Nunca me he parado detenidamente a reflexionar sobre cómo te veo realmente. Y esto es aplicable tanto a tu aspecto físico como a tu carácter y tú forma de ser. Creo que ya va siendo hora…
Lo primero que me llamó la atención de ti fue tu voz. “Yo soy Maliba ¿y tú? Todo esto mientras yo rellenaba el depósito de una pistola de agua y te contestaba sin siquiera levantar la mirada.
Lo siguiente fue tu mirada. Tu mirada, que no tus ojos… A tus ojos ya llegaremos. Lo mirabas todo con curiosidad, tratando de no parecer impertinente, pero sin apartar la mirada hasta que o bien descubrías lo que era o bien te devolvía la mirada.
Más adelante observé tu forma de andar y tus manos. Algo que aparentemente no tiene conexión, y que efectivamente, no la tiene.
Luego, en lo delgados que son tus brazos y la poca fuerza que tienes, pero al mismo tiempo lo persistente que puedes llegar a ser cuando te propones algo como hacerle cosquillas a alguien en la espalda.
Los ojos, tus ojos… Llegamos a la culminación de la mejor obra de arte que han hecho tus padres en una noche de inspiración… Verdes, con gotas ámbar de miel. Recuerdo un momento en Novales, que es el primero del que tengo conciencia de haberme parado a mirarlos de cerca, en el que si alguien no nos hubiese llamado a cenar, probablemente aún seguiría allí, parado, mirándolos, mirándote…
Quedó patente la bendita facilidad con la que te picas cuando te vacila. Gracias a Tesla y a unas cuantas bromas pude comprobar la suavidad de tu abrazo, el olor de tu pelo y el sabor de tus labios, que desgraciadamente se evaporó por la veloz intervención de dos palabras “no puedo”.
Lo que averigüé esa noche queda entre esas sábanas y nuestra piel. Solo le diré a cualquiera que lo lea que aún estoy dudando de si es más increíble con su vestido rojo o sin él.
Hasta ahora solo he hecho la parte “fácil”, es decir, la parte física. No puedo prometer objetividad, pero realmente lo estoy intentando, palabra de niño bueno.
Adelante mis valientes.
Lo primero que salta a la vista de su personalidad es que es extrovertida a más no poder. Le dan igual cuatro que cuarenta, como si les conociese de toda la vida.
Hay días en los que, como dice Andrés, se le desactiva el simplómetro y suelta chorradas hasta por los codos. En contraposición, hay días que nos ponemos a filosofar, y aunque nunca lo reconoceré, muchas veces tengo que estrujarme el cerebro al máximo para poder seguir sus razonamientos.
Es tan generosa como miope. No puede dar dos pasos si no lleva las gafas (que odia), o las lentillas. No le gustan los perros, pero conmigo hizo una excepción.
A veces pienso que es un poco bipolar, pero eso no hace nada más que darle un toque de complicación al rompecabezas que me propone.
En algunas ocasiones me resulta muy fácil saber qué es lo que piensa, pero en otras me siento más perdido que un pulpo en un garaje.
Es fuerte e impulsiva. Sabe sobreponerse a la estupidez de la gente que como dice Isma no oye el rumor de sus alas cuando pasa a su lado, y no ven que el camino es menos oscuro si vas de su mano.
Y cuando la he mirado a los ojos he llegado a pensar que aún le queda algo bueno a este jodido mundo, y con un poco de suerte, incluso a mí mismo.
martes, 21 de septiembre de 2010
viernes, 17 de septiembre de 2010
No tenía sentido lo que me estabas diciendo. ¿Es que acaso era "normal" algo de lo que estaba pasando? Nada de lo que estaba sintiendo, ni la intensidad con la que me embargaba la presencia de tus ojos sobre los míos era ni por asomo cuerda o racional.
Que de verdad querías saber lo que te podía aportar mi presencia en tu vida. Que no estabas dispuesta a decirme adiós tan pronto...
-¿Eduardo?
-¿Sí?
-¿Me has oido?
-Sí, sí...
-Bueno... ¿Y qué piensas?
-Que te quiero.
Que de verdad querías saber lo que te podía aportar mi presencia en tu vida. Que no estabas dispuesta a decirme adiós tan pronto...
-¿Eduardo?
-¿Sí?
-¿Me has oido?
-Sí, sí...
-Bueno... ¿Y qué piensas?
-Que te quiero.
He vuelto ya de mis vacaciones en Cerdeña y no me voy a poner a dar envidia a pesar de que mientras estabais en clase muchos de vosotros, yo estaba en la piscina o en la playa o tranquilamente durmiendo en la cama...
He escrito alguna cosilla, pero en su mayoría es una especie de "Diario de viaje" bastante cutre, así que no sé, supongo que algo subiré, pero poquito a poco, que el estrés post-vacacional es muy malo.
¡Salud!
He escrito alguna cosilla, pero en su mayoría es una especie de "Diario de viaje" bastante cutre, así que no sé, supongo que algo subiré, pero poquito a poco, que el estrés post-vacacional es muy malo.
