domingo, 8 de noviembre de 2009

Rápidamente guardo el libro dentro de la cartera y me dispongo a esperar. Ahora que tengo un objetivo definido, no me es difícil seguir el rastro del olor de la chica, que ahora mismo se encuentra todavía parado en la gasolinera. La oigo suspirar de aburrimiento mientras espera a que la persona que conduce vuelva. Se abre una puerta, alguien se sienta y se cierra la puerta. La llave hace contacto y el coche arranca. Veo pasar el coche en dirección al pueblo, paso andando a cierta velocidad por la poco concurrida calle, y salto una valla. Ya fuera de la vista me interno en un pequeño bosquecillo que hay a un lado de la carretera que va hacia el pueblo. Comienzo a correr, en apenas unos segundos alcanzo el coche que circula a una velocidad bastante elevada, y tengo que reducir mi carrera si no quiero adelantarles.
Cinco minutos después, el coche disminuye su velocidad hasta pararse enfrente de una casa unifamiliar de tamaño acogedor y un cierto olor que ya comenzaba a resultarme familiar. Se bajaron del coche y entraron en la casa. Me acerque sin hacer apenas un ruido y entre en la propiedad. Me situé en una esquina de la casa donde la lluvia no me alcanzaba, y el frío era menor, pese que ninguno tuviese el menor efecto en mi. Oía cuatro voces distintas, tres de mujer, y una de hombre. Una de las voces femeninas, la que reconocí como la madre, ya que estaba en ese momento recogiendo unos platos y refunfuñando por ello, estaba en la cocina. La voz masculina estaba en el piso de arriba, oí un par de veces el chirriar de una silla y el continuo movimiento de papeles. Las otras dos voces femeninas estaban en la misma habitación una era de una niña pequeña de unos tres años, y la otra era de la chica del olor a chocolate. Ambas estaban hablando de cosas de su día.
Cuando el sol empezaba a ocultarse, algo cambió dentro de la casa y empezó a haber movimiento.
-Cariño, vete preparándote que nos vamos a cenar. -Dijo la madre.
¡Bien! Un golpe de suerte para mí, así cuando se fueran podría echar un vistazo. Al menos, tuve la sensatez de ponerme donde la lluvia incidiese menos, así dejaría menos huellas de mi paso por la casa. Un rato después oí como se abría la puerta y salían los ocupantes de la casa, en dirección al coche. Partieron, y yo me acerque a la entrada. Tendría al rededor de una hora y media para husmear en busca de información para saciar mi interés sobre esa chica.
Entre sin demasiada dificultad en la casa, y los olores que habían llegado hasta mí en el jardín, fluyeron con más intensidad ahora. El único ruido que se oía dentro de la casa era el de una lavadora funcionando en la cocina. Me iba a dirigir al piso de arriba cuando me dí cuenta de que estaba goteando mi chaqueta, por lo que me la quité y la colgué en un perchero. Esta vez si, subí al piso de arriba guiado por ese aroma que me condujo hasta una habitación al fondo del vestíbulo de ese segundo piso. Cuando abrí la puerta su olor me golpeó con sorprendente fuerza, dejándome parado de golpe en la entrada. La garganta me abrasaba, y por suerte no había nadie dentro de la casa, porque habría significado la muerte para ellos, casi con toda seguridad. Las paredes lucían un suave color verde, y una sola lámpara colgaba del techo iluminando toda la habitación cuando pulsabas uno de los dos interruptores de la habitación. Había una pequeña mesa pegada a la pared con un flexo azul, y un ordenador portátil sobre ella. La cama, pegada a la pared, estaba cubierta por un edredón azul, y había un armario en una de las paredes. Por último destacaba una gran ventana en la pared a la que la cama estaba pegada. La ventana daba al oeste, por lo que aun se veía muy ligeramente los retazos del sol que se había escondido hace tiempo.
Pasó un buen rato hasta que me moviese de la entrada de la habitación, empapándome de todos los detalles de la habitación. Cuando al fin lo hice, revoloteé sin rumbo fijo para ver las cosas desde distintos ángulos, sin abrir ningún cajón, tampoco quería violar su intimidad, demasiado... Me senté en las escaleras, pensando en porque hacía todo esto. No es que me fuese a asombrar a estas alturas la magnitud que tiene mi curiosidad, pero nunca había llegado hasta este punto. Es más, ¿qué demonios estaba haciendo ahí? Tenía que salir de allí ya.
Acababa de salir yo da ahí cuando se abrió la puerta de la entrada. Era imposible, los habría oido. Mierda, siempre me pasa lo mismo cuando reflexiono, tenía que esconderme, y ya. ¿Dónde? ¿Dónde? Abro la primera puerta que me encuentro y me meto dentro. Es el baño. Oigo ruido de pasos por las escaleras, y puertas que se abren y se cierran, y después silencio. Salgo del baño lo más rápido que puedo, ya que al menos cuento con la ventaja de que se que no voy a hacer ningún ruido. Bajo hasta la entrada, cojo mi chaqueta y salgo cerrando la puerta tras de mí.
Si tengo intención de pasarme la noche mirando como duerme, y vaya si la tengo, tengo que alimentarme. Voy corriendo hasta mi casa, sorprendentemente a solo cincuenta kilómetros de allí, por lo que apenas tardé tres minutos en llegar. Entré en mi casa, y llegué a la cocina. Saqué dos bolsas de la nevera, con eso sería suficiente. Vaya, que pena, solo quedan B negativo, voy a tener que pedir más en breve. Las bebí rapidamente, y cuando acabé con ellas, saqué otra bolsa más.
-Más vale que sobre y no que falte...
Salí de allí y deshice el camino. Cuando llegué me encaramé a la ventana de su cuarto, que ya tenía la luz apagada. Estaba tumbada en la cama, dormida. El olor era especialmente fuerte ahora que me encontraba por primera vez a apenas medio metro de ella. Varias veces abre los ojos y me mira directamente a los míos, pero me toma por un sueño y vuelve a cerrarlos. Así pasan las horas y sale el sol. Para cuando ella se despierta, el sol ya está alto en el cielo y toda la familia ya se ha ido. Baja a desayunar, no me ve, ya que yo ya me he escondido y espero sin saber muy bien que voy a hacer a continuación. Antes de que haya llegado a ninguna conclusión ella aparece solo para coger algo de ropa y marcharse a la ducha. Me cuelo por la ventana y la sigo. No se muy bien porque lo hago pero la parte de mi que es humana se ha despertado, y con ella sensaciones y necesidades que la acompañan.
Ella se acaba de quitar toda la ropa y está entrando en de la ducha para cuando yo entro en el baño. Solo la veo de espaldas y me acerco mucho a ella, posando mi respiración en su nuca. De repente algo en mi cabeza hace contacto y en una milésima de segundo reacciono, y salgo de la ducha, y del baño. Corro, rápido y lejos, sin importarme a donde, pero corro. Por suerte, se que se acaba de apuntar a clases de inglés, en una academia del pueblo, la cual necesita un profesor, o lo necesitará, de eso me encargo yo, y casualmente, ese, seré yo…

