¿Y qué haces cuando hasta soñar te cuesta? Cuando cada respiración duele si no es la suya. Si no son sus ojos los que te miran. Si no es su mano la que acaricia cada uno de tus cinco sentidos.
Yo te lo digo. Luchar. Seguir luchando, pues es precisamente por eso por lo que merece la pena aún este mundo podrido de guerras y de odio. Porque son sus palabras las que alivian el luto velado de tu corazón, y sus besos los que detienen el envejecimiento acelerado de tu alma.
No pienso decirte que te vayas, ni pienso pedirte que te quedes. Solo quiero pedirte que no impidas que nuestros caminos, se junten de vez en cuando de nuevo.
Porque mirar al cielo y soñar, es más divertido si se hace contigo.
lunes, 11 de octubre de 2010
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