Poco a poco avanza el tiempo deslizándose por las paredes del reloj, que ajeno a toda prisa, permanece inmutable. No nos queda un verano en la manga ni secretos en la guantera. No nos queda el sucio silencio de un gemido ahogado ni, por supuesto, nos quedan recuerdos del miedo. Se acumulan retazos de bailes que jamás tuvieron sentido. Ni forma. Ni futuro. La bombilla se apaga, caliente. Se funde en su existencia, ahora carente de sentido. Retrocede el Mar frente a la Luna que le besa en forma de reflejo. Los tonos blancos de ella se funden con los azules de él. Las profundidades rugen con un lamento tan antiguo como la mismísima tierra. Se desgarra algo dentro de ambos.
martes, 12 de agosto de 2014
Tiempo de viajar
Que el tiempo se pare, condenado a atarse con cadenas a la lluvia que resbala por tu cara. Que la luz te atrape en un grano de arena. Que la lucidez escape entre los dedos, que resbale. Como agua. Como hielo. Como indiferencia. Que el miedo huya por el filo de la navaja corriendo a ocultarse. Nunca cerca, nunca lejos. Que vivamos de risa, de besos, de caricias en la cama, de cafés olvidados y pan caliente. Que los viajes nos unan, nos lleven juntos por una mirada en penumbra.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
