Dicen que tal día como hoy hace dieciocho largos años nació una niña con los ojos del color del cielo en un día de tormenta de verano y una sonrisa de esas que le quitan el hipo a la tristeza. La alegría inundaba el mundo un poco más aquel día y presagiaban tiempos mejores para las cosechas de los años venideros, pero ¿a quién le importaba si lo fundamental era una nueva vida? Con el tiempo y los años pasando entre risas y juegos, la niña fue creciendo acompañada siempre de un hermano como guardián y una sonrisa como espada. Capeaba tormentas y tempestades como aquel barquito de cascara de nuez y se internaba siempre con los ojos mirando al frente y los sentidos en el presente. Yo me topé con ella sin saber siquiera cómo y obviamente sin recordarlo ya, perdonen mi memoria, pues es tan nefasta como selectiva. La cosa es que el tiempo ha seguido pasando y ella ha seguido viviendo y dejando marca allá por donde pasaba. Lugares, vidas, miradas, cervezas, playas. Hasta hoy... ¿Hasta hoy?
No, para siempre.
