Amanece un nuevo día y transcurre con aparente tranquilidad y rutina. Ir a clase o al trabajo, comer, pasar la tarde como buenamente se puede y llega la noche. Se esconde el sol, desciende la temperatura y nos acurrucamos entre las sábanas y mantas de nuestra cama. Pasamos el rato en el ordenador o leyendo, o incluso lo perdemos viendo la televisión. Finalmente apagamos la luz temerosos y sabemos que lo peor se acerca.
Todo el agobio, todos los problemas se materializan ante nosotros. Los fantasmas que nos atormentan se acercan para hacer que nos estremezcamos. No podemos evitar dejar que nos desborden y en el mejor de los casos, dormirnos cuando las lágrimas o se acaban o nos ahogan.
Es el momento más peligroso. Tienes que tomar una decisión. Dejar que esto te derrote y seguir sobreviviendo o aceptarlo de alguna jodida manera y comenzar a vivir. A vivir de nuevo. A poder sonreír por tonterías, pero consiguiendo que esa sonrisa no muera en los labios y pueda alcanzar los ojos.
Pero creo que no hay nada más peligroso en estos casos que una canción.
Pero creo que no hay nada más peligroso en estos casos que una canción.

Me encanta cómo escribes...
ResponderEliminarHace tiempo, cuando descubrí, como dices en este texto, que donde se detecta si de verdad alguien sonríe es en los ojos, me fascinó no haberme dado cuenta antes, ser consciente de cómo, muchas veces, nos detenemos en lo inmediatamente evidente sin ir más allá...
Pasar página y asumir que algunas etapas de nuestra vida han quedado atrás y son sólo parte del recuerdo es de las cosas más duras que hay en la vida. Pero hacerlo nos ayuda a verlas desde otra perspectiva, a poder aprender de ellas y a dejar de lado el dolor, guardarlo en una cajita y seguir avanzando. Así, además, podemos archivarlas como buenos recuerdos y no como dolorosos presentes.
Y, ¡ay! las canciones...esas son capaces de desbaratar todo nuestro álbum de recuerdos, enredar los sentimientos y llevar un mar de lágrimas al más cálido y feliz de los lechos.
Ahh... los ojos. Sí, es cierto, he conocido sonrisas que se escondían en la mirada, y sonrisas que parecían patentes pero solo se veía en los labios y sus amigos de marfíl. Sin duda me quedo con las primeras... esas sí que hacen estremecer, pero es un estremecimiento mucho más sutil y mágico.
ResponderEliminarEn cuanto al momento de acostarse... y que vengan todos los problemas, me ha ocurrido en más de una ocasión, al fin y al cabo tus párpados terminan por caer, y ni te enteras, lo peor es cuando eso se prolonga en pesadillas que te despiertan sudoroso y tenso a media noche, o cuando simplemente, a la mañana siguiente vuelves a recordar el dolor, y cansado te diriges a las clases con tu cara de martirio, y si los demás (exceptuando los que son importantes, que siempre gusta que pregunten dependiendo que cosas) no dicen nada a veces es hasta mejor, pero en el momento en el que varias personas comienzan a repetir una tras otra: "vaya cara que tienes, te pasa algo? has dormido poco?" te entran ganas de que te trague la tierra.
Toma parrafada... un beso y muchas gracias por todo compañero.
Me gusta sobre todo ese ultimo parrafo. Sabes que me encanta el texto, verdad?
ResponderEliminarComenzar a vivir de nuevo... Como bien dices, hay que conseguir una sonrisa y "que esa sonrisa no muera en los labios y pueda alcanzar los ojos."
Un saludo señor !
Siceramete me encanta sigue así tío.
ResponderEliminarB.t