21 de octubre de 2011
Echo de menos a Nilo.
-¡Dejadme entrar! –Grita una voz-. ¡Por favor!
Los gritos de una mujer al otro lado de la puerta me despiertan y veo que Laura está en de pie en el umbral de la puerta. Debo de ser el único que no se ha despertado hasta ese momento.
-¿Qué hacemos? –Pregunta Nuria-.
-¡¿Pero en serio os lo estáis planteando?! –Dice Laura incrédula-.
-Si no la dejamos pasar y sigue gritando va a acabar atrayendo a los zombis.
-Pero Mateo, no podemos meter a cualquiera en el grupo.
-¡¡Por favor!!
-Joder, parece estar sufriendo.
-No podemos dejarla pasar. Es demasiado arriesgado. Incluso aunque siga gritando –dice Andrés-. Vamos a tener que dejarla ahí.
-¿Y si le pedimos que se vaya? –Propongo yo medio dormido-. Igual cuela. O podemos amenazarla.
-¡Mire señora, o se va y se arriesga a morir en otro sitio, o salgo y la mato yo mismo! –Le grita Andrés de manera convincente-.
Los gritos y golpes cesan de repente y oímos unos pasos que resuenan en la escalera.
-¡Por favor! ¡Están subiendo! ¡Dejadme entrar por favor! –Grita desesperada la mujer- ¡Me van a matar!
Tras esto un golpe hace temblar la puerta y la mujer chilla mientras se escucha un forcejeo, el característico gemido de un zombi y un horrible desgarro de ropa. Oímos a la mujer chillar mientras el zombi la devora y durante unos minutos no somos capaces de movernos ni de decir nada. Finalmente los gritos cesan. Y Alex va al baño a vomitar.
-Al menos sabemos que no era mayor, ¿no? –Comento yo despreocupadamente-.
-¿Cómo puedes saber eso? –Pregunta Andrés-.
-Porque si no te habría dejado mal antes de morir, como todos los ancianos desconocidos que hablan contigo –Respondo riéndome-.
lunes, 27 de junio de 2011
lunes, 20 de junio de 2011
Apocalipsis Zombi (Cap. 5)
19 de octubre de 2011
Parece que se ha abierto el cielo y que tiran el agua a jarros. Por una parte es asqueroso, porque ya no podemos ni salir, pero por otra es buena, puesto que es una buena fuente de agua. Hoy no ha habido problemas, pero cada vez nos aburrimos más. Ya nos sabemos más de la mitad de las respuestas del trivial y he tenido que esconder el Monopoli porque no lo aguanto más. Y se han acabado los calmantes, así que probablemente tengamos que ir a buscar otra farmacia o estaremos jodidos. Nada más por hoy.
En el salón todo son voces enfadadas y una discusión interminable. Al parecer nadie se esperaba tener que partir ya, y Drita y Nuria prefieren quedarse en la casa solas, a tener que salir a la calle donde ahora mismo hay media docena de zombis tan solo en esta bocacalle.
-¿¡Pero no os dais cuenta de que no podéis quedaros aquí solas?! –Dice Andrés-.
-¿Por qué? ¿Qué más os da?
-Drita, por favor, no digas tonterías. Nadie quiere dejaros aquí.
-Edu tiene razón, no os vamos a dejar aquí –dice Matt-. Mira, sé que fuera está todo jodido, pero es fácil. Bajamos con las mochilas y las armas, Edu arranca el coche y nos largamos de aquí.
-Que no, que no pienso ir a ningún lado. No quiero arriesgarme a que me coman los hijos de puta esos.
-Mira, tú sabrás. Tienes la noche para pensarlo, pero nosotros mañana nos vamos y pensad que la comida se os acabará en muy poco tiempo y tendréis que ir solas a buscar más, sin armas de ningún tipo ni ayuda. Haced lo que queráis.
Dicho esto Andrés se marcha a su habitación y Alex y Drita a la de sus padres. Mateo sin ganas de más jaleo dice un escueto buenas noches y se sienta en el sofá con Nuria preparándose para hacer la primera guardia. Laura bosteza y se marcha al cuarto de Mateo. Por mi parte muevo la cabeza de un lado a otro con gesto negativo y mascullo “que estupidez”. No quiero saber nada más del tema, nos iremos mañana vengan con nosotros o no. En el fondo sabía que solo iban a ser un lastre, ya que no están hechas de la pasta que se requiere para sobrevivir, porque están demasiado acostumbradas a la comodidad de un hogar calentito y sobretodo sin que quieran comérselas, lo que por otra parte es bastante normal. Pero ya se sabe, "el organismo que se adapta es el que sobrevive".
