martes, 17 de noviembre de 2015

Adiós.

Ha llegado el momento de dejarte ir. Ha llegado el momento de decirte adiós. Hemos pasado por mucho, pero ni tú me quieres como antes, ni yo te doy el tiempo que te mereces. Esto en realidad no es para que lo lea nadie, ya lo sabes tú. Es entre tú y yo. Nadie más tiene nada que decir aquí.

Has sido un apoyo increíble para mi durante los muchos años que no sabía como sacar muchas cosas de dentro de mi. Pero hace tiempo que parece que esto no fluye como antes. No tenemos quince años ya y eso se nota. Ambos sabemos que cosas de las que hay en ti las hice sólo para impresionar a chicas. Y también sabemos que entre algunas de tus líneas se esconden algunos de mis más tristes pensamientos. Pero ahora tenemos que ser fuertes y despedirnos de una vez por todas.

Mis últimas líneas en este blog quiero que sean para esas dos o tres personas que me llevan leyendo desde hace tanto tiempo y que de verdad les gusta lo que escribía. 

Siempre en cursiva, siempre vuestro.
Me pide el cuerpo que pare el viento y el agua, que me detenga en el silencio de esta sombra, que me tumbe junto al pecho que siempre me ofrece calor. Me pide el viento que le diga al agua que nada ha cambiado, que estamos juntos en este viaje, que el miedo que a veces nos cubre no llegará a ningún sitio porque no tiene cabida entre tanto amor. Pero los pensamientos oscuros a veces se agolpan entre mis ojos y mis lágrimas que laten frías. El tiempo se mueve en una sola dirección, jamás se para, jamás regresa. Nunca. Y no por eso debemos tenerle miedo, pero yo no puedo evitar pensar que quizá más pronto de lo que me gustaría se lleve mi alma y mi vida, que no late en mi.

Si no entre rizos y risas.