Porque después de toda una vida huyendo de tus errores y tus pecados, de todas las personas a las que has abandonado, de todos a los que por tu prepotencia hiciste daño, al final, lo que queda no es nada más que un vacío que tratas de reparar con pequeñas buenas cosas. Con pequeñas cosas que lo único que hacen es ponerlo todo peor. No lo haces con mala intención, pero al fin y al cabo, la única forma de arreglarlo es mirando a los ojos a tus propios remordimientos y afrontando la realidad que se te plantea.
No debes temer a las consecuencias que conllevan tus actos.
jueves, 25 de noviembre de 2010
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