Me marcho a la cocina y bebo un vaso de agua antes de acercarme al cuarto de Andrés y llamar suavemente a la puerta.
-¿Podemos hablar?
-Claro, pasa –dice él desde la cama-.
Tras cerrar la puerta y sentarme a los pies de su cama le miró con preocupación y le digo:
-¿Crees que saldrá bien?
-Mira Edu, no sé que va a pasar, pero lo que sí sé es que no nos podemos quedar aquí más tiempo. Confío en ti y sé que podrás hacerle el puente. Y luego, simplemente improvisaremos.
-Vale –asiento yo un poco más tranquilo-. Oye, ¿recuerdas aquella vez que me pillé aquella tajada con el Ballantines y te dedicaste a contarme historias de miedo?
-Si joder, que acojone nos pillamos –dice riéndose en voz baja-. Si sobrevivimos a esto, seguro que podremos crear unas cuantas nosotros mismos.
-Bueno, me voy a dormir que luego tocan las guardias… -Digo yo sonriendo-.
-Buenas noches.
Con un cabeceo le doy las buenas noches y me dirijo a la habitación de Mateo donde Laura ya está tumbada de medio lado hacia la pared y aparentemente dormida. Tratando de hacer el menor ruido posible me meto en la cama yo también y me quedo mirando al techo hasta que finalmente me quedo dormido.
Parece que se ha abierto el cielo y que tiran el agua a jarros. Por una parte es asqueroso, porque ya no podemos ni salir, pero por otra es buena, puesto que es una buena fuente de agua. Hoy no ha habido problemas, pero cada vez nos aburrimos más. Ya nos sabemos más de la mitad de las respuestas del trivial y he tenido que esconder el Monopoli porque no lo aguanto más. Y se han acabado los calmantes, así que probablemente tengamos que ir a buscar otra farmacia o estaremos jodidos. Nada más por hoy.
En el salón todo son voces enfadadas y una discusión interminable. Al parecer nadie se esperaba tener que partir ya, y Drita y Nuria prefieren quedarse en la casa solas, a tener que salir a la calle donde ahora mismo hay media docena de zombis tan solo en esta bocacalle.
-¿¡Pero no os dais cuenta de que no podéis quedaros aquí solas?! –Dice Andrés-.
-¿Por qué? ¿Qué más os da?
-Drita, por favor, no digas tonterías. Nadie quiere dejaros aquí.
-Edu tiene razón, no os vamos a dejar aquí –dice Matt-. Mira, sé que fuera está todo jodido, pero es fácil. Bajamos con las mochilas y las armas, Edu arranca el coche y nos largamos de aquí.
-Que no, que no pienso ir a ningún lado. No quiero arriesgarme a que me coman los hijos de puta esos.
-Mira, tú sabrás. Tienes la noche para pensarlo, pero nosotros mañana nos vamos y pensad que la comida se os acabará en muy poco tiempo y tendréis que ir solas a buscar más, sin armas de ningún tipo ni ayuda. Haced lo que queráis.
Dicho esto Andrés se marcha a su habitación y Alex y Drita a la de sus padres. Mateo sin ganas de más jaleo dice un escueto buenas noches y se sienta en el sofá con Nuria preparándose para hacer la primera guardia. Laura bosteza y se marcha al cuarto de Mateo. Por mi parte muevo la cabeza de un lado a otro con gesto negativo y mascullo “que estupidez”. No quiero saber nada más del tema, nos iremos mañana vengan con nosotros o no. En el fondo sabía que solo iban a ser un lastre, ya que no están hechas de la pasta que se requiere para sobrevivir, porque están demasiado acostumbradas a la comodidad de un hogar calentito y sobretodo sin que quieran comérselas, lo que por otra parte es bastante normal. Pero ya se sabe, "el organismo que se adapta es el que sobrevive".
Me marcho a la cocina y bebo un vaso de agua antes de acercarme al cuarto de Andrés y llamar suavemente a la puerta.
-¿Podemos hablar?
