viernes, 26 de febrero de 2010

Saltando al vacio.

El aire es frío, pero aun así el cuerpo me arde. No hay nadie alrededor, estoy solo.
Frente a mí, el abismo, y junto a él, el miedo.
Porque aunque no es el primer abismo al que me encaro, sí es el mas grande y oscuro.
Cojo aire y aprieto los dientes.Un primer paso y otro y cada uno más fuerte, más rápido.
Y otro más, y otro.
Ya no hay marcha atrás.
El miedo se convierte en rabia. El abismo se planta ante mí y el resto desaparece.
Entonces, el último paso. El suelo ya no está bajo mis pies. Ya nada depende de mí, puedo caer en la oscuridad o llegar al otro lado, al siguiente paso, que me conducirá al siguiente abismo.
Pero ahora sólo vuelo, ya no importa nada más...

1 comentario:

  1. Supongo que cada persona tenga sus propios abismos a los que enfrentarse día a día. Pero una cosa está clara, si no te enfrentas a ellos y dejas que el miedo te pueda, no tendras la oportunidad de conocer como es el camino hasta llegar al próximo.
    Me gusta esta entrada.
    Un beso

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