Hoy vuelan las libélulas a cielos abiertos con ríos, con luna, con viento y libertad. Nos recuerdan que se puede vivir de sueños, de calor, de la luz de las estrellas. Que la verdad que más duele es la que nunca se acaba. Que la certeza más absurda es el reflejo de tu cara en una mirada a dos centímetros de la locura. Que lo lógico sería pensar que los labios se nos vuelven locos al encontrarse, pero resulta que los nuestros lo hacen en la risa que nos contagiamos. Que lo impensable sería no encontrarse entre las sábanas... Bueno, eso sí es impensable.
Las maneras, los trazos, las costumbres y manías, los amaneceres, los cafés, la dulce violencia del orgasmo, las miradas doblemente desnudas, los segundos, los minutos, las horas, los días, los meses, los años. Casi 4. El calor, el frío, la lluvia de tu mirada, tu locura y mi risa.
Que me he dado cuenta de lo mucho que te tengo integrada en mi vida al fijarme en que ya nunca pienso en mi como "yo", si no como nosotros. Que no puedo separar dos conceptos tan diferentes. Dos entidades tan completamente distintas, que aunque no encajan sin rozaduras, encajan.
Citando a mi yo pasado: Tú, tú, tú, yo. Pero sobretodo tú.