-Claro, pasa –dice él desde la cama-.
Tras cerrar la puerta y sentarme a los pies de su cama le miró con preocupación y le digo:
-¿Crees que saldrá bien?
-Mira Edu, no sé que va a pasar, pero lo que sí sé es que no nos podemos quedar aquí más tiempo. Confío en ti y sé que podrás hacerle el puente. Y luego, simplemente improvisaremos.
-Vale –asiento yo un poco más tranquilo-. Oye, ¿recuerdas aquella vez que me pillé aquella tajada con el Ballantines y te dedicaste a contarme historias de miedo?
-Si joder, que acojone nos pillamos –dice riéndose en voz baja-. Si sobrevivimos a esto, seguro que podremos crear unas cuantas nosotros mismos.
-Bueno, me voy a dormir que luego tocan las guardias… -Digo yo sonriendo-.
-Buenas noches.
Con un cabeceo le doy las buenas noches y me dirijo a la habitación de Mateo donde Laura ya está tumbada de medio lado hacia la pared y aparentemente dormida. Tratando de hacer el menor ruido posible me meto en la cama yo también y me quedo mirando al techo hasta que finalmente me quedo dormido.
martes, 14 de junio de 2011
Apocalipsis Zombi (Cap. 4)
18 de octubre de 2011
Hoy el día ha sido sobretodo traumático. Creo que aún no me he acostumbrado a esta mierda. Cuando hemos salido a dar una vuelta Matt y yo para que a Alex le diese un poco el sol nos hemos dado cuenta de lo mal que está. No parece haber aceptado el hecho de que nunca podrá volver a ser como antes y cada día come menos, habla menos y sobretodo lo peor es que cada vez tiene menos interés por vivir. Aquel accidente le hizo perder todo el interés, y eso que hoy le he dado un libro que encontré, uno sobre aviones… Con lo que a él le gustaban.
-Despierta anda, que vamos a comer.
Una voz me hace descender de nuevo al mundo real donde todo es peor de lo que parece. Veo que alguien me ha tapado con una manta y tras dudar unos segundos si darme la vuelta y tratar de volver a dormir, decido que es mejor levantarme y ayudar a poner la mesa.
La rutina no tiene cabida en estos días y de nuevo vuelvo a notar como la tensión y los nervios me superan. Antes de que nadie me vea voy, con quizá demasiada velocidad, hacia el baño para pasar desapercibido. Cierro la puerta y me dejo caer al suelo donde comienzo a llorar silenciosamente. Mi cuerpo se sacude ligeramente mientras me abrazo a mis rodillas y libero todo lo que he estado conteniendo hasta ahora. “¿Estarán bien mis padres?” “Mi hermana en Aranjuez seguro que ya está muerta.” “¿Cómo demonios vamos a salir de esta?” Pero sobretodo el pensamiento que más abundó en ese momento fue “No quiero morir.”
“Toc, toc, toc.”
-¿Edu? –dice una voz que no soy capaz de identificar-. ¿Va todo bien? ¿Pasa algo?
-No, no. No pasa nada, ahora salgo –contesto con la voz rota-. Dadme unos minutos.
Me levanto como puedo del suelo y me agarro al lavabo. Aún temblándome las piernas, abro el grifo y me mojo la cara con abundante agua. Me miro al espejo y lo que me encuentro es mi cara pero con los ojos jodidamente hinchados. Bueno, al menos espero que no me digan nada.
Tras abrir la puerta y mirarlos a todos veo que parecen preocupados así que bromeo.
-Es que me he dado con el canto de la puerta en el dedo meñique y joder si duele…
Nadie dice nada, pero veo como Andrés me mira preocupado. Todos nos sentamos a comer lo que hay, y al acabar, Alex propone jugar a algún juego de mesa para distraernos un poco. Pero no me encuentro con ánimos para jugar una partida al Monopoli, así que tras una breve excusa me voy del salón al cuarto de los padres de Mateo y me tumbo en la cama de medio lado dando la espalda a la puerta.
Paso un buen rato en esa postura hasta que alguien llama a la puerta y decido hacerme el dormido.
-¿Estás despierto? –Pregunta Laura-. No quiero molestar.
-Sí, estoy dormido -contesto yo-. Pero no molestas.
-¿Qué te pasa? –Pregunta mientras se tumba a mi lado-.
