lunes, 8 de junio de 2015

No soy un buen estudiante, partamos de esa base. No diré tampoco que sea un mal estudiante porque es muy difícil mi carrera, ni porque "no dé para más". Al fin y al cabo ni soy tonto ni mi carrera es especialmente complicada. Sólo digo que para los estándares de una universidad, soy un mal estudiante. Cuando me paro a pensar en los motivos, el primero que me viene a la cabeza es que no pusieran demasiado interés en mi casa cuando yo era pequeño. Esto, obviamente, es una enorme mentira. Siempre lo he dicho y siempre lo diré: "mi madre ha estudiado por dos, primero por ella misma cuando le tocó ir al colegio y después para mí." Mi madre ha dedicado más tardes a sentarse conmigo a estudiar que más por más es más y que más por menos es menos, que las que ha dedicado a descansar en el sofá. Lo siguiente que se me ocurre es no haber escogido una carrera que me motive y por desgracia este puede ser cierto. No me gustan la mayor parte de las asignaturas de Turismo, pero sin embargo sí me gustan las salidas que me ofrecen. He hecho las prácticas de recepción de hotel hace nada y las he disfrutado como el que más. He trabajado mucho, he aprendido mucho y me he divertido mucho.
No quiero tampoco echar balones fuera y reconozco que soy un vago y siempre lo he sido. Desde pequeño no tenía que esforzarme para aprobar y por lo tanto no lo hacía. Siempre he buscado la manera de librarme de estudiar o hacer los deberes. Pero es curioso que cuando una asignatura me gustaba (ya fuese por el profesor que la impartía o por la materia que trata), no necesitaba nada más que escuchar en clase para sacar una muy buena nota. Eso ha conllevado que con el paso del tiempo el nivel de exigencia para aprobar una asignatura aumentase, pero mis esfuerzos para lograrlo no. Y aquí estoy, en 3º de carrera, con asignaturas pendientes de 2º y unas cuantas ya suspensas para septiembre. Intentando explicarme a mi mismo porqué siento está opresión en el pecho por no ser capaz de sentarme a aprender algo que no me interesa lo más mínimo, para contribuir a un sistema que no aprecio e intentar conseguir un trabajo con el que sobrevivir. Total, que esta ansiedad que me genera el sentirme incapaz de interesarme en mis asignaturas me come por dentro durante las semanas de exámenes. Luego pasarán y me dará igual suspender, porque es lo que llevo haciendo toda la vida. Y me prometeré estudiar poco a poco este verano para aprobar todas las que pueda. E irán pasando los días y no tocaré un libro. Y volverá la opresión en el pecho y la vergüenza por reconocer lo que he dejado claro desde el principio.


Que no soy un buen estudiante.