás de la imaginación que acaricia tu barbilla alzando tu cabeza hasta que nuestras miradas se encuentran y el color de tus mejillas se torna carmesí, haciendo compañía al rojo latir de tus labios.
Tu ombligo, que es también el de mi mundo, llamándome para que le haga compañía en las noches frías en las que los lamentos de mí corazón resuenan por encima de los muros de piedra que lo rodean, protegiéndolo, pero ahogándolo.
La muerte acompañado de la dulzura de tu lengua.
Mi muerte, mi cálida muerte en tus brazos...
domingo, 15 de mayo de 2011
Mírame con la boca y sonríeme con los ojos.
Es increíble la facilidad con la que las palabras parecen huir de mí en cuanto el viento arrastra unas cuantas sonrisas. Sonrisas de esas que asombran cuando las ves pintadas en la cara de una persona mayor con su nieto, o en la de dos personas que se quieren, o incluso en la de un grupo de amigos que disfrutan de sentirse invencibles. Pero hay sonrisas falsas, y parece que a base de verlas en todas partes, uno aprende a detectarlas a kilómetros. En realidad es fácil darse cuenta de si una sonrisa es de verdad o no, solo tienes que ver si permanece en la boca, o si por el contrario llama al ascensor y sube hasta los ojos. Pero sin duda, mis sonrisas favoritas son esas que se hacen disimuladamente y que solo se ven si te fijas. Esas sonrisas se hacen exclusivamente con los ojos, a hurtadillas, porque son sonrisas cómplices y solo se comparten entre el emisor y el receptor. Son únicas, inmejorables.
Y generalmente, tristes.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