-Pues supongo que lo que a todos, que aún estoy digiriendo todo esto y a ratos no es tan fácil.
Tras esto nos sumimos en un silencio que ninguno parece dispuesto a romper.
-¿Crees que saldremos de esta? –Pregunto finalmente yo-.
-No lo sé.
Hoy el día ha sido sobretodo traumático. Creo que aún no me he acostumbrado a esta mierda. Cuando hemos salido a dar una vuelta Matt y yo para que a Alex le diese un poco el sol nos hemos dado cuenta de lo mal que está. No parece haber aceptado el hecho de que nunca podrá volver a ser como antes y cada día come menos, habla menos y sobretodo lo peor es que cada vez tiene menos interés por vivir. Aquel accidente le hizo perder todo el interés, y eso que hoy le he dado un libro que encontré, uno sobre aviones… Con lo que a él le gustaban.
-Despierta anda, que vamos a comer.
Una voz me hace descender de nuevo al mundo real donde todo es peor de lo que parece. Veo que alguien me ha tapado con una manta y tras dudar unos segundos si darme la vuelta y tratar de volver a dormir, decido que es mejor levantarme y ayudar a poner la mesa.
La rutina no tiene cabida en estos días y de nuevo vuelvo a notar como la tensión y los nervios me superan. Antes de que nadie me vea voy, con quizá demasiada velocidad, hacia el baño para pasar desapercibido. Cierro la puerta y me dejo caer al suelo donde comienzo a llorar silenciosamente. Mi cuerpo se sacude ligeramente mientras me abrazo a mis rodillas y libero todo lo que he estado conteniendo hasta ahora. “¿Estarán bien mis padres?” “Mi hermana en Aranjuez seguro que ya está muerta.” “¿Cómo demonios vamos a salir de esta?” Pero sobretodo el pensamiento que más abundó en ese momento fue “No quiero morir.”
“Toc, toc, toc.”
-¿Edu? –dice una voz que no soy capaz de identificar-. ¿Va todo bien? ¿Pasa algo?
-No, no. No pasa nada, ahora salgo –contesto con la voz rota-. Dadme unos minutos.
Me levanto como puedo del suelo y me agarro al lavabo. Aún temblándome las piernas, abro el grifo y me mojo la cara con abundante agua. Me miro al espejo y lo que me encuentro es mi cara pero con los ojos jodidamente hinchados. Bueno, al menos espero que no me digan nada.
Tras abrir la puerta y mirarlos a todos veo que parecen preocupados así que bromeo.
-Es que me he dado con el canto de la puerta en el dedo meñique y joder si duele…
Nadie dice nada, pero veo como Andrés me mira preocupado. Todos nos sentamos a comer lo que hay, y al acabar, Alex propone jugar a algún juego de mesa para distraernos un poco. Pero no me encuentro con ánimos para jugar una partida al Monopoli, así que tras una breve excusa me voy del salón al cuarto de los padres de Mateo y me tumbo en la cama de medio lado dando la espalda a la puerta.
Paso un buen rato en esa postura hasta que alguien llama a la puerta y decido hacerme el dormido.
-¿Estás despierto? –Pregunta Laura-. No quiero molestar.
-Sí, estoy dormido -contesto yo-. Pero no molestas.
-¿Qué te pasa? –Pregunta mientras se tumba a mi lado-.
-Pues supongo que lo que a todos, que aún estoy digiriendo todo esto y a ratos no es tan fácil.
Tras esto nos sumimos en un silencio que ninguno parece dispuesto a romper.
-¿Crees que saldremos de esta? –Pregunto finalmente yo-.
-No lo sé.
lunes, 6 de junio de 2011
Apocalipsis Zombi (Cap. 3)
17 de octubre de 2011
Veamos como va la competición:
Laura: 106
Edu: 99
Andrés:97
Matt: 90
Alex : --
Ni tan mal, me dio mucha rabia haberme puesto malo la semana pasada. Un solo día y ya se aleja en el marcador. Bueno, espero poder alcanzarla, pero es difícil, parece haber nacido para esto, aunque al menos sigo por delante de Andrés y Mateo.
