Se acerca el día, comienza la cuenta atrás; no creo poder soportar mucho más tiempo su aroma sin sucumbir a la tentación de morderla y beberme su savia caliente y salada. ¿Podré controlarme y complacer sus deseos de vida eterna? ¿O por el contrario sucumbiré y me quedaré con un cascarón vacío entre mis brazos? Todas estas dudas llenan mi cabeza de preocupaciones y malestar. Siento el cerebro embotado y atascado en esos ojos que me miran con ansia, con deseo, pero también con un gran riesgo que ambos nos morimos por correr.
-“¡Ey!, ¿quien se ha acabado las AB negativo?” -Dijo Lucci desde la cocina. Lucci era uno de mis compañeros. Él y Terence habían vuelto anoche de su última excursión a Francia, y habían venido hambrientos.
-“He sido yo, pero ya he pedido más. De momento te tendrás que conformar con lo que hay.” Dije mientras apartaba perezosamente el libro que tenía sobre mi cabeza.
-“¡Ey!, ¿quien se ha acabado las AB negativo?” -Dijo Lucci desde la cocina. Lucci era uno de mis compañeros. Él y Terence habían vuelto anoche de su última excursión a Francia, y habían venido hambrientos.
-“He sido yo, pero ya he pedido más. De momento te tendrás que conformar con lo que hay.” Dije mientras apartaba perezosamente el libro que tenía sobre mi cabeza.
-"Vale, vale, pero no se si voy a resistir mucho la tentación de la carne...- Contestó Lucci.
-"De verdad Lucci, no entiendo como eres capaz de pasar de una chica a otra con tanta facilidad, y menos comprendo aún tu pasividad frente al tema, Terence.
-"Que quieres que te diga hermanito, es simplemente una necesidad fisiológica más que tienen los humanos, tanto como lo es comer o respirar, yo simplemente disfruto de ella."- Respondió Lucci.
-"En fin, creo que voy a salir a dar un paseo chicos. He "conocido" a una chica."- Dije mientras simulaba unas comillas con mis dedos a la altura de la cabeza. Y acto seguido salí corriendo antes de que me preguntasen nada. Claro que en el momento en que regresé y junto conmigo el amanecer, Lucci me estaba esperando con un montón de preguntas de las cuales solo la mitad ruborizarían al mas osado. Pero creo que lejos de detenerme en lo absurdo y aburrido de esta historia, mis lectores preferirán saber que demonios ocurrió con mi trabajo como profesor, y
con mis alumnos los cuales se podían contar con los dedos de la mano.
Primero os hablaré de la primera clase que di, y lo difícil que me resultó con una chiquilla de unos quince años incapaz de mantener la atención debido a que sus hormonas le impedían pensar con claridad; de hecho le impedían pensar en general.
-"Por última vez Laura, es muy fácil, solo tienes que intentar concentrarte... A ver repetimos una vez más: ella solía ir al cine."- Repetí yo por enésima vez.
-"She used to go to the cinema."- Dijo ella esforzándose por primera vez en toda la clase.
-"Bien, bien, eso está mucho mejor..."- Respondí yo. -"Bueno, me parece que tenemos que dar por finalizada esta primera clase porque ya ha llegado mi siguiente alumna."
-"Pero si aun no ha venido nadie." Protestó ella, mientras sonaba el timbre.
-"Ahí tienes tu respuesta. Hasta el miércoles Laura, pasa un buen fin de semana."
-"Gracias, igualmente."
El momento se acercaba. Me senté al otro lado de la mesa y aguardé expectante a ver cruzar esa mirada por mi puerta. Al cabo de treinta segundos ella entró en la habitación y sus ojos se quedaron muy abiertos mirándome durante un palpable segundo.
-"Pasa por favor, no retrasemos más el inicio..."
