miércoles, 8 de mayo de 2013

Onírico

Pequeñas perlas cristalizadas que se deslizan escapando del miedo. Brillan con luz propia, creando un camino por el que escapar. Como cientos de pequeñas luciérnagas incandescentes gritando que no, que ya basta de miedos y de dudas. Entre los árboles se intuye la salida y al mirar hacia arriba puedo ver puñaladas de cielo estrellado. Algo se ve al final del sendero. Un ser vestido con un sencillo camisón blanco me llama. Me saca de allí guiándome con su risa, con su voz. Al salir no hay más vestigio de su presencia que su ropa. Sus huellas parecen ajadas por el tiempo, olvidadas por siempre. Barba de varios días me cubre la cara. Dos lágrimas se deslizan por mis mejillas.

Despierto.

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