miércoles, 22 de octubre de 2014

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Hoy vuelan las libélulas a cielos abiertos con ríos, con luna, con viento y libertad. Nos recuerdan que se puede vivir de sueños, de calor, de la luz de las estrellas. Que la verdad que más duele es la que nunca se acaba. Que la certeza más absurda es el reflejo de tu cara en una mirada a dos centímetros de la locura. Que lo lógico sería pensar que los labios se nos vuelven locos al encontrarse, pero resulta que los nuestros lo hacen en la risa que nos contagiamos. Que lo impensable sería no encontrarse entre las sábanas... Bueno, eso sí es impensable. 
Las maneras, los trazos, las costumbres y manías, los amaneceres, los cafés, la dulce violencia del orgasmo, las miradas doblemente desnudas, los segundos, los minutos, las horas, los días, los meses, los años. Casi 4. El calor, el frío, la lluvia de tu mirada, tu locura y mi risa.
Que me he dado cuenta de lo mucho que te tengo integrada en mi vida al fijarme en que ya nunca pienso en mi como "yo", si no como nosotros. Que no puedo separar dos conceptos tan diferentes. Dos entidades tan completamente distintas, que aunque no encajan sin rozaduras, encajan.

Citando a mi yo pasado: Tú, tú, tú, yo. Pero sobretodo tú.

martes, 12 de agosto de 2014

Agua

Poco a poco avanza el tiempo deslizándose por las paredes del reloj, que ajeno a toda prisa, permanece inmutable. No nos queda un verano en la manga ni secretos en la guantera. No nos queda el sucio silencio de un gemido ahogado ni, por supuesto, nos quedan recuerdos del miedo. Se acumulan retazos de bailes que jamás tuvieron sentido. Ni forma. Ni futuro. La bombilla se apaga, caliente. Se funde en su existencia, ahora carente de sentido. Retrocede el Mar frente a la Luna que le besa en forma de reflejo. Los tonos blancos de ella se funden con los azules de él. Las profundidades rugen con un lamento tan antiguo como la mismísima tierra. Se desgarra algo dentro de ambos.

Ella llora. Él es lluvia.

Tiempo de viajar

Que el tiempo se pare, condenado a atarse con cadenas a la lluvia que resbala por tu cara. Que la luz te atrape en un grano de arena. Que la lucidez escape entre los dedos, que resbale. Como agua. Como hielo. Como indiferencia. Que el miedo huya por el filo de la navaja corriendo a ocultarse. Nunca cerca, nunca lejos. Que vivamos de risa, de besos, de caricias en la cama, de cafés olvidados y pan caliente. Que los viajes nos unan, nos lleven juntos por una mirada en penumbra.

Que se calle el silencio si se atreve.