En fin, el día de hoy ha sido bastante movidito; por la mañana estuvimos limpiando, que hoy tocaba. Después nos hemos metido con el garaje, que había un montón de muebles abajo que estaban pidiendo a gritos ser convertidos en madera. Así que ahí nos tienes a todos riendo, y pasándonoslo como críos mientras destrozábamos con el hacha esos pobres muebles. Por la tarde nos hemos ido de cacería. Ha sido divertido, ya que hemos ido a una casa que queda cerca de una gran concentración de zombies. Nosotros tenemos la ventaja de la altura, y ellos la desventaja de que no nos ven. He cogido un fusil y Matt otro, igualdad de condiciones, y he ganado yo. Era a ver quien llegaba antes a diez. Y aunque esto no cuenta para la clasificación general, ha estado bien.
Buenas noches.
-Creo que deberíamos pensar como salir de aquí. Tenemos víveres como para una semana como mucho y una vez que se acaben va a ser más difícil –comenta Matt con la lista del inventario en las manos-. Pero no sé a dónde podríamos ir.
-Lo difícil no creo que sea salir de aquí –dice Andrés mirando por la ventana-, si no encontrar un sitio a dónde ir, y una manera de llegar.
-Mi casa es grande, tengo la despensa llena y tengo llaves –sugiero yo-. Pero no sé como de defendible será. Aunque tampoco sé como de extendido estará todo por ahí, ni sé como podemos llegar.
Estamos todos bastante nerviosos, porque al haber pasado la primera noche empezamos a ser más conscientes de que todo esto es real y no un mal sueño del que vamos a acabar despertando. Drita ya se ha derrumbado dos veces esta mañana y más por imitación que por otra cosa, Nuria también. No las culpo de nada, yo también estoy nervioso, pero creo que dentro de lo que cabe lo voy aceptando.
-Si al menos tuviésemos las llaves de un coche –piensa en voz alta Laura-.
-¿Y si se las robamos a alguien?
-Sí, y vamos probando a ver que coche abren. ¡No te jode! –Le espeta Alex-.
Mi mente escucha la conversación a medias mientras trato de recordar aquella productiva tarde en el taller de mi tío cuando me enseñó a hacer puentes en los coches.
-Pues yo se hacer puentes en los coches –digo distraídamente más para mí que para el resto-.
De repente noté como todas las miradas se dirigían a mí y se clavaban en mi cara.
-Bueno, sé la teoría y de ver como lo hacía mi tío que es mecánico, pero yo no lo he intentado nunca, y menos si tengo la presión de que intentan comerme.
-¿Pero crees que sabrías hacerlo? –Pregunta Andrés-. Es decir, ¿da igual el modelo y la marca?
-Creo que sí –contesto yo-.
Comienza una discusión sobre las posibilidades de evacuación y de los riesgos. Pero lo que más preocupa es como defendernos de los zetas. No tenemos a penas armas. El kukri de Andrés, una palanca de hierro y un bate de béisbol. No está mal, pero no es gran cosa. Las voces se van atenuando cuando cierro los ojos y apoyo mi cabeza en el respaldo del sofá, hasta que finalmente acaban por desaparecer.
Veamos como va la competición:
Laura: 106
Edu: 99
Andrés:97
Matt: 90
Alex : --
Ni tan mal, me dio mucha rabia haberme puesto malo la semana pasada. Un solo día y ya se aleja en el marcador. Bueno, espero poder alcanzarla, pero es difícil, parece haber nacido para esto, aunque al menos sigo por delante de Andrés y Mateo.
En fin, el día de hoy ha sido bastante movidito; por la mañana estuvimos limpiando, que hoy tocaba. Después nos hemos metido con el garaje, que había un montón de muebles abajo que estaban pidiendo a gritos ser convertidos en madera. Así que ahí nos tienes a todos riendo, y pasándonoslo como críos mientras destrozábamos con el hacha esos pobres muebles. Por la tarde nos hemos ido de cacería. Ha sido divertido, ya que hemos ido a una casa que queda cerca de una gran concentración de zombies. Nosotros tenemos la ventaja de la altura, y ellos la desventaja de que no nos ven. He cogido un fusil y Matt otro, igualdad de condiciones, y he ganado yo. Era a ver quien llegaba antes a diez. Y aunque esto no cuenta para la clasificación general, ha estado bien.
Buenas noches.
-Creo que deberíamos pensar como salir de aquí. Tenemos víveres como para una semana como mucho y una vez que se acaben va a ser más difícil –comenta Matt con la lista del inventario en las manos-. Pero no sé a dónde podríamos ir.
