A veces y solo a veces, hasta yo me canso. Algo dentro de mi se hincha y crece hasta recordar que yo no soy así. Que me importa un carajo cosas que trato de imponerme como justas y necesarias. Que la gente me da igual en su mayoría. No digo que no disfrute con mucha gente y que quiera ser asocial y recluirme en un monasterio. Pero no necesito más que a un puñado de gente, cada día más incierto.
Al darte cuenta de esto piensas en lo mucho que te estás traicionando a ti mismo para muchas cosas. Te preguntas si te merece la pena, si eres tú o son ellos. Si te lo estás tomando demasiado a pecho o si realmente merece tal enfado. Demuestras cosas, te esfuerzas, te implicas, te controlas... ¿Y para qué? Para descuidarte y llevártelas cruzadas.
En fin, pensé que ya había aprendido.
