jueves, 9 de noviembre de 2017

Hace ya un tiempo que llevo pensando en escribirte. Sé que no lo leerás jamás pero al fin y al cabo esto es más para mi que para nadie. 

Te echo de menos. Todos lo hacemos aquí por casa y la que más lo hace yo creo que es Mol. Vaya siestas os echabais juntos al sol... Por aquí sigue todo casi igual, salvo porque dejé la carrera y ahora estoy estudiando cocina. Estoy seguro de que habrías estado orgulloso de mi al mismo tiempo que te habrías burlado de las cosas que me enseñan. Terminé una parte muy importante y muy larga de mi vida. Sí, sé que le tenías mucho cariño y que la habrías echado de menos, ella a ti también. Yo también lo hago. Pero también he conocido a mucha gente en este tiempo. Me habría gustado presentarte a una persona que ha llegado recientemente a mi vida. Sé que se habría enamorado de tus historias al instante. Pero como para no. Eras un cuentacuentos nato. Nunca me olvidaré de Sideriquín, aunque siempre tenga la duda de dónde sacaste ese nombre. 

He cambiado bastante. Me ha tocado madurar todo eso que no me había tocado hasta ahora. He cambiado tanto en algunas cosas de mi forma de ser que igual hasta te costaba reconocerme. Ayer nos comimos la última tupper de cordero que dejaste preparada y no pude dejar de pensar en ti mientras me lo acababa. Es increíble que casi haya pasado un año ya. Un año desde la última vez que te vi y nunca podré agradecerle suficiente que me acompañase en esa última visita. Sé que te hizo mucha ilusión y yo siempre tendré el agradable recuerdo de haberme despedido de ti de la mejor forma.

Te echo de menos Güelo, pero no te olvido.