-Lo difícil no creo que sea salir de aquí –dice Andrés mirando por la ventana-, si no encontrar un sitio a dónde ir, y una manera de llegar.
-Mi casa es grande, tengo la despensa llena y tengo llaves –sugiero yo-. Pero no sé como de defendible será. Aunque tampoco sé como de extendido estará todo por ahí, ni sé como podemos llegar.
Estamos todos bastante nerviosos, porque al haber pasado la primera noche empezamos a ser más conscientes de que todo esto es real y no un mal sueño del que vamos a acabar despertando. Drita ya se ha derrumbado dos veces esta mañana y más por imitación que por otra cosa, Nuria también. No las culpo de nada, yo también estoy nervioso, pero creo que dentro de lo que cabe lo voy aceptando.
-Si al menos tuviésemos las llaves de un coche –piensa en voz alta Laura-.
-¿Y si se las robamos a alguien?
-Sí, y vamos probando a ver que coche abren. ¡No te jode! –Le espeta Alex-.
Mi mente escucha la conversación a medias mientras trato de recordar aquella productiva tarde en el taller de mi tío cuando me enseñó a hacer puentes en los coches.
-Pues yo se hacer puentes en los coches –digo distraídamente más para mí que para el resto-.
De repente noté como todas las miradas se dirigían a mí y se clavaban en mi cara.
-Bueno, sé la teoría y de ver como lo hacía mi tío que es mecánico, pero yo no lo he intentado nunca, y menos si tengo la presión de que intentan comerme.
-¿Pero crees que sabrías hacerlo? –Pregunta Andrés-. Es decir, ¿da igual el modelo y la marca?
-Creo que sí –contesto yo-.
Comienza una discusión sobre las posibilidades de evacuación y de los riesgos. Pero lo que más preocupa es como defendernos de los zetas. No tenemos a penas armas. El kukri de Andrés, una palanca de hierro y un bate de béisbol. No está mal, pero no es gran cosa. Las voces se van atenuando cuando cierro los ojos y apoyo mi cabeza en el respaldo del sofá, hasta que finalmente acaban por desaparecer.
sábado, 4 de junio de 2011
Puede ser.
A veces la apatía se hace patente en mis huesos, y se empeña en agarrarse con fuerza, sin ganas de partir a su mundo, o donde coño quiera que se alojen los sentimientos cuando no están dentro de alguien. A veces me canso de todo el mundo y me dan ganas de mandarlo todo a la mierda, pero me aguanto, pongo buena cara y sigo sonriendo.
¿Que por qué lo hago? ¿Y yo que sé? Supongo que porque ellos no se merecen algo así. Porque todavía debe quedar gente a la que le importo, y seguro que más cerca de lo que yo pienso, pero me cuesta una barbaridad verlo.
Dicen que se puede estar rodeado de gente y a la vez eternamente solo.
¿Que por qué lo hago? ¿Y yo que sé? Supongo que porque ellos no se merecen algo así. Porque todavía debe quedar gente a la que le importo, y seguro que más cerca de lo que yo pienso, pero me cuesta una barbaridad verlo.
Dicen que se puede estar rodeado de gente y a la vez eternamente solo.
miércoles, 1 de junio de 2011
Storm.
La tormenta se acerca más a nuestra cama y las caricias descargan la electricidad en forma de tornados sobre nuestra piel. Al parecer el gusto por la sal del mar se ha quedado en tu espalda mientras me empeño en conocerla palmo a palmo. Tus manos se enredan en mi pelo mientras muerdes tu labio cuando me miras a los ojos, y tu respiración se siente agitada en mi cuello. Tu oreja se encuentra avasallada por la atención que mi boca le dedica cuando mi lengua te susurra con saliva el camino hacia el placer. Marco por la linea de puntos que me conduce hacia abajo, a zonas prohibidas y deliciosamente vedadas al placer de los mortales. Coinciden durante unas milésimas de segundo los latidos de nuestros corazones, que desbocados se dan la mano para cabalgar juntos. Te miro. Me miras. La tormenta vuelve y sigo sin poder retenerla ni un segundo.
Me avalanzo sobre tus labios para hacerles compañía mientras me ahogo en el placer.
Me avalanzo sobre tus labios para hacerles compañía mientras me ahogo en el placer.
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