¡Salud!
domingo, 5 de septiembre de 2010
Te llevaste todas las respuestas contigo.
¿Estás ahí?
Quería darte las gracias, seas quien seas.
Supongo que mi vida no ha sido la mejor ni la más fácil, y supongo también que no soy quien para quejarme. Además, ¿de qué iba a servir? No, quejarse no vale para nada. Así que quiero darte las gracias.
¿Por qué? ¿Cómo que por qué? ¿Acaso no es obvio? Pues por haberla puesto en mí camino. Porque podría inventarme eso de que supe que iba a ser ella desde el principio, o que fue un amor a primera vista, pero esta vez quiero ceñirme a la verdad.
En un principio me sorprendió al decirme que pensaba que yo era mayor de lo que en realidad era. Luego al ver que tenía una cámara de fotos buena, lo que me ayudó a entablar una conversación con ella y aunque nunca lo reconoceré, cuando metí la cabeza debajo del agua que caía en esa cascada lo hacía para llamar su atención y ser el blanco de una foto, de un reconocimiento.
Más adelante tuvimos una interesante conversación sobre cámaras malas que hacen fotos malas, o como ella dice “¡Oye! Que mi lomográfica no hace fotos malas. Son fotos artísticas.” Y también hubo un percance con un masaje y una crema con demasiado olor. Ese mismo día la infecté por sorpresa con el “Virus Z”. Tendríais que haber visto su cara. No tenía precio.
Una noche de intentos de cosquillas en mi espalda y un cúmulo de estupidez por mi parte arrancó una noche con ella del reloj. Con lo poco que me cuesta hablar y no se me ocurrió nada mejor que un “¿Te vas a dormir? Ah, bueno, pues nada… Buenas noches.” Para matarme ¿verdad?
Se acercaba la última noche, y fuimos a dar un paseo junto con Raliegos, un gran amigo, y no solo porque mida 1,90… Llovía, y tuvimos un pequeño incidente con Tesla, que hizo que atrajese las bromas de la gente y por consiguiente, que se picara… Fui detrás de ella y durante unos angustiosos segundos supe lo que era querer que a uno se lo trague la tierra.
Salí de allí y pasé casi dos horas desaparecido de todo el mundo menos para el ya nombrado Raliegos, que me acompañó en mi exilio personal, que me ayudó y me hizo reflexionar como nadie lo había hecho hasta ahora. Cuando volví todo estaba exactamente igual que hacía varias horas, y nada había cambiado. Eso me llenó de alivio.
Al final pasamos la noche juntos, y de ahí, hasta los más maravillosos días de mi existencia que aún no han acabado.
Quería darte las gracias, seas quien seas.
Supongo que mi vida no ha sido la mejor ni la más fácil, y supongo también que no soy quien para quejarme. Además, ¿de qué iba a servir? No, quejarse no vale para nada. Así que quiero darte las gracias.
¿Por qué? ¿Cómo que por qué? ¿Acaso no es obvio? Pues por haberla puesto en mí camino. Porque podría inventarme eso de que supe que iba a ser ella desde el principio, o que fue un amor a primera vista, pero esta vez quiero ceñirme a la verdad.
En un principio me sorprendió al decirme que pensaba que yo era mayor de lo que en realidad era. Luego al ver que tenía una cámara de fotos buena, lo que me ayudó a entablar una conversación con ella y aunque nunca lo reconoceré, cuando metí la cabeza debajo del agua que caía en esa cascada lo hacía para llamar su atención y ser el blanco de una foto, de un reconocimiento.
Más adelante tuvimos una interesante conversación sobre cámaras malas que hacen fotos malas, o como ella dice “¡Oye! Que mi lomográfica no hace fotos malas. Son fotos artísticas.” Y también hubo un percance con un masaje y una crema con demasiado olor. Ese mismo día la infecté por sorpresa con el “Virus Z”. Tendríais que haber visto su cara. No tenía precio.
Una noche de intentos de cosquillas en mi espalda y un cúmulo de estupidez por mi parte arrancó una noche con ella del reloj. Con lo poco que me cuesta hablar y no se me ocurrió nada mejor que un “¿Te vas a dormir? Ah, bueno, pues nada… Buenas noches.” Para matarme ¿verdad?
Se acercaba la última noche, y fuimos a dar un paseo junto con Raliegos, un gran amigo, y no solo porque mida 1,90… Llovía, y tuvimos un pequeño incidente con Tesla, que hizo que atrajese las bromas de la gente y por consiguiente, que se picara… Fui detrás de ella y durante unos angustiosos segundos supe lo que era querer que a uno se lo trague la tierra.
Salí de allí y pasé casi dos horas desaparecido de todo el mundo menos para el ya nombrado Raliegos, que me acompañó en mi exilio personal, que me ayudó y me hizo reflexionar como nadie lo había hecho hasta ahora. Cuando volví todo estaba exactamente igual que hacía varias horas, y nada había cambiado. Eso me llenó de alivio.
Al final pasamos la noche juntos, y de ahí, hasta los más maravillosos días de mi existencia que aún no han acabado.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
