Hace tiempo que me ronda esta idea por la cabeza y que tras todo el panal de abejas que recogen la dulce miel se esconde el miedo que palpita, caliente, esperando a que todo estalle. Tras una explosión de furia las abejas habían ardido y toda la miel se había perdido. Estaba solo. Con el tiempo las abejas que sobrevivieron volaron lejos expulsadas ahora por la memoria racial que les decía que esa zona era peligrosa. Con el paso del tiempo y las generaciones las abejas fueron olvidando, dejando atrás sus dañinos miedos y dejando que las capas que cubrían el envoltorio de sus temores se fuesen deshaciendo. Cada vez que se encontraban, una grieta más aparecía en el cristal que les separaba. Cada vez que eso pasaba, apartaba la mirada. Por miedo.
"Por vergüenza no levanta la mirada."

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