Yo no estuve triste.
Durante esos tres o cuatro minutos que dura la canción simplemente se creó un espacio a nuestro al rededor, donde no existía el tiempo, donde éramos eternos.
Te cogí la mano y supe que lo que durase la canción iba a ser nuestro. Y daba igual cuanta gente hubiese entre nosotros y cuantos kilómetros y cuantos silencios vacíos.
Eran nuestros minutos. ¿Y sabes qué es lo mejor?
Que nadie podía arrebatárnoslos.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Yo sentí una mezcla entre tristeza y alegría, sentimientos completamente opuestos al poder escuchar en directo de tu mano esa canción que nos puso la banda sonora y sentirte lejos a dos centímetros.
ResponderEliminarNo te lo he dicho nunca pero esa noche no oía tu voz al cantar, oía tus esquemas rasgarse con los míos.
41 días para volver a ver nuestras retinas afinar.
Lo sé. Lo sabes. Lo sabemos. Qué nos lo digan a nosotros.