La cercanía de una nueva etapa me hace vibrar de emoción al mismo tiempo que una parte de mi se asusta por el cambio. Saberme válido y tener ganas de probárselo al mundo. Morirme de ganas de aprender y con mis conocimientos deleitar a quien tenga ganas de probar. Nunca más verme solo porque ahora me tengo a mi mismo. Caminar erguido y con paso firme hacia mi mejor yo. Saber ver mis errores, mis injustos enfados y mi mal genio. Las dudas siguen ahí y probablemente nunca me abandonen, simplemente cambiarán de forma, de lugar y de tiempo verbal. Pero mientras tanto yo sigo avanzando. Me queda menos de medio año antes de saltar al mundo laboral que me ha enamorado, a sabiendas de que la dureza de mi futuro trabajo puede darme dos sopapos en la irrealidad utópica que tengo imaginada. Pero sin ese miedo en concreto, pues creo que la recompensa es mayor que el precio a pagar.
Irme de casa.
De una puta vez.
Valerme por mi mismo y comprobar que puedo.
Joder sí.