viernes, 6 de noviembre de 2009

Continuación 1.1

Mi vida nunca fue fácil, ni especialmente bonita. Siempre tuve problemas en mi vida, con mi familia, con el mundo, con su injusticia... Todo se complicó mucho más el día en que simplemente me morí. Mi conversión fue corta pero intensa, y muy, muy dolorosa. Los primeros días todo era nuevo para mí, era como haber estado aislado dentro de una burbuja toda mi vida, y como si de repente explotase y fuese capaz de verlo, oírlo, sentirlo todo realmente como era. Mi oído se agudizó hasta poder oír cosas a kilómetros, mi vista me permitía ver hasta de noche, mi tacto era capaz de distinguir hasta las partículas de polvo, y mi olfato... aún sin la necesidad de respirar, era mi olfato del sentido del que más dependía.

A día de hoy voy caminando a paso humano ya mecanizado, para no levantar sospechas. Llevo mi bandolera cruzada en mi hombro izquierdo y apoyada en mi cadera derecha. Me gusta el negro, por eso mi ropa últimamente es negra. Hoy es distinto, solo mi gorro es negro. En mi mano derecha sujeto un libro que voy leyendo, y en mi izquierda un vaso de refresco aparentemente lleno, pero es puro atrezzo. El tiempo es lluvioso, como de costumbre, cuando esquivo con fingida dificultad un charco, y paso por enfrente de una gasolinera, donde el penetrante y nauseabundo olor de la gasolina llega a mi nariz con hiriente fuerza. Otros olores están presentes, olor a café y a pan, a neumático. Otros más sutiles se perciben en capas distintas, como el olor de la lluvia, el de papel de periódico y de revistas... El de la sangre, no es tan sutil.

El viento cambia y una racha envía a mi el calor amortiguado de un cuerpo en un coche, y el olor de ese cuerpo. Chocolate, vainilla, pan, y un toque de flores primaverales. "Humm, no está nada mal" pienso yo mientras sigo caminando. Por regla general no me suelo interesar, pero hacía casi dos semanas que no me alimentaba, y esta vez fue el instinto lo que me hizo girarme... ¿Seguro?

A los pocos segundos de haberme girado, vi a la persona con ese cautivador olor. Lo primero que vi fueron sus ojos, aparte de ser de un color precioso, un color verde mar, lo que me impresionó fue la profundidad y la intensidad con la que me miraban. Creí que más que verme, me estaban mirando, aislando del resto de su mundo triste y desbordado. Creí ver un ligero brillo por la forma en la que me miraban. Llevaba una bufanda al rededor de su cuello, y el pelo un poco más largo de los hombros, y rizado. Pensé que debería tomar más el sol, ya que su color de piel era bastante pálido...

Acabé de cruzar por enfrente de la gasolinera, y giré en la primera esquina, preparado para seguir el coche, con la intención de conocer mejor a esa chica que tanto me intrigaba.