lunes, 18 de abril de 2011

She.

El calor de dos cuerpos en la oscuridad se refleja en el contorno de tus caderas, que como si de un imán se tratasen, atraen continuamente a mis manos que se posan perezosas sobre ellas. Solo distingo tus labios y tus ojos con claridad, y es que de tanto observarlos, los tengo grabados en lo más profundo de mi mente. Son mi punto de referencia junto con la estrella polar que se une a tu ombligo y la cola de la osa mayor que asciende hasta tu pecho.

Tus ojos están cerrados y tu cuerpo descansando después de una noche como esta, que no deja coger aliento más que para gemir y romper el silencio con súplicas de pasión. Sonrío mientras te tapo y me levanto sin desgastar el sonido para no despertarte aún, pero tu oído acostumbrado a los sonidos que produce mi cuerpo al roce con la tela me delata y tu mano se aferra a mi muñeca.

Me miras y tus ojos me atrapan otra vez. Y de nuevo mis labios rozan los tuyos apenas unos segundos antes de entrelazar mi cuerpo con el tuyo y de pedirle al amanecer que nos conceda una tregua.

1 comentario:

  1. Insinuante relato el que nos ofreces ahora que en la Semana S. hay que velar las procesiones
    y encima le pides ala amanacer una tregua,
    con jesucristo crucificado por las calles
    lloviendo, mojándose. ¡Qué valor! Feliz semana.
    Ángel.

    http://elblogdeunpoeta.blogspot.com/

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